POV AMELIE El silencio en el inmenso dormitorio principal de la mansión se había vuelto tenso y pesado. Después de que Damián hiciera a Ricardo irse con una amenaza gélida, no había habido gritos ni discusiones, sino una calma que me resultaba inquietante. Damián se había metido en la ducha, y aunque no me había reclamado nada, sentía la pesadez de su ira. Sabía que esa rabia no iba dirigida a mí, sino a Ricardo, pero mi subconsciente, acostumbrado a caminar sobre cáscaras de huevo, temía que me culpara por el caos que había invadido su casa. Terminé mi propia ducha, el agua caliente no lograba eliminar la sensación sucia del toque de Ricardo. Me vestí lentamente, eligiendo ropa suave y cómoda, y sequé mi cabello. Damián ya había salido del baño y estaba de pie en el balcón privado de

