Vincent observó la escena con incredulidad, sintiendo que el suelo bajo sus pies se tambaleaba como si algo fundamental se hubiera roto en su interior. Su mirada quedó fija en la niña que ahora se aferraba al cuello de Bastián, una niña de rizos dorados y ojos verdes que le resultaba dolorosamente familiar. No podía apartar la vista de ella, su mente intentando asimilar lo que parecía una verdad imposible. La sangre le palpitaba en los oídos, ahogando todos los sonidos, excepto los latidos acelerados de su propio corazón. Un frío estremecimiento recorrió su columna, y de repente, todo cobró sentido con una intensidad abrumadora. Los recuerdos se arremolinaron en su mente como una tormenta implacable. Recordó con nitidez la foto que había visto en el perfil de Ab

