POV Amelie
El sol entraba por la ventana, pero yo solo sentía frío, un frío helado que me aturdía. Caminé hasta aquí toda la noche, con el miedo de ser encontrada por Damián, con la ilusión de que el supuesto hombre de mi vida me ayudaría a salir del problema y, en cambio, él estaba aquí con Sonia, quien es la responsable de que ahora yo esté casada con Damián Blackwood.
—¿Por qué ustedes? —solté sin fuerzas. El dolor en mi pecho era enorme.
—No tienes nada que reclamar, Amelie —Ricardo me observó lleno de rabia.
El hombre que solía mirarme con amor ahora me odiaba, como si yo fuese la culpable de que él se acostó con mi hermana. La cara de satisfacción de Sonia me dio un golpe de realidad doloroso; ella estaba esperando esto.
—¿Desde cuándo estuviste esperando para meterte en su cama?
Ignoré a Ricardo. No había nada que él dijera que cambiara esto, pero Sonia, mi hermana… Necesitaba saber qué la llevó a hacerme esto.
—Solo pasó, Amelie —Su voz salió rota y, sin previo aviso, llevó sus manos a su rostro y empezó a llorar.
Ricardo la llevó hasta él y la abrazó con fuerza, mientras a mí me daba miradas de reproche.
—No permito que hagas sentir culpable a Sonia… Tú te casaste, no tienes cara para venir y criticar después de haberte acostado con ese hombre.
Solté un jadeo incrédulo. Ella vino a decirle eso, solo vino a ponerlo en mi contra y él, lejos de darme el beneficio de la duda y dejarme explicar, se acostó con ella. Sonia me había usado y también había robado mi vida.
—Eres una perfecta actriz, Sonia. Creo que te equivocaste de profesión —Se alejó de Ricardo y me observó. En sus ojos vi la burla que él no podía ver.
—No sé de qué hablas, Amelie. Solo vine a decirle de tu boda y lo demás… no pudimos evitarlo.
—Viniste a decirle de mi boda, mas no de cómo fui allí haciéndome pasar por ti, para supuestamente salvar tu trabajo —Tragué con dificultad—. Me enviaste a la boca del lobo y tuviste la osadía de venir y dejarme como la mala.
—No me hagas responsable de eso, Amelie…
—¿Se puede saber de qué habla? —Ricardo intervino con la mirada fija en ella.
—Me refiero a que te vio la cara de estúpido y tú le creíste. ¡Dos años, Ricardo! Y no fuiste capaz de esperar a hablar conmigo y dejarme explicar. Tu solución fue acostarte con mi «hermana» —Le dije haciendo énfasis en las comillas—. Estás lejos de ser el hombre que pensé, qué decepción. Solo me das asco.
—Tú te casaste —susurró.
—Da igual, ya no me interesa explicarte nada… En cuanto a ti, Sonia, me enviaste con Damián Blackwood para salvar tu pellejo y en cambio yo me convertí en su esposa. Pues te aseguro que usaré ese poder que no pedí para hacerte pagar lo que me hiciste. Si pensaste que enviarme allí te haría librar del problema, te digo que no voy a descansar hasta que Damián Blackwood cobre lo que hiciste de una manera muy dolorosa, tanto que desearás haber sido enviada a prisión.
Les di la espalda y salí del lugar donde tenía mis recuerdos más felices, donde creí formaría una familia. Al verme sola, lloré. Dejé salir las lágrimas que me había tragado cuando los vi recién levantados, después de haber consumado su traición.
No me detuve a mirar atrás. El jardín, la fachada imponente de la casa, todo lo que había amado de la vida con Ricardo ahora me daba náuseas. Recorrí las calles, sin rumbo, sintiendo el aire helado quemarme los pulmones. Al verme sola, mis defensas se derrumbaron. Lloré por la niña ingenua que había creído en el amor de Ricardo, por la hermana que me había apuñalado y por la trampa en la que Sonia me había metido.
«Te enseñaré a nunca confiar en nadie».
Las palabras de Damián me llegaron como un puñal, terminando de romper mi corazón. Había confiado en ellos dos ciegamente y esto fue lo que recibí.
—Qué tonta —Me dije en voz alta.
Me dejé caer de rodillas en la acera desierta. El dolor físico de la carrera anterior no era nada comparado con el ardor en mi pecho.
—Deseo que paguen.
El dolor se convirtió en una armadura. La rabia se volvió fría y lógica. No podía volver a la vida que tenía; estaba legalmente casada con un hombre que parecía ser peligroso y emocionalmente destruida por dos personas que habían elegido la traición.
Si iba a cumplir mi promesa de que Sonia pagaría, necesitaba poder. Y solo un hombre en mi vida tenía el poder para destruir de una manera dolorosa a alguien, y ese era Damián Blackwood.
Me levanté del suelo con mi ropa sucia, mi rostro manchado, pero mis ojos ardían con una determinación recién nacida. Ya no huiría de Damián; lo usaría.
Unas calles después, un auto de lujo se detuvo a mi lado. Elisa bajó de él y me indicó subir. La mirada en la mujer era fastidio puro, como si me odiara, pero no tenía cabeza para ahora fijarme en ella. Tenía que encontrar una manera de convencer a Damián de ayudarme.
—El señor la espera en el despacho —Elisa indicó después de entrar a la propiedad.
Recorrí el mismo camino que dos días atrás, cuando vine lista a engañarlo y terminé firmando mi acta de matrimonio.
Al entrar, lo encontré sentado en la silla frente a su escritorio. Me examinó con descaro y la mueca burlona en su rostro me hizo endurecer. No había lágrimas, pero mi apariencia era lastimosa, lo sabía: estaba sucia, mi cabello desarreglado y mis ojos rojos, y eso pareció divertirle.
—El viaje de reencuentro con tu amor no fue lo que esperabas, al parecer —Su voz salió baja, pero llena de acusación.
—No lo fue —le respondí.
—Por tu mirada, deduzco que deseas pedirme algo —Se inclinó en el asiento y apoyó sus codos en la madera del escritorio—. Evitemos el drama y dilo de una vez, tengo una decisión que tomar.
—Haré lo que pidas, seré la esposa modelo, una esposa amorosa y entregada para que nadie dude de lo real de esta unión. Pero necesito que hagas algo por mí —Sonrió.
—Volviste y con condiciones. Esto es nuevo y, sabes algo, Amelie, me gusta. Adoro las cosas difíciles —Se puso de pie y se acercó a mí—. ¿Qué deseas?
—Destruir a Ricardo y hacer pagar a Sonia por haberme usado y haberme traicionado. Quiero que venga a mí de rodillas pidiendo piedad —Volvió a sonreír.
—Supongo que la prisión no es una opción —Negué—. Eso, Amelie, es la petición más fascinante que he escuchado en meses.
—¿Es un sí? —cuestioné al ver su mirada llena de diversión.
—¡Elisa! —gritó.
La mujer, segundos después, entró con mirada expectante.
—Llama al hangar y dile al piloto que prepare la avioneta. Iniciaremos la luna de miel ahora mismo.
Ella asintió y salió, dejándonos solos otra vez.
—Amelie, espero que sea la última vez que te veas de esta manera tan deprimente —advirtió—. Ahora eres la señora Blackwood y espero verte a la altura de tu nuevo apellido. Con la cabeza en alto y aura de superioridad. Estás por encima de todos, no lo olvides.
Horas después llegábamos a nuestro destino, lugar donde iniciaba mi nueva vida. Ya no era Amelie Sáenz, ahora era la señora Blackwood y haría lo necesario para hacer pagar a la responsable de haberme hecho abandonar mi vida, no importa que se trate de mi propia hermana y mucho menos que deba entregarle mi vida a Damián Blackwood para lograrlo.