Dante Castle La sensación de necesidad que me provoca mi mujer, es inexplicable. Inmedible e inconscientemente la desarrollo cada vez con más fuerza. Son las nueve de la mañana y seguimos tirados en la cama. Ella duerme, por supuesto. Yo, por supuesto también, la miro. Adoro a esta mujer, me hace sentir cosquillas en las entrañas. No dejo de pensar en cómo la conocí, con esa piel perfecta y sus ojos bonitos que me miraban extraños, deseosos de no dejar de hacerlo nunca y eso justamente es lo que pretendo proteger...nuestra eternidad juntos. —Es abrumador verte a mi lado mientras duermes y sentir celos hasta de tus sueños —le beso el hombro que más cerca me queda. —¿Te he dicho alguna vez que amo tus ojos sobre mi? —su voz ronca de recién despierta me fascina. —Nunca. —Pues adoro

