POV NARRADOR Sonia Saenz se encogía en el suelo, una visión patética de lo que solía ser. Su maquillaje estaba arruinado por las lágrimas y el terror, y el pánico que emanaba de ella era casi tangible. Miró la jeringa en la mano de Damián y luego sus ojos, buscando una chispa de ese hombre que alguna vez pudo engañar hasta robarle, pero solo encontró un muro de hielo n***o. —¡Espera! ¡Damián, por favor! —chilló, arrastrándose hacia atrás hasta que su espalda golpeó la pata de la mesa—. ¡No le he dicho nada a Aranza todavía! Te lo juro por mi vida. No lo hice. Damián se detuvo a un milímetro de ella, la aguja brillando bajo la luz de la suite como un colmillo de acero. —Mientes —susurró él, y su voz era más aterradora que un grito—. Tienes la lengua afilada, Sonia. ¿Por qué debería

