Capítulo 7: Te arrepentirás de haber conocido, Giorgia Sorrentino.

1058 Words
Ante los ojos de Giorgia Sorrentino aquella misión sería más que fácil e inmediata, creyendo que por una vez en su vida, sería merecedora del amor de su padre, tomando las riendas e imponiendo con orgullo la sangre que corría por sus venas. Pero para su desgracia aquel trago y aquella noche solo sería el inicio de una guerra interminable entre lo que su corazón pedía y las órdenes de su padre. Las insistencias de su hermano no habrían sido en vano, él, quien más que nadie conocía el duro pago que se debía pagar ante los errores que podía cometer, solo buscaba salvar a su hermana de la ira de su padre; así mismo como nadie lo habría salvado a él. Solo un par de tragos más tarde le dieron a Giorgia la valentía suficiente de bailar sin cuidado, olvidando por completo la misión y el propósito que tenía allí, seduciendo imparablemente a Bruno por deseo y no por deber. Bruno sabía con exactitud a lo que iba cada viernes por la noche a aquel lugar, un par de tragos, música, quizás distracciones y luego de follar, regresaba a casa, siendo infeliz por completo. Pero aquella noche en particular, un gitano amigo de la familia de su padre, le advirtió lo que se aproximaba a su vida; un gran remolino. Lo cual lo iba a poner a elegir entre su familia y su corazón. Todo y nada podía podía pasar, pero era momento que la vida alocada de Bruno Caruso llegase a su fin. Algo que sin duda alguna Bruno, quien no era creyente de aquello, pasó por alto. Giorgia comenzaba a tambalear de lo ebria que se encontraba, su vestido se subía de vez en cuando, sus ojos daban vuelta y ya no lograba mantenerse de pie en un lugar firme, apagando una parte de ella y encendiendo una que aparecería por primera vez. Se balanceó sobre Bruno, tropezando un poco y cayendo bruscamente sobre su pecho. Bruno intentó evitar un descuidado accidente, tomándola con firmeza desde sus hombros y mirándola fijamente mientras por un mal error, la música de aquel lugar se detenía por completo. —Lo... lo siento, lo siento. —balbuceó Giorgia al intentar mantener la compostura. —Solo quería invitarte a bailar. Bruno no pudo evitar reír a lo bajo, arreglando su cabello tras su oreja y sonriendo de lado al negar. —¡Estás muy ebria, Giorgia Sorrentino, es momento de volver a casa! —advirtió en su oído. Ella río y negó repetidas veces, acercándose ahora a cubrir la boca de Bruno con sus manos. —¡No, no digas eso, es momento de bailar! ¡Mírame! ¡Estoy bien! —gritó al intentar ponerse de pie, fallando en el intento mientras su vestido dejaba ver más allá de lo que debía. La mirada de Bruno inmediatamente bajó hacia su entrepierna, rascando su nuca al pensar en lo que aquello podía significar, pero también, pensando inmediatamente en las consecuencias de lo que aquello significaría. —No. —susurró para él mismo en voz alta, acercándose hacia ella y bajando con cuidado su vestido. —¡Mírame, mírame, Bruno Caruso! —gritaba ella sin parar. Una parte de Bruno sentía un poco de vergüenza al verla de aquella manera, pero otra parte de él, aquella a la cual se rehusaba oír, se sentía realmente divertido de verla actuar de aquella manera. Miró su reloj en la muñeca, marcaba las cinco de la madrugada, sabía que el tiempo límite había pasado, así que rascó su nuca, se puso de pie metiendo sus manos entre sus bolsillos y volvió a dejar su mirada fija sobre Giorgia. —¡Mi momento aquí ha terminado! ¡Puedo llevarte a casa! —advirtió. Una vez más Giorgia se balanceó sobre él, ahora inclinándose de puntillas hasta llegar a su oído y gritar,—¿¡Acaso no quieres follar!? Bruno una vez más no pudo evitar reír, pasando sus manos sobre su boca, barbilla y parte de su cuello, observándola de reojo y finalmente negando. —¡No estoy listo para iniciar una guerra con tu padre! —gritó en respuesta. —¡Mucho menos por follarte! Así mismo, Giorgia, quien olvidaba por completo que Bruno Caruso era realmente su propósito en aquel lugar, se alejó hasta acercarse hacia un guardaespaldas en el lugar y comenzar a bailar sobre él. Aquel hombre, quien conocía la ira de Bruno, no hizo más que mantenerse firme, sus brazos cruzados frente a él, su mirada perdida y su mandíbula marcada. Bruno observó fijamente los movimientos de Giorgia, una parte de él se sentía responsable, sabía que no podía dejarla así, no en ese estado. Caminó hacia ella, respirando hondo con un poco de cansancio y tomándola del brazo con firmeza. —¡Es momento de irnos! —¡No iré a ningún lado! ¡Estoy bailando! ¡Estoy disfrutando! —reclamó. La paciencia de Bruno siempre habría sido lo suficientemente corta como para esperar un segundo intento, llevándolo a hacer un movimiento brusco que podrían a Giorgia en sus brazos, cargando su cuerpo ahora sobre su hombro y llevándola como un verdadero saco de verduras. —¡Suéltame! ¡Suéltame! ¿¡Qué crees que haces!? —gritó repetidas veces Giorgia mientras intentaba salir de su agarre. Parte de aquel lugar quedó completamente frío y en silencio ante aquella escena, era una escena única y una misma que no tardarían en capturar. Los flash comenzaron, aturdiendo un poco a Bruno, quien sabiendo las consecuencias, sabía que no sería la última vez que sabría de Giorgia Sorrentino. Así mismo la llevó hasta su automóvil, el chófer lo esperaba, él subió el cuerpo de Giorgio y poco después subió él, dándole órdenes de llevarlo hasta casa. Giorgia guardó silencio al notar que se encontraba en aquel automóvil, pero poco antes de decir alguna palabra, lo siguiente que hizo fue una arqueada expulsando todo el alcohol que durante horas había ingerido. —¡Maldición! ¡Maldición, no puede ser cierto! —gritó frustrado Bruno. —¡Debí dejarte allí! ¡Me hubiese ahorrado todo este problema! La vergüenza de Giorgia se adueñó de su cuerpo, levantando su mirada y observándolo con temor. —Lo siento, en serio lo siento. —repitió limpiando sus labios. —Te arrepentirás de haberme conocido, Giorgia Sorrentino.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD