Quedé en silencio observando aquella bolsa negra ante mi, mirando sus zapatos a lo bajo y lanzando mi cabeza hasta atrás.
Nada podía salir bien a la primera. Debía vomitar sobre Alec, usar su camiseta y tener que lavar su costoso atuendo.
Así que sin más, comencé a terminar de ordenar lo que sería mi primer oficial oficina. Riendo, moviendo cajas, quitando un poco el polvo y esperando que aquellas aplicaciones terminaran de bajarse en el sistema. Observando desde el ventanal un par de ocasiones y abriendo mi portafolios para observar una vez más los grandes diseños que me habían dado lugar en aquella gran empresa.
Los tomé pegando algunos sobre una pequeña pizarra de corcho. Dejando decorado lo que sería mi sitio privado. Me hice cargo de desaparecer viejos papeles, lanzarlos a la papelera y finalmente observar como el día pasaba a noche.
Cansada tomé mis pertenencias, sin dejar de lado la ropa sucia de Alec, sus zapatos y mi cartera dónde también llevaba ropa aún más sucia.
Reproché al salir de allí, respirando hondo al caminar el largo pasillo y evitando por mucho la mirada de todas.
Al tomar el ascensor otra chica iba a mi lado. Era de piernas largas, cabello claro, nariz perfilada.—Felicidades.—Dijo sin más.—Llegas el primer día, tienes una presentación fatal y te dan la mejor oficina del lugar.—Soltó. Ya sabía a dónde iba aquella conversación. Lucas no se había equivocado.
—No pedí ese lugar. Solo me lo asignaron.—Insistí.—Pero gracias.—Intenté ser dulce.
Ella rió regresando su mirada a mi con desprecio.—Sin dejar de lado que llevas la camiseta de Alec. ¿Te acuestas con él? ¿Así conseguiste el puesto?—Preguntó una vez más.
Yo negué.—No conozco a Alec. Me gané mi lugar como el resto aquí. No me he acostado con nadie, tampoco pienso hacerlo. Mi relación con Alec es estrictamente laboral.—Dije algo ya subida de tono.
Ella rió una vez más.—Sí, lavando su ropa y llevando sus zapatos.—Soltó con sarcasmo.—Suerte nueva, ojalá no te vuelvas el juguete favorito del hijo del jefe.—Dijo apenas se detuvo el ascensor.—Y cuidado,—Advirtió al salir.—Puede que tengas un par de enemigos ocultos.
Y sin más, se marchó.
La miré en blanco mientras desaparecía a lo largo de aquella gran entrada. Respiré hondo intentando entender, todo iba mal aquel día.
Tomé con fuerza mis pertenencias y las de Alec, terminando por salir de allí y caminar hasta el automóvil. Abrí la puerta trasera, subí todo en el asiento, cerré y me fui hasta mi puerta.
Abrí, subí y cerré rápidamente bajando los seguros.
Una vez más dejé caer mi cabeza sobre el volante. Respirando hondo ante todo lo que había pasado aquel día y todo lo que estaba por venirse.
Solo por una tonta oficina y quizás la poca compasión de Alec, me había ganado el odio inmediato de todo el departamento de trabajo.
—¡Hey!—Dijeron dando un golpe sobre el cristal. Una vez más me sobresalté, mirando fijamente ante aquel ruido y encontrándome con la sonrisa de Alec.—¡No se puede dormir en el trabajo! ¡Es tarde, ve a casa!—Gritó desde fuera.
Bajé el cristal, respiré hondo y reí.—No estaba dormida.
—Eso parecía, Cindycindy.—Dijo burlón.—Por poco lo olvido... Necesito mi camiseta de vuelta.—Insistió una vez más.—Ahora.
—¿Ahora?—Pregunté mirándole y tomando la camisa sobre mi cuerpo.—La llevo puesta.
—Sí, vamos. Quitatela y dámela.—Dijo estirando su brazo dentro de mi automóvil.
Le miré confundida, respiré hondo y comencé a levantarla sin cuidado.—¡Era una broma! ¡Por Dios mujer!—Rió a carcajadas.—No debes desnudarte ante mi.
Lo miré algo molesta y subiendo el cristal sin cuidado, haciéndolo sacar su brazo rápidamente y mirándome aún muerto de la risa.
Así mismo encendí el automóvil, saqué mi dedo medio en forma de burla y salí de allí.
Había sido suficiente de Alec por aquel primer día.
Conduje sin pensar, cansada y esperando llegar a casa para tomar una gran ducha, quitando la camisa de Alec y su olor de mi. Así como también, lavar mi cabello profundamente y quitarme todo rastro del desayuno que había vomitado.
Necesitaba también comer un poco. Lo había olvidado, lo único que había llevado en el estómago había terminado en los zapatos de Alec. Zapatos que iban en la parte trasera del automóvil y olían fatal.
El camino de diferencia entre la oficina y mi hogar por suerte no era demasiado lejos. Lo que me daba la facilidad de ir y venir sin perder mucho tiempo.
Estacioné mi automóvil, bajé todo de allí y finalmente entré a mi hogar.
Dulce, dulce hogar.
Lancé rápidamente todo al suelo, cerrando la puerta tras de mí y corriendo hasta lanzar mi cuerpo sobre el sofá.
Sentí mi cuerpo relajarse, mi espalda dejar de doler y miré el techo fijamente durante un par de minutos.
Caminé una vez más llegando hasta la fotografía de mi madre, respirando hondo y dejando un beso a su lado.—Lo logré, madre.—Susurré.—Tengo el puesto.—Avisé antes de ponerme en marcha hasta el baño.
Allí preparé la tina, agua tibia hasta la mitad, una vela para ponerme en relajación y mi ropa cayendo al suelo.
Metí poco a poco mi cuerpo, sintiendo como el agua lo cubría por completo, me llenaba de tranquilidad y podía respirar hondo.
Mojé mi cabello llenando de shampoo, haciendo masajes sobre mi cuerpo cabelludo y dejando poco a poco mi cuerpo relajarse quiero bajo el agua.
Recosté mi cabeza a un costado y cerré los ojos, reviviendo en mi mente todo lo que aquel largo día había significado.
Sin poder sacar de mi mente a Alec, y tratando de hacerme a la idea del cáncer que llevaba dentro. Algo que a simple vista probablemente nunca hubiese imaginado.
No en él, no con su comportamiento, no con su físico y su edad, pero el cáncer no veía nada de eso, siquiera veía si tenía o no dinero. Solo llegaba y se sembraba en ti, creciendo día y noche en silencio.
Así mismo me había arrebatado a la única persona que había tenido en mi vida, así me había arrebatado a mi madre.