POV DAMIÁN La luz grisácea del amanecer de Londres se filtraba por la ventana del hospital. Había pasado toda la noche en el sillón de cuero, sin dormir, sin moverme. El traje sucio me picaba la piel. No era el frío, sino la quietud lo que me mantenía despierto. Amelie dormía; su respiración era superficial y regular. Su dolor, tan crudo y ajeno a mi mundo de transacciones, había cortado a través de mi fachada. Por primera vez, entendí que ella no me odiaba solo por la humillación pública, sino porque yo representaba la fuerza implacable que le había robado la oportunidad de sanar en paz. La culpa me pesaba, un sentimiento inesperado para mí, cuando la vi en mi oficina use el contrato que estaba estipulado para Jesenia. Ni siquiera supe porqué, pero en el instante en que la yive fre

