POV AMELIE La noche llegó. Después del incómodo desayuno y de haberme desahogado y confesado, el resto del día lo pasamos en la habitación. Por suerte, el lugar era enorme y con esas paredes de piedra parecía imposible que alguien pudiera escuchar la perversión dentro. —Levántate, Amelie —Retiró la sábana que cubría mi cuerpo desnudo—. El abuelo pensará que acabé contigo. —¿Por qué pensaría eso? Es imposible que alguien escuchara las cosas que hicimos —Le respondí, aún con los ojos cerrados. —¿Eso crees? Por eso no te limitaste en gritar. Todo aquí se escucha, Amelie. Hay respiraderos en las paredes. Me incorporé de golpe. La vergüenza me invadió. Al recordar las cosas "cochinas" que salieron de mi boca, tapé mi rostro, rogando a la tierra abrirse y tragarme. —Quiero volver a L

