Regina estaba frenética mientras se abría paso entre el tráfico. Miró a Savannah y Gabriella, aterrorizada de que la pequeña dejara de luchar en cualquier momento y sucumbiera a su enfermedad. Al llegar a dejar al paciente, Regina apenas recordó poner el coche en parking antes de correr para agarrar a Gabriella de su hermana. Aun frenética, entró corriendo en el Hospital de Niños, mientras Savannah y los chicos se desabrochaban y la seguían. —¡Necesito un médico! —Regina gritó mientras se apresuraba hacia el mostrador de recepción. —¡Por favor! La recepcionista levantó la cabeza asustada por su llegada frenética. Los fines de semana solían ser tranquilos y con poco personal. Recuperándose, la recepcionista preguntó: —¿Nombre? —Torrez —dijo Regina. —Es mi hija. ¡Por favor, necesita atenc

