POV Amelie El silencio de la mañana era un alivio, una calma irreal después de la tormenta que había sido la noche anterior. Me desperté envuelta en las sábanas deshechas, sola en la cama. El colchón se sentía hundido por el peso de la furia, el deseo y la necesidad desesperada que nos había consumido. Damián se había ido. Estiré un brazo y encontré una pequeña nota sobre la mesita de noche, escrita con su caligrafía firme y dominante. Mejor de lo que esperé, señora Blackwood. Te espero a las 7 p.m. en el invernadero privado. No llegues tarde. Damián. Una sonrisa amarga tiró de mis labios. Su cinismo habitual era su manera de reconocer que lo que había pasado entre nosotros era más que solo aliviar la tensión. Había sido posesión, sí, pero con una intensidad que no podía ser fingi

