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867 Words
7. El sonido de las personas hablando retumban en sus oídos, el ruido de los platos chocando contra la madera de las mesas y las carcajadas. Se concentró en eso y no en el chico que estaba frente a ella diciéndole, tal vez, algo importante. Ve que le deposita un papel en su mano — Quiero verte ahí, ¿si? — le dice sonriendo. Muchas miradas estaban posadas en ella que todavía no reaccionaba a lo que estaba sucediendo en aquella ocasión. Hace un gesto con su mano y se va del local. Ashley todavía no entendía todo del todo, una compañera le toca el hombro — Calladita, eh. Ahora todo el país sabe que te estás tirando al famoso Scott Thomson — exclamó divertida. — No me lo estoy tirando, cállate. — le dice riéndose. Abre su mano y ve un papel, una entrada a un concierto envuelto con ese papel escrito. Lee aquella servilleta, sonríe y ve la entrada. Por detrás de su espalda la siente a su compañera — ¿El mismo Scott te invito? —salta de la alegre — Las entradas estaban agotadas y los precios eran algo altos, qué suerte tienes — le dice. Desde que había aparecido en su vida, las cosas se iban complicando más. Ahora algunos fotógrafos la perseguían hasta su trabajo y los otros la esperaban en la puerta de su departamento. Para nada le relajaba la noticia de saber que un cantante famoso estaba cerca suyo. Estaba tan pérdida. Las muchas personas iba por un pasillo, no se queda atrás y siguió a la multitud. Además de un papel, tenía una entrada a su concierto cuando nunca le pidió ir. Llega, espera en la fila hasta que sea su turno. Escuchaba como algunas fanáticas tarareaban algún tema porque eso parecía el sonido y ella los quedaba mirando. — Entrada — le exige. Nerviosa, rebusca en sus bolsillos pero no encuentra nada y le empezó agarrar la desesperación interna para buscarlo bien. Todos atrás de ella esperando para pasar — Un minuto — pide levantando su dedo. La queda mirando mientras ella revuelve los bolsillos de su pantalón — ¿Tienes entrada? —le pregunta. — Sí, es sólo que no recuerdo donde la metí — dice sacándose los mechones de pelos que se interponían en sus ojos. Con la mano la hace para un costado de la fila — Quédate ahí, hay muchas que también quiere pasar a ver a su ídolo — le dice siguiendo con su trabajo. Sigue buscando en su bolsillo mientras veía como todas pasaban sin ningún problema. Le importaba que esa entrada quizás haya costado una fortuna para algunas y ella irresponsable la terminó perdiendo. — ¡Mierda! — se dice a sí misma. La fila se iba acabando y las puertas se iban cerrando de a poco. Eso daba a entender que el concierto estaba por empezar y ella seguía sin encontrar su entrada. Recuerda que... —Arriba de la mesa, maldita sea —dice golpeando con su pie el duro piso. Se había olvidado la entrada en la mesa de su departamento. Las puertas se estaban comenzando a cerrar, y en la fila quedaban solo cuatro chicas. — Hable con Scott, me conoce y me dejará pasar — le dice mirándolos. Deja pasar a otra chica de la fila y se ríe — De todos mis años acá parado, millones de cosas así me han dicho y nunca son ciertas — dice y vuelve a seguir haciendo su trabajo. Le toca el brazo para que le preste atención — Prometo que no miento, por favor —le súplica. Larga un suspiro de sus labios, aprieta el botón de su intercomunicador personal y pide hablar con Scott. — Escúchame, tengo un problema con una fan tuya — dice mirándola. — Ashley — le dice en susurro. — No quiero saber más nada de esas fans, sólo sácala. No pago entrada, ¿verdad? —le pregunta enojado. La arrogancia de la súper estrella le pintaron la realidad en los ojos de ella. Se queda cruzada de brazos y el seguridad la queda mirando. — Lo siento, Ashley — le dice apenado. — No te preocupes, las estrellas son así, ¿no? —dice sonriendo —Adiós, y gracias — se da la vuelta y se va. — ¿Ashley? — se escucha preguntar desde el intercomunicador. El seguridad la ve marchándose y le vuelve a prestar atención a Scott — Sí, lo loco de todo es que dijo que te conocía y prometió que no me mentía. Le creí — dice titubeante. — ¡Maldita sea! — grita por el otro lado —¿Se fue? — pregunta. — Sí, así son las reglas de las personas que no compran entradas — asegura. — Era mi invitada especial, mierda — grita enojado. Había perdido la oportunidad de poder conversar con ella. Se había comportado como un terrible idiota. Ser así de arrogante no le funcionaba con ella. Parecía no tener ningún tipo de interés en ser conocida en el mundo y eso era lo que la hacia más especial. Y una vez más el gran Scott Thomson la terminaba arruinando. 
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