Bruno alzó sus brazos al aire mientras observaba cómo Lorenzo, quién reconoció a simple vista, aparecía de la nada repentinamente y tomaba a su hermana con firmeza para sacarla del lugar.
—¿¡Qué te pasa!? ¡Déjame! —pidió Giorgia al reclamar la brusquedad de sus actos, saliendo de su agarre y quejándose del dolor en su brazo.
La mirada de Lorenzo era fría, perdida y realmente enfurecida, primera vez en toda la vida de Giorgia que llegaba a verlo de tal manera.
—No dejaré que hagas ésto. —avisó firme. —No tú, ya nuestro padre me ha dañado lo suficiente. —advirtió entre dientes.
Giorgia frunció su frente al oír aquellas palabras, acercándose a él mientras lo miraba fijamente y tomaba sus manos con suavidad.
—¿Ha dañado lo suficiente? ¿Qué te ha hecho padre? —cuestionó con temor.
Giorgia había vivido toda su vida bajo la sombra de su hermano solo por el simple hecho de ser mujer, pero aún asi, jamás, ni por un solo instante, lo habría odiado.
Lorenzo cerró sus ojos un par de segundos, mientras Giorgia movía sus manos ahora sobre su rostro, pasando con suavidad sobre sus mejillas mientras le obligaba a verle fijamente.
—¿Qué te hizo hacer? —cuestionó una vez más.
Él suspiró a lo bajo, mirando a Bruno a la lejanía sobre el hombro de Giorgia, terminando por regresar su mirada fijamente sobre ella. —No quieres hacer ésto, Giorgia. Créeme, no lo vale, no vale la pena arriesgarse de tal manera. Aún eres una niña. —insistió con firmeza tomando sus manos. —Vámonos, vayamos a casa. —pidió.
Una parte de Giorgia se sentía realmente conmovida de encontrar a su hermano de tal manera, haciéndole sentir el amor que él desbordaba por ella, pero aún así, el fanatismo por lograr lo que toda su vida había querido alcanzar la llevó a desistir.
Retrocedió dos pasos, lo miró fijamente con tristeza y negó a lo bajo, formulando sus labios un sutil «lo siento».
—¡No! ¡Déjame! ¡No quiero volver, merezco salir al menos una noche! ¡Dile a papá que lo prometió, una noche de libertad, es lo único que pedí! —gritó al alejarse.
Bruno no tardó en sentirse confundido y preocupado por ella, caminando hasta acercarse e intervenir.
La sorprendió al acercarse lo suficiente para hablar en su oído, quitando su cabello hasta hacerlo a un lado y susurrar para generar un escalofríos. —¿Todo en orden?
Ella giró para encontrarse con aquella penetrante mirada cerca de ella, lo suficiente para sentir la respiración agitada de Bruno y aquel peculiar aroma de alcohol y cigarrillos.
—Mi padre. —resopló. —Es la primera noche en la que me deja salir, ¡y ya quiere que vuelva a casa! —reclamó cómo niña tonta. —Yo no quiero volver, quiero quedarme, al menos una noche de libertad. —insistió.
Bruno miró fijamente a Lorenzo, haciendo señas a uno de sus hombres que inmediatamente se acercaría para sacarlo del lugar. Lorenzo forcejeó un par de veces, terminando por salir de los brazos del guardia y caminar por su propio pie, observando a la distancia a su pequeña hermana mientras desaprobar rotundamente aquel estúpido plan.
—Solo un par de minutos conociéndote y ya me metes en problemas, Giorgia Sorrentino. Espero ésto no me ponga en el ojo del huracán con tu padre, no querrás iniciar una estúpida guerra. —avisó al cruzar sus brazos.
Giorgia sonrió de lado y negó, llevando su cabello tras su oreja mientras se aproximaba a la mesa para servir un pequeño trago.
Una vez más, y como era de esperarse, Bruno detendría sus movimientos.
—No. No dejaré que lo hagas.
Giorgia resopló. —¿Entonces dónde está la diversión? —cuestionó. —No sabía que te habías vuelto obstinado como mi padre, Bruno Caruso, tenía otra expectativa de ti, otra un poco más... Divertida.
Bruno odiaba ser retado y Giorgia, quien con solo un par de minutos y un estudio desde casa sabía a la perfección como manipular a Bruno, logró que el mismo se sintiese ofendido, lo suficiente como para ser ahora él mismo quien sirviese dos tragos para ambos compartir.
—Brindo por ésta noche. —avisó él al acercar su trago. —Brindo por la noche en la que no esperaba conocerte, pero aún así lo he hecho.
Giorgia sonrió a lo grande, chocando su trago levemente contra el de él mientras segundos más tarde bebía un poco de su trago, asegurándose de que él bebiese mucho más que ella.
—Háblame un poco de ese desquiciado que te ha dejado plantada el día de hoy. Espero que no se trate de tu novio. —soltó sin cuidado. —Porque de ser así, no será tu novio nunca más.
Aquel vago comentario causó una risa espontánea en Giorgia. —¿Por qué no sería mi novio nunca más?
Bruno bebió otro sorbo de su bebida. —¿Necesitas más motivos? Te ha dejado aquí, sola, corriendo peligro... Te ha dejado aquí conmigo. —susurró por último.
Una vez más ella rio. —¿Qué tienes que ver tú en toda la historia, Bruno?
Él se acercó a ella, quitando el cabello de su oreja y besando con suavidad su mejilla. —Que yo sí te demostraré cómo debes ser tratada. —susurró en su oído.
Aquellas palabras generando un escalofríos repentino que recorrería el cuerpo entero de Giorgia, haciéndola olvidarse por completo de su plan, misión e historial de Bruno, mirándolo fijamente mientras su corazón latía con fuerza y el mundo entero se detenía.
—¿Lo ves? No debía dejarte conmigo, soy muy bueno en lo que hago. —confesó al sonreír, alejarse y ponerse de pie. —¿Continuamos lo que iniciamos hace un momento? —preguntó al estirar su mano para bailar.
Giorgia tragó en seco, cayendo nuevamente en la realidad, sonriendo de lado, asintiendo con temor y poniéndose de pie al aceptar su manos y acercarse lo suficiente para bailar.
Bruno pasó su brazo tras la espalda de Giorgia, acercándola aún más como sentir su palpitar.
—No te pongas nerviosa, Giorgia, no te haré daño. —repitió una vez más.
Ella lo observó fijamente, perdiéndose por un instante en aquella mirada. —No estoy nerviosa, Bruno Caruso.
—Tus latidos y tu respirar dicen otra cosa.