POV AMELIE El silencio de esta casa tiene un peso distinto al de Cornualles. Allá, el silencio era paz; aquí, es una mordaza tortuosa. Me quedé de pie en el centro de la habitación principal, escuchando cómo el eco del motor del coche de Damián se desvanecía en la distancia. Me sentí como una muñeca olvidada en un estante de lujo. Él decía que esto era protección, pero mientras mis dedos rozaban las cortinas de terciopelo, solo podía sentir los hilos de una red que volvía a cerrarse sobre mí. Caminé hacia la cama, sintiendo el cansancio del viaje y la tensión de la pelea con Damián pesando en mis huesos. Fue entonces cuando la vi: una caja de madera tallada sobre la mesa de noche. La abrí con desconfianza, esperando encontrar alguna joya fría que pretendiera comprar mi perdón. Pero

