—¡Tita! —Gabriella gritó felizmente. —¡Hola preciosa! —Ulima se volvió y abrazó a la niña mientras corría hacia ella. Renata se detuvo para saludarla a ella y a sus hermanos también. La sonrisa de Gabriella iluminaba una habitación dondequiera que fuera, y todos estaban ansiosos por tomarse un momento para disfrutarla. Tony y Carlos se acercaron inmediatamente a la comida en la mesa cuando pensaron que los adultos no estaban mirando. —¡Eh! Ustedes dos sinvergüenzas —regañó Ulima. —Arruinarán su apetito. —Estos dos son pozos sin fondo —Regina sacudió la cabeza. —Chicos, modales, por favor. —Lo siento, tita —respondieron al unísono. —Oh, acérquense aquí, pillos —Ulima se rio abrazando a sus nietos. —El almuerzo estará listo en breve. —¡Mira tita! ¡Hice una tarjeta especial para tito!

