Día 16 Era curioso sentirme como si estuviese en el corredor de la muerte encerrada en esta preciosa habitación de ensueño de ricachones. Pero lo estaba, yo Karina, encerrada en el cuerpo de una maltratada y desfigurada Irene, caminaba en círculos en el espacio esperando por la llegada de mis verdugos. Se trataba de los padres de Irene, quienes me comunicaron habían llegado hace poco al país. Y que por consecuente, debía prepararme para explicarles de frente todo lo acontecido. Si me llamaron o preguntaron por mi salud, no lo hicieron o por lo menos de manera directa. Así que al verles sería el regaño del siglo. Mi actitud todo me sabe a poco tambalea como si de una chiquilla se tratase por lo que ocurrió ayer con la seño María y con Antonio. La primera no me habla, ni me cuida, no me

