Aquellas palabras hicieron mi cuerpo erizar sin previo aviso, no hice más que sonreír y fingir que nada había sucedido. Alejándome un poco y sentándome en lo que sería, mi nueva oficina.
—Entonces te veré desde aquí.—Dije sin más.
Él rió, rascó su nuca y asintió.—Sí, observa.—Dijo saliendo de la oficina rápidamente, caminando hasta la suya y tocando el cristal repetidas veces.
Formulando con sus labios. «Aquí estoy». Cosa que me haría reír por obvias razones.
Así mismo, cuestión de segundos, regresó a su lugar anterior, quedando ante mi.
—Entonces, ¿cáncer?—Pregunté sin más.
Él me miró en silencio, fijamente, apretando su mandíbula y respirando hondo. Era algo delicado para él, quizás me había faltado un poco de tacto en aquella pregunta.—Lo siento.—Dije arrepentida.—Estoy abusando de la confianza y del poco tiempo que llevo conociéndote.—Insistí.
Él sonrió y caminó hasta pasar mi escritorio, quedando su cuerpo firme ante el cristal que dejaba ver el paisaje y sonriendo. Sus brazos cruzados y firmes, un cuerpo marcado, espalda ancha y gruesas piernas.
—Sí, cáncer.—Susurró.—Es una mierda, como todo.—Siguió diciendo.—Solo no quiero que el resto del mundo sienta pena por mi. Sigo siendo Alec, el mismo imbécil de siempre.—Dijo riendo.
Yo no hice más que reír.—No lo dudo.—Confesé.
Rápidamente giró hasta verme, sonriendo y acercándose hasta sentarse sobre mi escritorio, mirándome fijamente y suspirando.—¿Qué pensó tu familia al ponerte ese nombre?—Preguntó burlón.—Sin dudas querían que fuese el foco de atención, lo lograron.—Continuó diciendo.
No hice más que golpear su hombre y reír.—Bien, es tu venganza.—Insistí.
—Me llenaste de vómito la primera vez que te vi, Cindy. Siquiera las chicas ebrias que he llevado al departamento me han hecho algo tan único como eso.—Acabó por decir.
—Supongo que ser única es algo bueno.—Susurré sin más.
Él sonrió.—Bien Cindy, te dejaré. Debo hacer un par de cosas. Ya sabes dónde está la oficina de papá, mi oficina y por obvias razones, sabes dónde está Lucas. Espero puedas adaptarte lo más rápido posible y no tener inconvenientes.—Dijo poniéndose de pie una vez más, dejando caer su mano en mi hombro y sonriendo.—Suerte.
Así mismo, sin una palabra más y sin mirarme de nuevo, salió de la oficina y se marchó. No se fue a la suya, solo se alejó y acabó por marcharse.
Respiré hondo al sentirme completamente sola allí. No solo tenía mi puesto soñado, tenía una oficina privada, cosa que la mayoría, por lo que había observado a simple vista, no tenían.
Tenía la gran ciudad tras de mi, así como también a Alec muy cerca ante cualquier inconveniente.
No hice más que observar cada rincón, abrir mi portafolio, ordenar un par de cosas y comenzar a descargar aplicaciones que estaba segura iba a necesitar.
Cuando los minutos pasaron, una vez más, el padre de Alec apareció ante la puerta.
—Bienvenida, Cindy.—Dijo una vez más.—Veo que Alec te ha dado una gran oficina. Espero todo te vaya bien, así como espero recibir el mejor trabajo de tu parte. Ésto no es una broma, es una gran responsabilidad.—Insistió.—Pronto conocerás a mi esposa, quien se encarga más sobre todo éste mundo. Quizás te de un par de observaciones, quejas y cambios, ya sabes cómo es, espero no haya problemas.—Continuó diciendo.
Yo no hice más que sonreír y asentir.—Más que bien señor, más que bien.—Aclaré.
—Otra cosa, Cindy.—Dijo sin más caminando hasta la ventana, lugar donde poco antes había estado Alec, su hijo.—Sabrá que Alec es mi hijo, así como también sabrá lo entrometido y mujeriego que puede ser.—Continuó diciendo.—Los amoríos están terminantemente prohibidos dentro de la empresa, especialmente cuando se habla de mi hijo. Todo aquel que consiga irse estrechamente con él, quedará terminantemente expulsado de las instalaciones. Sin excepciones. Mi hijo puede ser mi hijo, y solo por eso, conozco lo insistente que es. Justo ahora no está para amores, solo necesita enfocarse en mejorar y en cumplir el tratamiento.—Acabó por decir.
—Me dijo sobre el cáncer.—Susurré.—Lo lamento, no debe ser nada fácil.—Dije con pena.
—Él estará bien, lo conozco, es fuerte y por suerte fue diagnosticado con tiempo. Ahora solo esperamos él ponga de su parte, cumpliendo con el tratamiento y órdenes del doctor. Nunca imaginé que mi hijo tendría cáncer antes que yo.—Susurró en un hilo de voz.
—Tiene razón, señor. Su hijo se ve muy fuerte, solo será un mal tiempo.—Aclaré.
—Espero que haya quedado lo suficientemente claro, señorita Cindy.—Dijo regresando su mirada a mi.—Y por lo que más quiera, deje de utilizar su ropa para estar en la oficina. Reconozco esa camisa a kilómetros de distancia.—Insistió.
—Disculpe, solo fue un malentendido. Mi ropa se ensució y no tuve más opciones que usar una que ofreció Alec, su hijo.—Aclaré.
Él no hizo más que negar y comenzar a salir de allí.—Sin excepciones, Cindy. Espero haber sido lo suficientemente claro ante el tema.—Repitió saliendo de allí.
No hice más que asentir y respirar hondo al quedar completamente sola.
El padre de Alec ponía mis nervios de punta, así como él mismo lo hacía.
No hice más que tomar su camisa y mirarla fijamente. Ya me estaba trayendo suficientes problemas, pero por reflejo mismo, no hice más que acercarla a mi nariz y comenzar a respirar hondo, percibiendo todo el olor que venía de ella.
Era exquisito.
—¿Qué haces?—Dijo una voz apareciendo rápidamente ante la puerta.
De un golpe a otro no hice más que soltar la camiseta, mirando hasta la puerta con miedo y encontrándome con Lucas.
—¿Y esa camiseta? ¿No es de Alec?—Preguntó caminando hasta mi.
Lo miré perpleja, se había robado mis palabras.
—No me digas que le conoces de antes y por eso te dieron el puesto.—Dijo rápidamente.
—¡No! No, no. No conocía a Alec, le conocí aquí. Me prestó su camisa porque la mía ya olía un montón a vómito.—Balbuceé.