¿Qué es lo que tiene Sebastián que me llena de dudas?¿Quien era la persona con la que hablaba? Al parecer ni esa persona ni él están seguros de mi ursurpadora… ¿Tan bien me conocen que se atreven a dudar? Tampoco estoy segura de la abuela… creo que ella en el fondo sabe que esa chica no es su nieta…
-Oye, ¿Me escuchaste?- me preguntó Sebastián.
-Perdón, ¿Qué dijo?-
-¿Por qué estás tan distraída?… te decía que ya llegamos-
-Lo siento… muchas gracias- me dispuse a bajarme del auto pero Sebastián me detuvo.
-Espera un momento- Sebastián me tomó del brazo. Él me miró fijamente a los ojos y poco a poco se fue acercando. Mi cuerpo se paralizó totalmente y me perdí en sus ojos café. Pensé que me iba a besar, pero rápidamente se detuvo y apartó su mirada.
-Solo quería saber por qué estabas tan pensativa…- no estaba dispuesta a desaprovechar esta oportunidad para recopilar más información sobre mi vida pasada…
-Solo pensaba en… Ana… ¿Quién es para usted?- Sebastián me miró de nuevo y sus ojos reflejaban una tristeza indescriptible.
-Ella… es la heredera de la familia Vandecoeur…-
-Creo que todo el mundo sabe eso… lo vi en las noticias, pero mi pregunta es… ¿Qué significa Ana para usted?- Sebastián volteó la mirada…
-Estás preguntando demasiado… Llega temprano mañana. Revisaremos tus diseños juntos- No podía insistir más, pues iba a parecer muy curiosa, así que me bajé del auto sin mediar palabra. Sebastián aceleró su auto y se fue como alma que lleva el diablo.
Al llegar a mí húmeda y triste habitación llamé a la hermana Madeleine, pues no me había comunicado con ella desde que llegué.
-¡Qué bueno que llamas Clara!- la voz de la hermana parecía extraña.
-¿Pasa algo?- me decidí a preguntar.
-Sí… vinieron unos hombres a preguntar por ti… les dije que no sabíamos nada de ti porque te habías ido a estudiar y al parecer me creyeron.-
-Hermana, ¿Crees que me quieren hacer daño?-
-No lo sé, Clara… tengo mucho miedo por ti… esos hombres no tenían un rostro agradable.-
-Hermana, por favor no te preocupes… ellos no saben en donde estoy. Además, en este momento soy una simple empleada de la casa Vandecoeur. No creo que den conmigo tan fácil.-
-Está bien, pero no subestimes tu suerte… cuídate mucho… y cambiando de tema, ¿Cómo te ha ido en tu trabajo?-
-Precisamente llamaba para contarte. La abuela Denise me recibió bien, pero quisiera que me dijeras si sabes algo de Sebastián Vandecoeur.-
-¿Sebastián Vandecoeur?-
-Sí, es el CEO de la casa Vandecoeur-
-No… lo único que sé es que hace mucho tiempo los Vandecoeur tuvieron unos socios, pero murieron en un accidente y dejaron dos hijos huérfanos. La familia Vandecoeur los acogió desde ese entonces.-
-¿Es decir que Sebastián puede ser uno de esos hijos?-
-Es muy probable, pero no te lo puedo asegurar…-
-Está bien hermana… debo irme. Estaremos en contacto-
Después de colgar con la hermana Madeleine tomé una ducha para pensar muy bien mi siguiente movimiento… debía lograr que me invitaran a la mansión. Seguramente encontraría allí muchas respuestas a mis dudas.
A la mañana siguiente me levanté temprano, pues casi no pude dormir. Fue un día largo en el que averigüé algunas cosas, pero también surgieron más preguntas. Al llegar a la casa Vandecoeur me dirigí directamente a la oficina de Sebastián. Toqué pero al no recibir respuesta decidí entrar. La oficina se encontraba sola en ese momento, así que aproveché para buscar alguna pista. Sebastián tenía en ella documentos de la casa de modas, pero nada que me interesara. Abrí uno de los cajones y encontré una foto de Sebastián junto con una mujer. Sin embargo no era la chica que el día de mi entrevista me recibió de mala manera… era una chica más joven, pero hermosa. Miré detenidamente la foto y algunos recuerdos se me vinieron a la mente. Me veía muy niña junto con otro chico de unos 12 años y otra niña más pequeña jugando en un espacio amplio. Yo la estaba empujando en un columpio y ella reía al igual que él. Sin embargo, mis recuerdos se vieron perturbados por una voz chillona.
-¿Qué haces aquí, mugrosa?- era al parecer la novia de Sebastián. No sabía qué decir, pero antes de que pudiera mencionar palabra alguna, la mujer me agarró del brazo y me tumbó al piso.- ¿Eres la amante de Sebastián?-
-No sé de qué hablas- fue lo único que se me ocurrió decir.
-Eres una zorra… ¿Cómo te atreves a quitarme a mi hombre?- En ese momento entró la abuela Denise y al verme en el suelo me ayudó a levantar.
-¿Qué haces aquí, Jessica?¿Quien te da el derecho a maltratar a mis empleados?-
-Abuela, es que esta… estúpida…-
-Mira Jessica, en primer lugar no me llames abuela que no soy nada tuyo y en segundo lugar, jamás, óyeme bien, jamás vuelvas a insultar a Clara… ¿Me entendiste?-
-¿Pero qué tiene esta… mujer?¿Por qué la defiendes tanto? No es más que una oportunista…- en ese momento apareció Sebastián e interrumpió a Jessica.
-¡Basta Jessica!-
-Qué bueno que ya estás aquí… así que te pido el favor que saques a tu novia de mi compañía … sabes muy bien que no es de mi agrado.- dijo la abuela muy molesta.
-No te preocupes, abuela- dijo Sebastián- Jessica jamás volverá aquí ni a nuestra casa… ya terminé mi relación con ella-
-Amor por favor hablemos…- suplicó Jessica.
-Aquí no hay nada de qué hablar- dijo Sebastián.
-¿Acaso me estás cambiando por esta… zorra?- la abuela Denise y Sebastián iban a replicar, pero yo intervine.
-Tú no me conoces como para que estés hablando de mí… soy una empleada de esta compañía y solo vine porque Sebas… el Señor Vandecoeur me citó temprano para ver mis diseños… no soy ninguna oportunista como así lo mencionas…- sin embargo, Jessica quiso atacarme pero Sebastián la detuvo.
-¿Estás loca? ¿Qué pretendías hacer?- dijo Sebastián.
-Ya fue suficiente… vete de aquí y no vuelvas- dijo la abuela. Jessica tomó su bolso y salió por la puerta de la oficina de Sebastián.
-Esto no se va quedar así- y entonces cerró de un portazo. De repente me empecé a sentir mal. Todo me daba vueltas, así que tuve que sentarme. Sebastián y la abuela me ayudaron.
-¿Estás bien, Clara?- dijo Sebastián. Se veía preocupado, algo muy extraño en él.
-Iré a solicitar un vaso de agua… ya vengo.- mencionó la abuela.
-Ya estoy bien. Gracias.- contesté.
-Será mejor que llamemos a un médico- agregó la abuela.
-Tranquila abuela- dije sin pensar. -perdón, señora Denise- me disculpé en seguida. Sin embargo la abuela Denise parecía sorprendida con mis palabras.
-¿Cómo me dijiste?- dijo ella, abriendo sus ojos grandes.
-Por favor, olvídelo, yo…-
-No… es solo que… no te sé explicar, pero me sentí muy bien cuando me dijiste así- yo apenas le sonreí… -Clara… ¿Te gustaría ir a mi casa a cenar después del trabajo?- aunque dudé mucho mi respuesta, al final acepté, afirmando con mi cabeza.
-Muy bien, ya está hecho… Sebastián te llevará- dijo la abuela, dirigiendo su mirada hacia Sebastián. - Debo irme… solo pase a saludar.- Enseguida, la abuela se despidió y salió de la oficina. Entonces, Sebastián tomó mis diseños.
-Nada mal, Clara… es una propuesta novedosa y fresca, además va acorde con lo que queremos.-
-Muchas gracias, jefe.- dije muy seria y profesional. Me levanté de mi puesto dispuesta a irme, pero Sebastián se paró en frente mío.
-Por favor, Clara… dejemos las formalidades. Llámame Sebastián- no pude evitar perderme en sus ojos. Eran iguales a los de aquel chico que apareció en mis sueños la otra noche y en mis recuerdos de hace un momento. Estaba segura de que conocía a Sebastián de toda la vida, pero me es difícil confiar todavía en él. De hecho, no puedo confiar ni en mi propia abuela, pues el vacío de su corazón lo había llenado esa extraña que ahora ocupa mi lugar.