No soy una persona que suela bailar, al menos no con chicos, en su mayoría bailo con mis amigas, no por nada, sino que me es mucho más cómodo, para no tener que dar explicaciones de si quiero o no algo, en ocasiones, las citas son demasiado estresantes.
Estaba claro que la moda era su fuerte, porque al bailar, tenía dos pies izquierdos.
No pude evitar reír mientras bailábamos.
—¿De que te ríes?—me pregunto pegándome a él.
Peter me agarro con gran cuidado de la cintura, como si me pudiera romper.
Le mire sin entender bien que hacía.
—Bailas bien—le dije y él me miro tranquilo.
Él apoyo su cabeza en mi hombro divertido.
—Deberías crecer un poco—me dijo, me separe un poco de él y le mire.
—¿Que?—le pregunte sorprendida.
—No puedo apoyar bien mi cabeza en tus hombros—me dijo.
No voy a mentir, media un metro cincuenta y cinco, ni uno más ni uno menos, era la más baja de mi familia, según mi madre lo era porque no bebí demasiada leche, pero yo dudaba que eso tuviera algo que ver.
Y bueno, Peter, medía un metro ochenta mínimo, por lo que me sacaba varias cabezas.
—¿Y por que no encoges tú?—le pregunte, él me miro impresionado—Puto edificio andante—le dije sin dudarlo.
Él río.
No me respondió, simplemente me agarro de la cintura y me puso encima de sus pies, haciendo que aunque no fuera casi nada, estuviera algo más alta.
—¿Qué haces?—le pregunte.
Él apoyo su cabeza en mi hombro y me meció al ritmo al ritmo de la música.
—Ayudarte a estar más alta—me dijo.
Le mire molesta.
Él me miro a los ojos, me meció tranquilo mientras no dejaba de hacer contacto visual.
Esto estaba muy mal, me sentía como una criminal que estaba matando a alguien, estaba jugando con él y le estaba utilizando, me estaba aprovechando de él, y si fuera una mala persona quizás no me importaría pero es que era una buena persona.
Me separé de él.
—¿Qué pasa?—me preguntó.
No pude decir nada y salí de ahí.
Salí de la discoteca, y me aleje de esta para respirar.
Me sentía la peor persona del mundo, como si hubiera matado a alguien como si hubiera cometido el peor de los crímenes, y es que eso estaba haciendo, me estaba haciendo pasar por otra persona, una que no existía, le estaba mintiendo en todos los sentidos.
—Danna—me llamo Peter.
Me gire y le mire.
Se veía preocupado.
—¿Qué te pasa?—me pregunto en tono de preocupación.
Le mire.
No llevaba ni una semana en esto y ya quería dejarlo, no me gustaba tener que mentir a una persona que era un encanto conmigo.
—Esto no esta bien—me queje.
—No hemos hecho nada malo—me dijo y le mire.
Pobre inocente, él no sabía lo que estaba haciendo con él y su habilidad solo me provocaba más culpabilidad.
—Solo hemos bailado—añadió y le mire.
Me encantaría contarle toda la verdad, porque era una buena persona pero antes que él estaba mi amistad con Tom, y haría lo que fuera por él, por lo que me pienso tragar mi mal estar y hacer lo que haga falta por mi amigo.
—Eres mi profesor—me queje.
Él me miro.
Se quedo unos segundos callados y luego como si lo hubiera entendido, me miro de forma diferente.
—Se cuales son los limites—me dijo y le mire sorprendida.
—¿Que?—pregunte sin entender nada.
Él río.
—En cierta forma soy tu profesor, pero mi relación contigo no afectara a nada, ya que no voy a poner nota o evaluarte de alguna forma, solo te enseño—aclaro.
Le mire sorprendida con los ojos abiertos como platos.
¿Estaba insinuando que quería algo conmigo? ¿O me lo estaba imaginando?
—Además, los dos somos mayores de edad—añadió.
Le mire sorprendida, y no pude evitar tragar saliva del susto.
—Y lo suficientemente capaces de decir no—siguió hablando.
Le miré.
—¿Verdad?—me pregunto.
Le miré a los ojos.
Tenía una mirada tranquila e intensa, no era una de esas miradas que diesen miedo, no me imposta ninguna mala sensación, era todo lo contrario, si me infundía unas ganas enormes de besarle y desnudarme ahí mismo, pero no de forma mala.
—Verdad—dije.
Él sonrió y me miro tranquilo.
—Entonces si no quieres que haga algo, es tan sencillo como decírmelo—me dijo.
Asentí y le miré.
—¿Que quieres hacer?—le pregunté sin pensarlo mucho.
—Besarte—me dijo como si nada.
Su tono ya no era el de las clases, el del niño bueno que era perfecto para llevar a casa a cenar, tenía un todo de chico malo que jamás presentarías a tus padres.
Le miré impresionada, pero no le negué por lo que él se acercó a mi, me agarró de la cintura y pegó mi cuerpo al suyo y acercó sus labios a los míos, sin tocarlos.
Le miré.
—Voy a esperar que me des permiso—me aviso y le miré sin entender nada—No voy hacer nada que tu no quieras—añadió.
Le iba decir que me besara y que si quisiera tomar mi cuerpo contra el coche que lo hiciera.
Pero un enorme ruido nos interrumpió.
Me separé de él asustada para buscar de donde salía el ruido pero no lo veía, y tras otro ruido la gente salió corriendo de la discoteca en ordas de gente.
—Tom—grité al ver a la gente.
Peter me miro sorprendido y sin entender nada.
—¿Quien es Tom?—me pregunto.
Le miré.
—Es mi mejor amigo y el dueño del bar—le dije.
Él asintió.
Miré a la gente preocupada porque le pudiera estar pasando, no entendía que podía haber provocado que todos huyeran así, nada menos el fuego provocaría eso y no olía a gas ni humo.
Miré a la gente y pude ver la cabeza de Amanda.
—Amanda—grite y sin dudarlo salí corriendo a donde ella.
Amanda se giró sorprendida y me miro sin entender nada, pero me dejo abrazarla y luego abrace a Bianca que estaba a su lado.
—¿Que ha pasado?—pregunte.
Ellas me miraron.
—No sabemos, ha habido dos explosiones o ruidos, ya ni se que eran y hemos salido corriendo—me contó Bianca.
Asentí.
Miré detrás mía pero Peter ya se había ido y a Tom no le estaba viendo, era normal entre tanta gente pero eso no me quitaba la preocupación.
—Debemos irnos—dije sin dudarlo.
—No—dijo Amanda y las dos le miramos.
La miré sería y ella me miro asustada.
—Estábamos con unos chicos—aclaró y asentí riendo.
Si quería esperar para despedirse de su chico yo no le iba a poner problemas.
La gente estaba mirando a todos lados, buscando una explicación a lo que estaba pasando, nadie lo entendía y no era para menos, fue de un momento a otro cuando paso eso.
A lo lejos, pude oír como las sirenas de la policía.
Bianca me miro, ella también las escucho.
—Vámonos ya—dije sin dudarlo.
Amanda me miro sorprendida.
—Que no podemos—me grito.
La miré, mi amiga no estaba calmada, suponía que los nervios y el querer no hacer daño al chico le estaban afectando pero eso no hacía que tuviera derecho a gritarme de esa forma.
—Amanda—la llame y ella me miro—La policía está en camino y paso de ir a la cárcel—le dije.
Ella me miro y luego miro a la discoteca.
—Te ayudaremos a buscarle, pero vámonos—dijo Bianca, apoyándome.
Amanda asintió, y aunque nos costó un poco, la pudimos arrastrar por unas calles poco transitadas para ir a la principal donde estaba todo el mundo y ahí coger un taxi.
—¿Os importa que duerma en vuestra casa?—pregunto Bianca.
Las dos la miramos.
—No tienes que preguntarlo, mi cama es tuya—le dije y ella me abrazó.
La gente intentaba huir pero eran demasiado tontos, al ir por donde la policía esperaba, muchos fueron detenidos pero nosotras nos libramos y pudimos llegar a casa.