—Sr. Ferragni, ¿Qué se le ofrece?, estoy saliendo ahora mismo hacia allá. —le digo colgando mi bolso por mi hombro.
—Sita. Johnson necesito que haga algunas cosas antes de que venga hacia la empresa. —su voz se había vuelto más fría de lo normal. ¿O solo yo lo sentia así?
Asentí sin que él me vea, mi silencio él lo interpreta como aceptación, así que comienza a hablar. Cuando termina corta sin ninguna palabra de mi parte. Carlos me mira negando con la cabeza.
—Por tu rostro y por esa llamada, tengo un mal presentimiento para hoy. —dice y luego hace un pequeño ruido con la lengua.
Tsk Tsk Tsk Tsk
(...)
Entro al lugar con paso apresurado, apenas me freno y casi hecho todo el café sobre el luciente suelo de las oficinas, su secretaria me mira con grandes ojos azules, le pregunto dónde está y ella me indica. Vuelvo a correr para llegar pronto, sé que estoy llegando demasiado tarde. Choco con la puerta de vidrio al llegar, un grupo de cinco perdonas sale mirándome. Sé que mi maratón me habrá hecho un desastre, dios mío, que vergüenza. Cuando logro entrar, Ferragni y otro hombre están dentro hablando, se giran al mismo tiempo para verme.
Siento mi rostro arder.
—Hola... —logro decir, la mirada de Ferragni me recorre de arriba hacia abajo, mis piernas tiemblan. Pero luego su mirada y junto a un gesto de desagrado y enojo hacen que respiré con dificultad.
—Llega tarde, Sita. Johnson. —dice el hombre calvo y con bigote el cual pequeñas canas indican que supera los cincuenta años. —Usted sabía que esta junta la necesitaba para saber sus opiniones sobre el proyecto. No puede tomarse ese atrevimiento de llegar a cualquier hora siendo su primer día de trabajo activo.
Bajo la mirada, tengo el traje bordó de Ferragni cubierto por una bolsa transparente, la cual la estrujó más hacia mí.
—Lo siento, pero no me han informado sobre esto. —comienzo con la verdad. —Solo me han informado que debía venir aquí y sobre mi retraso, debo decir que el buscar el café y retirar el traje de la tintorería del Sr. Ferragni me ha tomado algo de tiempo.
El hombre mira hacia Isaac, luego vuelve su mirada hacia mí.
—Pero eso es trabajo de la secretaria de Isaac. No de ti, tú estás aquí para ayudarnos con el proyecto. —Mira a Ferragni, él solo se encoge de hombros.
—Rosie estaba muy ocupada y necesitaba a alguien, además la reunión ha sido en vano, no tenemos nada con que comenzar. —se defiende él, siento un fuego crecer en mi interior.
—Sita, Johnson, disculpe a mi colega, a veces solo llega a ser un maldito. —su lenguaje me toma por sorpresa y para Ferragni solo hace que él entorne los ojos. —Bien, como he perdido media mañana aquí sin...
—Señor, ¿Puedo decir algo? —pregunto con timidez, el hombre calvo clava sus cansados ojos marrones en mí. Asiente con una media sonrisa. Coloco el traje sobre el respaldo de una de las sillas y estoy a punto de colocar el café en la mesa, pero me retracto, dejo mi bolso y me acerco a los dos hombres. Le doy el café a Isaac, quien me mira con recelo, pero lo toma. —Debe estar algo frío, lo siento, pero había tráfico.
Él asiente aturdido y desconcertado. Cuando se aleja de mí para sentarse, rompo mi media sonrisa. El
hombre calvo decide quedar de pie y mirarme desde una esquina.