6.

897 Words
6. Otro día más aquel verano tan diferente en su vida. Se sentía un nuevo Scott y no era el mismo que el primer día. No sabía como estaba ocurriendo todo tan rápido. Lo único que tenía era la necesidad de verla. Quería sólo mirarla un instante para que ella le dé el valor de afrontar nuevamente el escenario lleno de fanáticos que gritarían. Ashley se estaba convirtiendo en su mundo real donde sólo encontraba tranquilidad, y nada de presiones. Era ella y él, lo demás sobraba en aquel mundo. Era su rescate de la soledad y su luz al final del camino. Otra vez sin poder controlarlo se encontraba caminando hacía el local donde ella debía estar trabajando, y él cubierto para que nadie pueda identificarlo. El sonido de la puerta delata su llegada, se queda mirando a su alrededor. Justamente hoy el sitio se encontraba lleno de personas, todas las mesas ocupadas y repleto cada espacio del pequeño salón. Sin quitarse los lentes de sol camina esquivando personas sentadas, se aproxima hasta la pequeña barra. Apoya sus codos, y mira para atrás buscándola. No la encuentra y eso le parecía raro. — ¿Qué vas a querer tomar? —le pregunta otra muchacha. Vuelve su mirada hacia adelante y se pone nervioso — Un café solo —dice golpeando suave la madera de la barra. Se marcha dejándolo solo. Después de un rato largo se resigno a que ella estuviera en el local, se acomodo como pudo en la barra y disfruto de su café. Otro sonido de la puerta abriéndose hace que su cabeza gire para ver quién era. Es ahí donde la ve, ella toda sudada y pálida. Algo le ocurría pero no sabía que era, agitada se la escuchaba cuando hablaba con su amiga. Scott se saca los lentes para mirarla mejor, sorprendido de todo que olvido que estaba en lugar público. La gente comenzó a susurrar cosas, sacar su celular y sonreír ante él. Se golpea despacio la frente —Maldita sea — se susurra. Un grupo de gente se pusieron a su alrededor sonriéndole, esperando que él haga algún gesto amigable y algunas fotos. — ¿Scott Thomson? —le pregunta una muchacha. Levanta sus hombros y sonríe nervioso — Ajam — sólo alcanza a pronunciar. Su espacio personal, ya no era tan personal. Miles de personas se le tiraron encima para recibir algo de su parte, una chica le ofreció su marcador n***o para firmar y él no se negó. Muchos elogios de las personas, muchos abrazos lleno de cariño, y miles de sonrisas ante tanta incomodidad. —Ya cumplí, ahora ustedes cumplan conmigo y déjenme terminar mi café —levanta su taza riéndose. Alguien le toca por detrás el hombro, sonrió pensando que seria ella pero se equivocó. Muestra otra taza, una servilleta por debajo y unos paquetitos de azúcar — Invita la casa, señor Thomson — se lo colocan frente a su rostro. Tampoco quería que todos estén ocupados de él, solo quería ser uno más del montón y que no estén tan pendientes de lo que hacía en ese momento para relajarse. — No hace falta, gracias — dice buscándola. Había algo en ella que no podía explicar. La intento conquistar con la fama pero no pudo lograrlo porque no le importaba en lo más mínimo. La siguió con la mirada, la veía moverse rápido de un lugar a otro sin frenarse a saludarlo. Él todavía esperaba que ella se le acerque a saludar, aunque sea poder tenerla cerca unos minutos pero no, ella lo esquivaba hasta en las miradas. "Las miradas no se buscan. Se encuentran para provocar esa conexión que tanto evitamos", alcanza a escribir en una servilleta después sólo le resto mirarla. Esa mujer provocaba que su mente imagine miles de frases, sabiendo, que todas irían dedicadas a su belleza. Se toca el cabello de arriba, desparramándose todo y se queda con la mirada puesta en ese pedazo de papel. Las personas se iba, venían, los minutos pasaban y los segundos se volaban pero él seguía pendiente de su papel. — Es un placer tenerlo acá nuevamente —le dice una voz que él mismo reconocía. Pone su mano arriba del papel y levanta la vista — ¿Qué? —pregunta confundido. Se limpia las manos con un trapo y lo queda mirando — ¿Va a necesitar algo? —le pregunta sacando su libreta para anotar. Mira a su lado las dos tazas de café completamente vacías y vuelve su mirada a ella — Necesito hablar —dice serio. Cierra la libreta y se agacha hasta mirarlo a los ojos — No, hay prensa afuera. No me involucres en tu mundo — dice volviendo a su postura normal. — Sólo hablemos, ¿puede ser? - le pregunta insistiendo. Mira a su alrededor — Está bien, ¿qué quieres conversar? —pregunta guardando su libreta. La queda mirando, los brazos y su rostro —¿Porqué llegaste tarde a trabajar? —pregunta. Larga una carcajada — No te lo diré, es mi vida privada. ¿Algo más, señor? — resalta su pregunta. Scott no era de esas personas que se dejaban decir muchas cosas, él siempre deja en claro cuando quiere algo. Se levanta de su asiento y la enfrenta — Te quiero a tí —le dice muy cerca de sus labios. 
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