Capítulo 3: Después de esa noche con el Lobo

1034 Words
Capítulo 3: Después de esa noche con el Lobo Han pasado dos noches desde que me follé al Lobo Feroz. Me gusta recordarlo así, porque vaya que me devoró entera. Recordarlo me hace sacar una sonrisa, porque realmente estuvo muy buen, recuerdo que él me abrazó y acarició como si fuera algo preciado para él, una ternura que había estado fuera de lugar, pero no menos de sobra. Realmente me gustó mucho. Demasiado. Pero era algo que tenía que sacar de mi cabeza, algo que tenía que dejar a parte de mi realidad. Yo solo me vestí y me fui, él no me detuvo ni esperé que lo hiciera. Pero... sí tenía el presentimiento de que me miraba como si esperara más, como si supiera quién era yo. Al volver a la habitación me di cuenta de que Grecia estaba de vuelta en nuestra habitación despierta, me pidió que le contara, pero solo lo hice superficialmente, no quería entrar en detalles. Él solo era eso; un hombre misterioso de un bar que sabía como seducir pero que no pasamos a más. Ella estaba decepcionada. —Eres una causa perdida —se quejó mientras yo me iba a bañar. Pero no quería que nadie más supiera lo que me había ocurrido con el Lobo, fue sólo el momento lo que se perdió en mí, yo también estaba enterrando una versión de mí misma... la más pulcra que quedaba en mí llena de inocencia y fidelidad. *** Cuando llego a mi oficina, me doy cuenta de que así es como se supone que debe ser. Fue un sueño muy bueno lo que pasó en las Vegas; una locura que no se iba a volver a repetir, eso es todo, y como todos los sueños prácticamente no tiene consecuencias. Las lecciones que enseña se pueden aprender o descartar. Una historia marcada por pasión y entusiasmo, dos cosas que nunca se pueden mantener por mucho tiempo en la vida real. Sólo un sueño. Saqué un archivo de cliente. Mi trabajo es decirles a otras personas cómo hacer el suyo en el tiempo y dinero, soy una mujer de zapatos bajos y mente concentrada. Llegué a pensar en las empresas como personas mucho antes de que la Corte Suprema interviniera en el tema. Ellas son entidades múltiples, igual que nosotros. Y, como las personas, las empresas exitosas saben qué partes de ellas mismas vale la pena desarrollar. Reviso mi expediente en anticipación cuando escucho. —¡Mérida Vera, hemos encontrado oro! Levanto la vista para ver a mi jefe, Gabriel Li, de pie en mi puerta. Mi asistente, Lisa, está detrás de él, sonriendo como disculpándose. Gabriel nunca le da a nadie la oportunidad de anunciarlo antes de irrumpir. —Tenemos una nueva cuenta —dice Gabriel mientras pasa dentro y cierra la puerta detrás de él, aparentemente sin darse cuenta de que ha esencialmente cerrado la puerta en la cara de Lisa. Cerré el archivo en mis manos. No soy la persona indicada cuando Gabriel corre cuando una cuenta se le presenta. Todavía estoy trabajando mi ascenso aquí, asi que me parece raro que venga con estas noticias hacia mí. —¿Supongo que voy a ser parte del equipo que maneja esta cuenta? —pregunto. Gabriel rueda la silla frente a mí y sonríe. —No —dice—. Estás al frente del equipo. ¿Qué? Me quedo muda, he querido dirigir un equipo desde que llegué aquí, pero hace tiempo que acepte que tengo unos cuantos años más de espera antes de que me sea otorgado el honor. Pero hoy ha llegado. —¿Es una pequeña cuenta? —pregunto tratando de dar sentido a lo que no tiene sentido. —No. Un sistema de seguridad, Royal. Me quedo boquiabierta. Ella proporciona seguridad para las corporaciones más grandes en el planeta. Tiene contratos con el gobierno y políticos que compiten por su apoyo. Me siento diminuta para conducir este equipo. Esa empresa es tan aislada como poderosa. Pero realmente lo quiero. —¿Por qué yo? —pregunto. Gabriel me miró. —Él preguntó por ti. ¿Él? ¿Él quién? No entendía quien pudo haber preguntado por mí. Gabriel observa mi expresión. —¿Quién es él? —pregunto. —El director general. Debería saber su nombre, pero no lo sé. Conozco sus contratos, su mercadotecnia, su solidez... su empresa. Pero no a sus jefes. —¿Como se llama? —Su nombre es Fernan... Fernan Donel. Él dice que se reunió contigo en Las Vegas. Palidezco aunque el nombre no se me hace familiar. Recuerdo quién es el único que pudo preguntar por mi. El Lobo. * * * Me dan sólo unos días para prepararme para la reunión con Fernan Donel. Reuní un equipo, pero, por solicitud del señor Donel, la primera reunión sería privada. Sólo nosotros dos. Cuando Gabriel me dijo eso, una vez más vi la sospecha en sus ojos de que había gato encerrado, pero me mostré impasible. Inventé una historia de cómo había conocido al señor Donel. Cómo le había dicho lo que hacía para ganarme la vida y me jacté de éxitos profesionales mientras estábamos parados en una fila de seguridad del aeropuerto dolorosamente larga. Le dije que le había dado al señor Donal mi tarjeta, pero me separé de él antes de conseguir el nombre de su empresa. No sé si me creyó, pero en realidad suena a algo que yo haría, no a la chica que fue a las Vegas, aquella era una desconocida. Gabriel ahora se detiene a hablar conmigo todos los días. Pero en este momento no estoy en la oficina. Es viernes por la mañana. Tomo un cuidado especial con mi apariencia. Echo mi pelo hacia atrás dando un giro severo. Mi chaqueta, mi falda profesional. No hay una invitación susurrando dentro de los pliegues de esta tela. Aquí no hay nada para atraer. Cuando miro mi reflejo en mi cuarto de baño me maquillo. Esta es la versión de mí que me permito mostrar al mundo. Esta no es la mujer que el Señor Donal conoció en Las Vegas, pero él tampoco era Fernan Donal, él era el Lobo. Tengo miedo.
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