Capítulo 3: Seguridad

1971 Words
—Papá—Lo rodeo del cuello. Me regresa el abrazo con cariño, tengo dos años de no ver a mi padre. Ahora tiene mas canas y parece cansado, pero es igual de impresionante, alto, con ojos verdes, pestañas y cejas pobladas, alto, y fuerte, con un porte que puede quitarle el aliento a cualquiera. —Pequeña—Me dice mi padre dándome un beso en cada mejilla—Me alegro de verte, ver que estas bien —Lo estoy padre—Le digo soltándolo—Parece que tu también lo estas padre. Nos sentamos y le dan una cerveza a mi padre, que rechaza de inmediato, pide solo un vaso de agua. —Supongo que los chicos ya te pusieron al tanto—Dice mi padre cruzándose de piernas —Si—Mi respuesta es corta, cortante —Regresarás a casa—Me lo ordena mas que me lo pregunta —No tengo opción…—Le sonrío de medio lado —No, no la tienes—Aunque trata de parecer amable, sus ojos rebelan su autoridad—Pero…—Dice dándole un sorbo a su vaso—No tienes que regresar al anonimato Abro los ojos con sorpresa, mis hermanos sonríen cómplices, parecen que estos tres ya sabían de esto y no me lo dijeron, sé que mis ojos brillan. —¿De verdad? —no puedo evitar el tono de ilusión en mi voz —Con tres condiciones —Si, las que sean—Le respondo, y el se sorprende —Debe gustarte mucho tu nueva vida para aceptar sin chistar—Se ríe mi padre y mis hermanos lo secundan, levanto las cejas esperando a que me diga cuales son las condiciones—La primera, es que debes presentarte cuando se te ordene, así estes de fiesta, con alguien, en el trabajo, haciendo ejercicio, no me importa, si te llamamos es por algo —De acuerdo, me parece bien—Esto es algo que ya preveía —Segunda te quiero comprometida totalmente para encontrar al culpable de la muerte de Massimo y de dispararle a tu hermano —Espera ¿Le dispararon a uno? —Digo confundida y horrorizada, mirando a los tres, Santino pone los ojos en blanco y se desabrocha la camisa, y me muestra dos cicatrices de impacto de bala justo en medio del pecho—¿Por qué no me lo dijeron? —Tal vez si contestaras tu celular de vez en cuando—Se burla Alessandro. Pongo los ojos en blanco —Si no me llamaras de números diferentes cada 5 minutos…—Le saco la lengua y el se ríe —Bueno—dice mi padre—¿Estas de acuerdo con esto? —Si—Le digo —Bien—Le hace un gesto afirmativo a Santino, que sale de la cabaña—La ultima condición…—Pero suena mi celular y yo lo saco para silenciarlo, al ver que es Amelia. Mi padre gruñe molesto—… Es que tengas seguridad 24/7 —¿Qué? No padre—Le digo molesta, cambiando totalmente mi actitud, odio tener personas tras de mi todo el tiempo. Además de que resulta imposible explicar porque una editora en jefe, tiene guardaespaldas. —Zita, es necesario, quiero que conozcas a Davide—Dice entrando un chico de ojos azules, rubio, alto y fuerte, con tatuajes en las manos y el cuello, vestido con una camisa tipo polo, jeans y zapatos, todo algo lujoso a mi parecer—Y a Salvatore Mi cuerpo se pone tenso de inmediato, aun antes de que entre. Mis ojos se abren como platos sin mi permiso. Cuando entra a la cabaña, y se coloca justo de lado derecho de mi padre, acomodándose las mangas de la camisa blanca. Con una sonrisa de medio lado. Sus ojos se encuentran con los míos, y no guardan nada de sorpresa, incluso se ve un poco de perversidad en ellos, probablemente recordando lo mismo que yo, me recupero, aunque tal vez no lo suficientemente rápido, Alessandro, Santino y Vito, saludan a Davide y Salvatore como si fueran parte de la familia. Alessandro se queda abrazando a Salvatore por los hombros, y le dice algo al oído, que los hace reír —chicos—Les llama la atención mi padre—Davide, te presento a Zita, mi hija, y bueno Salvatore tu ya la conoces Davide se acerca a mi con la mano extendida, afable pero educado —Mucho gusto, señorita, a sus ordenes —Mucho gusto Davide, dime Zita o Zia—El asiente —No señor, no tenía el gusto de conocerla personalmente—Dice Salvatore y me extiende la mano, sin expresar nada solo le tomo la mano—Mucho gusto Sonríe de ese mismo modo que lo hizo en el bar, le regreso la sonrisa. Me acaricia suavemente los nudillos —Padre—Le digo soltándome de su agarre—No necesito protección —Si lo necesitas, las cosas han cambiado, pequeña, pero no para bien —Padre como voy a justificar que de la noche a la mañana tengo dos elementos de seguridad. Y créeme que estos dos no pasan para nada desapercibidos Los señalo con mi mano de forma algo obvia. —Hazlos pasar por tus hermanos—Tal vez Davide, pueda pasar por uno mas de los Vannicelli, pero Amelia y todos mis compañeros ya me vieron coquetear con Salvatore, no puedo permitir eso. —Padre, gracias a estos tres zoquetes, ya no puedo presentar a nadie mas como mi hermano. Saben que solo tengo tres —Ay mi vida, les has contado de nosotros a tus amiguitos… —¿A Amelia? —Dice mi hermano—Porque podría conocerla mejor —Jódete Alessandro—Le grito y a el le hace gracia, mi padre suspira—Déjame llevar solo un elemento, y podré justificarlo, como un amigo, o un primo, o algo así —Bien ¿A quien quieres? —Pregunta mi padre y sin esperar ni 1 segundo, y de forma algo precipitada contesto —Davide—Respondo —Bien, Salvatore se quedará contigo—Se levanta del banco, se acerca a Salvatore para decirle algo este solo asiente y sonríe. No puedo discutir mas, o mi padre, pensará que hay algo mas, y lo que menos quiero es que maten a alguien por una noche de sexo. —Me iré a dormir—Dice mi padre y yo me sorprendo un poco—Hoy pasaremos todos la noche aquí, mañana quiero ir a desayunar con todos ustedes. —Si papá—Contestamos casi al unísono —¿Una cerveza? —Pregunta Vito a los dos chicos que se acaban de incorporar. Nos sentamos los 6 en el comedor —Hermanita—Me dice Alessandro sentándose a mi lado—No pareces muy contenta con tu nuevo perro guardián —Sabes que no me gusta la vigilancia—Le digo tomando un sorbo de mi cerveza —Ey, Sal—Le grita Alessandro, Salvatore que tenia la mirada fija en mi, la desvía para mirar a mi hermano—Te voy a estar vigilando ¿Eh? Salvatore se ríe suave, esa risa ronca y sexy. —¿Por qué? —Dice el enarcando una ceja. —No creas que no te conozco—Salvatore solo levanta las manos en rendición, miro con sorpresa a mi hermano, que me sonríe—El viernes pasado que llegue a su hotel, el hijo de puta, tenía como mil envoltorios de condones en su mesa de noche—Dice mi hermano sorprendido, de inmediato mi rostro se pone rojo, los ojos de Salvatore se vuelven divertidos y se desvían dos segundos a mi, gesto que Alessandro nota—Ay no te preocupes por ella, seguro conoce los condones —Seguro que si—Dice tras de la botella, casi en un susurro, levantando las cejas en burla mirándome —Pero cabrón, al menos hubieras tenido la decencia de tirarlas—Dice Santino uniéndose a la conversación que al parecer el también estuvo ahí ese día —Ey, me acababa de despertar ¿Qué querían? Y no sabía que llegarían—Se encoge de hombros —Nos hubiéramos traído a Chiara, a ver si te lo tomas tan a la ligera—Se burla Davide. Pero Salvatore parece imperturbable, encogiéndose de hombros cuando da otro trago a su cerveza. —¿Chiara? —Su novia—Dice Vito, y yo me sorprendo —No es mi novia—Aclara de inmediato Salvatore, indiferente —Ay, pero te la coges seguido, casi vive en tu apartamento—Se burla Davide —Que follemos de vez en cuando, no la hace ni mi novia mi ni pareja, ni mi nada —Eres un hijo de puta—dice Alessandro—Esa chica haría lo que le pidieras y tu te revuelcas con toda la organización —Eso… mi querido amigo—Dice Salvatore levantándose para ir por otra cerveza—Es una exageración —Pero tu ¿Estas loco? —Le dice Davide algo serio—Si yo tuviera a Chiara en mi cama, jamás le pondría el cuerno —Para ponerle el cuerno a alguien necesitas tener una relación—Dice riéndose —UUFF con el cuerpo que tiene Chiara… debes estar loco para buscar otras—Suelta Davide, y se ríen, yo pongo los ojos en blanco, me levanto por otra cerveza. Cuando me siento siguen hablando de chicas —Pero entonces dime hermanita ¿Has conocido a alguien interesante? —Pregunta Vito —Ey, tu hermana es una chica, deberían ser mas…—Comienza a decir Salvatore —NOOO—Interrumpe Santino—Si Zita, es la versión de nosotros pero en mujer —¿De verdad? —Pregunta divertido Salvatore —No, no he conocido a nadie interesante—Respondo a Vito sin quitar los ojos de Salvatore —Ay, no me digas que en dos años no has conocido a nadie ¿Ya llevas una vida de celibato? —Pregunta Alessandro con demasiada incredulidad, yo me río —Que no conociera a nadie interesante, no quiere decir que viva en celibato—Les digo sin problema—Aunque ¿Sabes? Si conocí a alguien recientemente —¿Qué tanto lo conociste? —Nos acostamos—Digo encogiéndome de hombros, y Salvatore me mira con algo de preocupación —¿Y valió la pena? —No, nada memorable—Le digo con una sonrisa burlona en el rostro, puedo notar como aprieta su mandíbula. —Nada memorable ¿Eh? —Dice Salvatore torciendo la boca a un lado —No, impresionable, ni que valga la pena recordar Suena el teléfono de Salvatore, se disculpa y sale de la cabaña. Yo me relajo y comienzo a platicar con mis hermanos. Después de un momento, decido ir a la cama —Salvatore—Lo llama Alessandro, Salvatore solo contesta con un “mmm” —Acompaña a mi hermanita a su recamara —Si—Responde calmado, guardando su celular en el bolsillo de sus pantalones de vestir, toma de un sorbo lo que queda de su cerveza—Vamos princesa Su voz con algo de burla, por lo que mis hermanos se ríen, ni enterados de lo que sucede entre nosotros. Me guía por las escaleras, la recamara esta al final del pasillo, nos detenemos frente a una puerta, pero se gira de golpe, para estamparme sus labios, dios de nuevo sabe delicioso, sus manos rodean mi cintura, suspiro y el me pega a la puerta, recargando su mano, para no hacer mucho ruido con el golpe —¿Así que nada memorable? —Dice pasando sus besos a mi cuello, su mano alrededor de mi cintura me aprieta mas contra su cuerpo. Siento todo su cuerpo duro. Literalmente todo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD