El enojo no se le pasó a Morgan, de hecho, al día siguiente estaba practicando combate cuerpo a cuerpo con el grupo de Anya, con tanta mala suerte que le tocó luchar con la bonita rubia con la que le pareció que Thomas había estado coqueteando el día anterior. Morgan tenía ganas de desfigurar su bonita cara, aunque la muchacha siempre había sido de lo más amable con él, aun así, todavía tenía en la retina la imagen de Thomas acercándose y susurrándole de solo pensarlo le ponía la piel de gallina. La noche anterior no había querido ir a comer para no cruzarse al imbécil… ¿y en qué punto se había convertido en un imbécil, ese macho tan estoico, en definitiva? Maldito fuera el momento en que puso los ojos en él pensaba el muchachito. Nunca supo por qué Anya los puso a pelear con esa chica

