Cuando Bastián entró a la habitación en la que se encontraba Abby, sintió un dolor en su corazón al verla en aquella cama de hospital. A pesar de que se veía tranquila durmiendo, no podía ignorar las agujas que atravesaban las venas del dorso de su mano, ni mucho menos lo pálida que lucía. Abby había quedado exhausta después del descabellado día que tuvo y de los miles de sentimientos encontrados desde el momento que se enteró que Paul había huido de la cárcel, y quedó profundamente dormida mientras le administraban el tratamiento necesario para evitar el aborto que se avecinaba. Bastián acarició su cabello soltando un suspiro, antes de mirar su abdomen cubierto por la tela blanca de la sábana de la clínica y esbozó una sonrisa genuina. — Eres muy afor

