Al llegar al hospital, el grupo de amigos y familiares se reunieron en la sala de espera, con el corazón en un puño y los rostros tensos por la preocupación. El eco de los pasos apresurados resonaba en el pasillo, marcando el compás acelerado de los latidos angustiados que parecían retumbar en el pecho de cada uno de los presentes. Abby aferraba la mano de Bastián con tal fuerza, que parecía querer transmitirle su propia fortaleza. Mientras tanto, Sarah y Alexander se esforzaban por mantener la calma entre los presentes, aunque sus ojos reflejaban la misma angustia que invadía el ambiente. Las miradas sombrías se cruzaban en silencio, los susurros apenas audibles se perdían en la atmósfera cargada de una angustia palpable. — ¿Cómo estará? —preguntó Hugo, su v

