Cuando Regina llegó, la puerta estaba abierta. Respiró profundamente. En verdad, esperaba que Mary estuviera ocupada y pospusiera esta confrontación unos minutos más. Golpeando la puerta, Regina entró con el ceño fruncido. Era extraño que estuviera tan tranquilo. De hecho, no había visto a nadie camino a la oficina del jefe, aunque más de uno la mirara con curiosidad tras bastidores. Sin duda todos se preguntaban cuáles serían las consecuencias. Un presentimiento de inquietud se instaló en su corazón. —Cierra la puerta, Gina —suspiró Mary. —Toma asiento. Regina acató. Sentía que iba a haber una conversación después de todo el alboroto. No tenía dudas de cómo sería. Solo esperaba poder convencer a Mary de no despedirla. —Bueno, esta noche fue emocionante —dijo Mary después de un momento

