POV AMELIE El home office de Damián ya no se sentía como una celda o un campo de batalla. Después del día anterior, con Damián tirando mis libros y luego confesando su rechazo a Vasilev y el deseo de intentar algo real, el despacho se había transformado en nuestro refugio. Nos habíamos pasado horas en silencio, simplemente existiendo en la misma habitación, la maleta ahora recogida, los contratos de Vasilev quemados metafóricamente. Había una nueva capa de entendimiento, de complicidad, que hacía que mi corazón latiera con una intensidad desconocida. Me senté en el sillón de cuero frente a su escritorio, cruzando las piernas, mientras el rostro de Gabrielle llenaba la pantalla de la videoconferencia. —Sonia está mordiendo el anzuelo. No solo está dispuesta a firmar la cesión del ci

