Vincent se sumía en su labor en la oficina, el tic-tac constante del reloj marcando el ritmo frenético de sus pensamientos. Cada segundo parecía eterno, como si el tiempo se hubiera detenido en anticipación de noticias implacables. El aire estaba impregnado de una tensión palpable, como si el universo mismo contuviera la respiración en espera de lo inevitable, los latidos de su corazón resonaban en sus oídos, marcando el compás de lo inevitable. En ese preciso instante, Claire irrumpió en la oficina con su presencia cargada de una gravedad inusual, interrumpiendo su paz interior con b********d, sus pasos resonaban en el silencio tenso del lugar, cada uno marcando el camino hacia una revelación devastadora. — Disculpe la interrupción, Sr. Lefebvre, acabo de recibir

