Una parte de mi se llenó de alegría, tanta que sentía mi pecho subir y bajar con fuerza, quería balancearme sobre los brazos de aquel hombre o sobre el mismísimo Alec, pero sabía, que ante una noticia así, solo debía actuar de manera profesional.
Me quedé allí de manera sonriente, estreché su mano una vez más e insistí en lo agradecida que estaba con la oportunidad. Repetí que no se arrepentiría y él solo dejó claro que no podía tener distracciones.
Ordenó a Alec buscar un sitio para mí en el área de trabajadores. Una oficina que estuviese un poco más alejada de todos para recibir la privacidad y concentración que necesitaría para mis diseños, así como le ordenó acomodar todo tal y como yo lo necesitase.
Hablamos sobre horarios y sobre como haría para dividir mi tiempo entre trabajo y escuela, cosa a la cual Alec se ofreció a ayudar. Cada que sintiese que no podía llegar a tiempo, Alec avisaría a su padre o buscaría el modo de arreglarlo.
No hice más que asentir todas las veces que pude y salir de regreso de allí con Alec a mi lado. Quien ahora se quejaba del mal olor que desprendía mi ropa y el cambio de atuendo que debía de hacer si pasaría el resto del día allí.
—Tengo una camiseta en el automóvil. Solo una camiseta negra básica, cualquier cosa te viene bien ahora.—Señaló rápidamente buscando sus llaves en bolsillos.—Iré por ella y luego buscamos el sitio para ti. ¿Te sirve?—Preguntó con cuidado.
No hice más que asentir y mirarle alejarse en búsqueda de aquella camiseta. Regresé a aquel sitio, dónde por obvias razones, el olor a vómito se había impregnado. Caminé en silencio, sintiendo la mirada, murmurllos y acusaciones de todos. Algunas echaban aromatizantes y otras se quejaban de no poder con el olor.
Yo solo bajé mi mirada y caminé hasta lograr encontrarme con Lucas.
—¿Y bien?—Preguntó rápidamente.
—No sabía que el hijo del jefe tenía cáncer, jamás lo hubiese imaginado.—Fue lo primero que dije.
—Shh, no hables de eso en voz alta.—Me dijo rápidamente.—Ese tema está prohibido si no quieres ganarte su desprecio.—Dijo cubriendo mi boca.—No quiere lucir débil, mucho menos recibir compasión por el grupo de trabajo.—Insistió.
—Nunca lo hubiese imaginado, es jóven, fuerte... Apuesto.—Susurré recordándole.
—Alec es campo minado, Cindy. Ni se te ocurra mirarle de otra manera, terminarás fuera de la empresa y dañada gracias a él.—Insistió.
—No estoy pensando en eso, Lucas.—Aclaré.—Solo fue un comentario.
—¿Pero y bien? ¿Que te dijo el jefe? ¿Estás dentro?—Preguntó rápidamente mirándome confundido.
—¡Estoy dentro!—Grité al aire, y una vez más, sus manos se fueron a mi boca.
—¡Ssshhh!—Susurró.—Las personas odian el ruido, también ya odian el olor que dejaste aquí.—Dijo burlón.—No termines de ganarte el odio de todos el primer día, Cindy. Mucho menos ganartelo gracias a Alec, no seas una más.—Insistió.
—¿Una más?—Pregunté rápidamente confundida.
—Sí, Lucas. ¿Una más?—Preguntó su voz tras de mi.
Miré a Lucas perpleja y de ojos en blanco. Nos había agarrado.
—Nada, nada.—Dijo Lucas haciéndose a un lado y metiendo su cabeza de lleno ante el ordenador.
—Ten.—Dijo Alec lanzando la camisa a mis brazos.—Arréglate, no tengo tiempo que perder.—Dijo sin más.
Lo miré confundida. Su temperamento cambiaba en cuestión de segundos, un momento era dulce y bromista, otro se volvía un narcisista insensible.
La tomé entre brazos y caminé hasta el baño. Allí, quitando mi camiseta sucia y guardandola en una bolsa hasta meterla en el portafolio, no hice más que deslizar su camiseta sobre mi cuerpo.
Quizás era dos tallas más grandes, tuve que doblar mangas y meterla por dentro. Su olor rápidamente llegó a mi nariz, haciéndome olerle fuerte por reflejo mismo y mirarla perpleja.
Llevaba la camisa del jefe el primer día de trabajo. Debía huir de sus ojos, no podía verme así, no el primer día.
No quería confusiones, mucho menos que creyera que mi propósito se desviaría gracias a su hijo.
Así que respiré hondo, arreglé mi cabello y salí de allí sin cuidado.
Su cuerpo contra la pared me esperaba, su mirada hacia la ventana y rápidamente me enfocaría al escucharme salir.
—No me gusta que hablen de mi a mi espaldas, nueva.—Insistió.—Si quieres saber algo o algo te incómoda, pregúntamelo a mi, no a terceros.—Dijo firme.—Ahora vamos, necesito salir de ti rápidamente, tengo cosas por hacer.—Insistió caminando fuera de allí.
Lo miré en silencio, resoplé y seguí sus pasos.
Una vez más, y ahora con descaro, las miradas se centraron en ambos. Mi pequeño y flaco cuerpo a su lado, mientras llevaba una camiseta que por obvias razones, no era mia, llevaba su olor.
Baje la mirada y evité todo tipo de contacto hasta no sentirme segura, Alec giraba un par de veces a verme al no encontrarme a su lado. Pero la verdad era que caminar a su lado, me daba muchísimo más miedo que ir tras de él.
Así que pasados los minutos y un largo camino, Alec me ofreció una pequeña y cómoda oficina.
Un pequeño escritorio, vista a la gran ciudad, una cómoda silla y un par de cajones para ordenar.
—Eres libre de usar el ordenador, no tiene clave, ya está con wifi y si necesitas otra cosa notificarlo.—Insistió.—Por cierto, estaré aquí, justo al lado, solo tendrás que tocar el cristal si debes llamar mi atención. Te podré ver todo el tiempo.—Susurró.
—En éstas oficinas no hay privacidad.—Pensé en voz alta.
—No necesitas tanta privacidad para hacer un par de diseños, Cindy. Al menos que busques una oficina para otra cosa, de ser así, usa el almacén.—Dijo burlón.
Giré a verle rápidamente y reí golpeando su hombro.—¡Hey!—Reclamé.
—Una pequeña broma, Cindy Cindy. Espero todo bien por ahora.—Insistió.—Y por cierto,—Dijo acercándose a mi oído.—Te luce mucho mejor que a mí.