Capítulo 6: Envidia.

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—-El padre de Alec es algo estricto en cuánto a él, ¿cierto?—Pregunté sin cuidado.—Estuvo aquí, pudo advertir sobre cualquier cosa pero... solo habló de él.—Dije firme. —Sí...—Susurró caminando dentro de la oficina.—Creo que lo conoce lo suficiente para saber el desastre que deja por dónde camina.—Avisó.—Hazle caso, no solo porque sea el jefe, si no porque solo él conoce lo que pasa realmente por la cabeza descabellada de Alec.—Rió.—Y bien, ¿por qué llevas su camiseta? ¿Por qué la hueles de esa manera?—Preguntó burlón caminando hasta el ventanal. —Él la ofreció. La mía comenzaba a oler un poco mal ante el vómito, tenerla aquí en éste lugar pequeño me haría enloquecer.—Susurré.—Pero ahora que lo pienso, solo deja a la idea que he tenido algún interés con Alec. Él giró sonriente, dejando su cuerpo pegado sobre el cristal y mirándome fijamente.—Pues si, aún dudo si me dices la verdad o no. Alec está siendo muy bueno con la nueva, eso no pasa siempre. Nunca se involucra del todo, y cuando su padre le da una orden, la deja para alguien más mientras él revisa la pantalla del celular desde su oficina. Yo reí.—Quizás solo busca cambiar. El cáncer te hace cuestionar muchas cosas.—Susurré. Él negó caminando hasta mi.—Alec será el mismo Alec con cáncer o sin cáncer, Cindy. Aún no lo conoces del todo, no conoces sus extremos.—Avisó una vez más.—Es extraño que te hayan dado la mejor oficina, te aseguro de una vez que probablemente todas allí fuera te estén envidiando.—Acabó diciendo entre risas una vez más. —¿Envidiando?—Pregunté confundida mirándole de regreso.—¿Pero yo que hice?—Me cuestioné. —Muchas están allí fuera, compartiendo todo con absolutamente todos. Ésta es la oficina que tiene quizás un poco más de privacidad. Todas esperaban subir de rango para poder pedirla, estuvo sola mucho tiempo. Pensaban que para poder obtenerla debían tener cierto tiempo en la empresa, pero llegas tú, sonriendo, llenando de vómito al jefe y un poco perdida, y ¡Boom!—Rió levantando sus brazos al aire.—Lo tienes. —Pero no lo pedí. No tenía problemas si me daban una oficina allí fuera, inclusive una junto a la tuya para poder hablar un poco, tener un amigo...—Balbuceé en susurros.—Yo solo no quiero hacer enemigos el primer día de trabajo. —Tranquila.—Dijo dando otro recorrido por la habitación.—Ahora que lo veo, no es tan buena oficina como creía. No entra tanto aire como allí fuera. Sin dejar de lado que,—Caminó hasta el cristal que me dividía con Alec y tocando con cuidado.—Tendrás la mirada del hijo del jefe siempre encima. Menos privacidad, más presión.—Insistió una vez más.—Aunque después de todo, ahora que lo pienso, probablemente esa sea una de las razones por la cual las chicas allí fuera quieran este sitio. Solo así llamarían la atención de Alec sin mucho esfuerzo. —¿Y que tanto tiene él?—Pregunté confundida una vez más.—Sí, es un chico bastante misterioso y lindo.—Sonreí.—Pero solo eso. Él rió.—Lindo y misterioso, increíble descripción, Cindy. Pero dejas de lado que naturalmente es millonario, hijo del jefe, influencias a nivel mundial y deseado por todas. Y ya lo sabes,—Rió.—Cuando todos quieren algo, hacen que el resto termine por desearlo también. —Espero no estén hablando una vez más de mi.—Dijo Alec apareciendo en la puerta principal y dejando su cuerpo recostado sobre el marco de la puerta.—Sería pésimo observar como despiden a Lucas por meterse dónde no debe. ¿Cierto?—Preguntó observándole. Lucas respiró hondo, negó y se reincorporó.—No Alec. No queremos eso. Solo le contaba una vieja historia a Cindy, espero no sea problema. Ya debo marcharme, tengo trabajo por hacer.—Insistió. Así mismo en silencio, Lucas caminó saliendo de allí, mientras Alec lo siguió con su mirada hasta que finalmente desapareció en el largo pasillo. —Pésima señal, conversas demasiado.—Fue lo primero que dijo al cruzar sus brazos y mirarme fijamente.—Espero eso no sea inconveniente. Sería un pésimo inicio. —No, no.—Negué rápidamente metiendo mi cabeza de lleno ante el ordenador.—Lo siento, solo ha sido un malentendido. Ya me pongo a trabajar.—Dije firme con nerviosismo. Él no hizo más que reír y caminar una vez hasta el gran ventanal. Ahora observando sin cuidado, respirando hondo y regresando su mirada hacia mi. Sentía su mirada sobre mis hombros, pesada, firme, temeraria. —Solo bromeaba.—Soltó sin más. Pero conociendo el extraño comportamiento y bipolaridad de Alec en ese corto tiempo, no hice más que respirar hondo y negar.—No, tienes razón. Estoy aquí para trabajar, no para hablar, mucho menos hacer amistades.—Susurré en un hilo de voz.—Solo he estado intentando adaptarme. Él no hizo más que caminar, poner sus manos sobre mis hombros y apretar levemente.—Tranquila Cindy. No soy tan diablo como lo pinta Lucas. Solo me gusta el orden y las reglas. Sin reglas, todo aquí sería un caos.—Reprochó. —Todos deben seguir las reglas menos tú. ¿Cierto?—Pregunté una vez más. Él rió, soltó mis hombros y caminó hasta la puerta una vez más.—¿Me hiciste un perfil psicológico?—Preguntó cuestionandose.—Por poco lo olvido.—Dijo saliendo rápidamente de mi oficina y caminando hasta la suya, regresando segundos más tarde llevando sus zapatos y una bolsa negra. Le miré confundido.—¿Qué es eso?—Pregunté mirándole. Él rió caminando hasta mi, dejando sus zapatos a un lado y colocando la bolsa sobre el escritorio.—Ésto Cindy, es el desastre que ocasionaste. Arreglarás mi ropa y limpiarás mis zapatos. Sin vómito esta vez.—Dijo burlón.—Consideralo una tregua ante lo que ocasionaste y ante lo que hablas con Lucas sin cuidado. —...Pero...—Dije intentando tomar la bolsa y bajarla de allí. —Tienes una semana, Cindy. Impecable. Son mis zapatos favoritos, sería una lástima perderlos. Y una lástima mucho más grande que debas comprar unos nuevos. ¿Cierto? Mejor para todos es que estén limpios una vez más.—Avisó saliendo de allí.—¡Suerte!—Y se perdió en el largo pasillo.
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