POV AMELIE La nota de Damián me esperaba en la mesita de noche: "Te veo en el despacho." El "despacho" era el cuartel general de su edificio de Londres, una oficina en el piso más alto, diseñada en acero, cristal y madera oscura, que olía a poder y soledad. Un lugar donde no se hablaba de sentimientos, solo de pérdidas y ganancias. Me vestí lo mejor que pude con mi brazo vendado y mi cuerpo todavía adolorido. Al llegar, la secretaria, tan fría como el aire del lugar, me indicó que esperara. Me sentía pequeña e insignificantemente humana en aquel templo de ambición. Cuando entré, Damián estaba de pie frente al ventanal que ofrecía una vista vertiginosa de Londres. Estaba vestido impecablemente de gris, su silueta dura contra la luz de la mañana. No me ofreció asiento. No se acercó.

