Capítulo 5: Tu misión

1932 Words
POV EXTRA SALVATORE Hace dos semana —Señor, ¿mandó llamarme? —Pregunto en cuanto entro a la oficina de Giuseppe Vannicelli. El magnate de los negocios, el genio de la economía actual, como es conocido en la ciudad, por el día come con el senador, por la noche tiene sus negocios clandestinos de apuestas, y su “programa” de protección al barrió italiano. Tengo trabajando con él 2 años. Y tengo mis razones para hacerlo. —Si Salvatore, necesito que empaques tus cosas, y te vayas para Huston —¿Señor? —Pregunto confundido, me he convertido en su mano dereche para lo que seguridad se trata. Claro que gran parte de ese puesto me lo gane por salvarle la vida a su hijo Santino. —A partir de mañana te harás cargo de la vigilancia y protección de mi hija—Me sorprendo que me ponga a hacer esa tarea, no la desprecio, pero su hija es su talismán, la luz de sus ojos. O las amenazas en su contra han aumentado, o Giuseppe debe de confiar mas en mi de lo que esperaba—Pero hay ciertas reglas —Si señor, escucho—Le digo con paciencia y convicción —No debe saber que la vigilas, debes de mantenerte a distancia. No interfieras con su vida. Y la mas importante no te vas a acostar con ella —¿Señor? —No es que pretenda si quiera acercarme a ella, sus hermanos se han encargado de hacerle una reputación, y a mi punto de vista es solo una niña consentida y caprichosa, tanto así que ha rechazado todo lo que le da Giuseppe, para vivir una vida “normal”, pero Giuseppe le sigue dando dinero. —Si quieres poder seguir, como hasta ahora, cogiendo con toda la organización, mantendrás tu m*****o lejos de mi princesa. La única forma en que tienes permitido tocarla es por protección —Si señor, no tenía pensado que fuera de otro modo —Mas te vale—Me dice haciéndome una seña con la mano para retirarme—Alessandro te pasara todos los datos. (…) Al parecer la niña tiene cierta rutina, lo que agradezco mucho porque así sabre cuando puedo hacer ejercicio yo. Sé que la niña empieza su día normal en la editorial, a las 9 de la mañana, por lo que a las 7 voy a hacer ejercicio. Cuando voy entrando choco con alguien, y mi cerebro se pone en alerta, mandándome señales mierda es ella, la hija de Giuseppe, con unos ojos café claro, cabello rebelde que iguala a una sonrisa que promete mucho, que impacta justo en la parte de mi cerebro que regula el deseo. Se da la vuelta para subir a la caminadora, y aunque sé que puede verme por el reflejo no puedo evitar el culo que se carga, madre santa, esta chica esta que se cae de buena. Con todo mi control, quito la mirada de ella, y me dirijo a entrenar. El idiota de Alessandro me marca para decirme que viene para acá, que necesita verme, porque hablaremos con Viera, el elemento de seguridad que esta a cargo de Zita, y a partir de ese momento seré el responsable de la princesa de la casa. Que añado, es un maldito cromo de mujer. Compro un café, y el estúpido celular suena, Chiara me marca, esa chica es algo agobiante. Por ir con el celular, no me fije, y terminé chocando —Mierda—Digo en voz alta sin pensarlo ¿De verdad? ¿Ella otra vez? Si hay un dios, estoy seguro que me odia por estar de promiscuo, y manda a la princesa Vinnacelli para molestarme. Abre sus ojos como platos, y son jodidamente hermosos. —Lo siento—Dice mirando mi camisa manchada de café, aunque la intensidad con que me mira, denota que hay algo mas en su cabeza. —si deb…—Pero su mirada pasa a una con deseo por lo que mi ceño pasa de estar fruncido a una sonrisa, que ella me contagia, porque sé que me reconoce del gimnasio—Ey, eres tu Le digo, debo cortar todo contacto con ella, o su padre me va a cortar las bolas, y luego me va a matar. Y preferiría estar vivo… y seguir con esa parte de mi cuerpo intacta. —¿Soy yo? —Me pregunta con fingida inocencia, pero dios esta chica tiene una cara de perversidad y sensualidad que no puede con ella y sabiendo las consecuencias, deseo seguir con este juego —Si, la chica sexy del gimnasio—Le sonrío de esa forma que sé le encanta a las mujeres. —¿La chica sexy del gimnasio? —Pregunta con muy fingida voz de ofensa, sonrío —Estoy seguro que sabes lo que tienes que ofrecer—Le respondo, sonriendo de medio lado, y entrecerrando los ojos un poco. Mi cerebro de nuevo me manda una alerta—En fin, me debo cambiar para ver a mi jefe —Bueno, si de verdad lo sientes, me puede invitar un café…—¿Qué carajo estas haciendo Salvatore? Ella no es una chica que debas o puedas llevar a la cama… pero al ver sus ojos al recorrer mi cuerpo, sé que ella también me desea. ¿Podría llevármela a la cama? Solo una vez, una follada y sería todo, muerde su labio inferior y todo mi control se va al precipicio. Afortunadamente la chica que viene con ella llama su atención, rompiendo esa corriente que se empezaba a generar entre nosotros, y poniéndome a raya. Examino a su amiga brevemente, es una chica guapa, pero es mas del gusto de lo hombres Vaniccelli, tetas grandes y culo pequeño, delgada en general, y facciones bonitas, pero nada extraordinario. —Debo marcharme—Me dice pero con una ultima mirada prometedora. —Soy Salvatore—La provoco, necesito saber que tan dispuesta esta a llevar esto mas lejos. Sencillamente no me responde. (…) He estado tras de esta niña, ahora tengo que usar una maldita gorra, porque ella me conoce, y no puede sospechar que la sigo como un maldito acosador. Davide vendrá la próxima semana, para encargarse de la vigilancia de su departamento, por las noches, mientras yo me haré cargo de los días. Ahora estoy en un bar viéndola en las sombras, debo reconocer que al menos le doy un gusto a mis ojos. Esa mujer es escultural. Me tomo una cerveza, mientras la vigilo con sus amigos, examino su comportamiento. Los varones babean por ella, en especial un crío que no deja de tocarla en cada oportunidad que tiene. Una parte primitiva de mi cerebro se pronuncia en eco con una sola palabra Suéltala. Un par de chicas se acercan a mi —Hola guapo—Me dicen—¿Quieres invitarnos un trago? Las examino, y están muy buenas, demasiado buenas. Les sonrío de medio lado a ambas —Lo siento, pero no—Le digo y se van enfadadas. Después de un par de cervezas, y he visto que ella también ha tomado bastante, tal vez deba acercarme para sacarla de aquí antes de que empeore su estado, al acercarme y escucharla hablar, me sorprende que esta bien. Sin duda es una Vannicelli, sus hermanos tienen una resistencia al cohol impresionante. —Así que tienes resistencia al alcohol—Le digo sin pensar que lo haría, debo dejar de actuar con las hormonas—Puedo aceptar un trago en lugar del café—Mierda Salvatore, céntrate —¿Qué estas tomando? —Me pregunta, sonriendo, le enseño la cerveza que tengo en la mano—lagrima negra”, ¿Artesanal? —¿La has probado? —Le pregunto mas con un doble sentido, que sé que capta por su mirada, pero solo me muestra su botella Stella, muy ligera a mi gusto —Probemos una tuya—Me dice y no puedo evitar sonreírle, voy por dos cervezas mas —¿Nos movemos? —Le pregunto, porque el imbécil de antes me esta fulminando con la mirada, y no estoy para aguantar pendejadas—¿Me dirás tu nombre? —Le pregunto solo por mera formalidad, sé como se llama, sé toda su vida. Aunque no lo supiera, no me importaría, me he acostado con mujeres que no he visto mas que una ves en mi vida, y no sé sus nombres. —¿Para que? —Me pregunta, resistiéndose a decirme su nombre, sonrío—Esto esta buenísimo —Lo es, es lo que suelo tomar al venir aquí —Y dices que tengo aguante, 10 grados ¿Eh? —Pero soy el doble de tamaño que tu, sexy—Le digo enfatizando el “sexy”—Dime tu nombre —Mejor pidamos otra—Pedimos 3 cervezas mas, y la inhibición esta algo ausente en mi, me estoy dando un deleite con esta mujer. Mi celular a estado vibrando desde hace un rato en la bolsa de mi americana, pero no me interesa. —¿Por qué no me lo quieres decir? ¿Eres una super agente de la cia o la interpol? —Le pregunto —¿Y tu? —Mierda, mierda, mierda, el alcohol, y ella están comenzando a nublar mi juicio —No, pero sé hacer cosas muy interesantes con un par de esposas—Prefiero distraer con el sexo —¿Por qué no me lo dices? —Vuelvo a preguntar —¿Para que quieres saberlo? —Me acerco tomándola por la cintura, pegando mi cuerpo al suyo, mi nariz rosa de la base de su cuello, hasta la curva de su oído, inhalo profundo, y no solo es hermosa, huele delicioso. —Porque quiero saber que nombre decir, cuando me entierre en ti—Le digo completamente excitado, olvidando quien es ella, olvidando que es la hija de mi jefe, la única realmente prohibida, la mujer que podría hacer que me corten los testículos, porque en este momento, deseo cogerla mas que nada en el mundo. Su cuerpo y su cara reaccionan tan positivamente a mi, que no me resisto mas. Es hora—¿Tu lugar o el mío? —Tuyo—Supongo que porque no quiere que sepa donde vive, chica lista, no quiere nada que la vincule, ay preciosa, se todo de ti ya. Llegamos a un hotel, y se sorprende —¿Vives en un hotel? —No—Vivo en la mansión de tu padre, preciosa, Sonrío por su pregunta, la abrazo por la espalda, pegándola a mi cuerpo, sintiendo su cuerpo caliente y suave. Paso la nariz por el mismo lugar que antes haciéndola reaccionar—Tengo unas ganas de ti desde que te vi en el gimnasio. —Que galante—se burla —Nunca dije que lo fuera—Le recuerdo, atrayendo su pelvis para que me sienta duro sobre su culo, reaccionando de inmediato —Ya lo veo —Pero te voy a coger muy rico, sexy—Le sigo al oído, pensando en todo lo que le haré esta noche. —Y toda la puta noche —¿Crees aguantar? —Ay preciosa, ni te imaginas…. Mi mente pervertida, viaja a todas las posibilidades. —¿Y tu? —Le pregunto, sin esperar mas. —Zia—Suelta al fin. Yo solo sonrío. —Pues, Zia, te voy a follar toda la noche, en todas las formas y posiciones—Le advierto, ya me cansé de este juego—Te voy a dejar inconsciente, preciosa
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