Salí de la mansión Vandecoeur como si hubiese sido derrotada. Siento que no conseguí mayor cosa, salvo sembrar la duda en el corazón de Sofía sobre mí. No podía creer que estuve a punto de ser descubierta pero me lamenté el no haber tenido el valor de enfrentar a la impostora. Aunque pensándolo bien, creo que no es el momento de que la familia Vandecoeur sepa que ella no es quien dice ser.
-Oye, otra vez estás como ida… ¿Es común en ti ser tan callada?- me preguntó Sebastián mientras manejaba hacia mi triste y solitario apartamento.
-Perdón…¿Me decías algo?- le dije saliendo de mi trance.
-Te pregunté que cómo te había parecido la mansión.-
-Es una casa muy linda y elegante… quisiera preguntarte algo, pero no quiero ser imprudente.-
-Adelante, pregunta lo que quieras- Sebastián me dio la confianza para preguntar algo que rondaba en mi cabeza desde que vi a Sofía.
-¿Por qué no han hecho nada para que Sofía vuelva a caminar?- Sebastián borró su sonrisa del rostro. -Te lo pregunto porque ustedes tienen mucho dinero y supongo que pueden pagar cualquier especialista para…-
-Ella no quiere volver a caminar- Sebastián me interrumpió, pero aún así no entendí sus palabras.
-¿Qué quieres decir con eso?-
-Hemos hecho todo lo posible para ayudarla, pero todos los doctores que la vieron nos han dicho que ella no tiene ningún impedimento físico para volver a caminar… es como si su mente estuviera bloqueada o simplemente olvidó cómo hacerlo. Luego nos dijo a la abuela y a mí que ella era feliz así… nunca lo entendí. Aunque tengo la impresión de que algo me oculta…-
-¿Por qué piensas eso?-
-A veces la veo pensativa, muy seria y en ocasiones la veo llorando. Cuando trato de acercarme me oculta sus lágrimas y cambia mucho su actitud, así que no he podido descubrir que es lo que la tiene así… las cosas empeoraron cuando llegó… Ana y se me hace muy extraño porque Sofi y Ana eran muy unidas, parecían casi como hermanas. Sofi sospecha que… olvídalo.-
-¿Sospecha que ella no es Ana?- me atreví a decirle. Sebastián guardó silencio un rato.
-Ya llegamos - dijo finalmente. Quería saber más, cuáles eran sus sospechas y por qué, pero no quería ser imprudente, así que decidí bajarme del auto.
Sin embargo, sentí la mano de Sebastián sobre mi brazo izquierdo. Él me miró detenidamente… su mirada paralizó mi cuerpo y no pude moverme. Poco a poco se fue acercando a mi rostro hasta que finalmente sus labios tocaron los míos. Suavemente soltó mi brazo y puso su mano sobre mi mejilla que estaba caliente. Así reaccionó mi cuerpo a su toque, deseándolo cada vez más. Fue el beso más delicioso que jamás alguien me hubiese dado, ni siquiera Erick había logrado lo que Sebastián logró en un instante. Sin embargo, tenía que parar esta locura. Sebastián era mi jefe y no podía tener ninguna relación en este momento… de un empujón detuve su beso y salí del auto despavorida. Entré corriendo al edificio, pero cuando me acerqué a la puerta del apartamento alguien me tomó por detrás…
-Te he estado observando… eres muy bella.- ¿Quién era este tipo? Y ¿De dónde salió? Mi respiración se volvió errática.
-Suélteme- le dije, ya casi ahogada. El tipo me tomó del cuello y me volteó. Estaba muy oscuro y por eso no pude ver su rostro. Entonces comenzó a besarme el cuello y comencé a sollozar. El tipo tocó mis piernas e intentó subirme la falda, cuando de repente sentí que alguien me lo quitó de encima.
-¡Maldito cerdo!- era Sebastián, quien me había seguido hasta aquí. -Lárgate y no te vuelvas a acercar a ella-
-¿Cómo te atreves a arruinarme la diversión?- dijo el tipo quien me miraba lascivamente.- el hombre se levantó y quiso golpear a Sebastián, pero este esquivó el golpe y lo empujó de nuevo al piso.
-Te dije que te largaras… llamaré a la policía y estarán aquí en un segundo- advirtió Sebastián, quien se veía imponente y seguro. El tipo se levantó y me amenazó.
-Esto no se va a quedar así… te volveré a buscar, perra- Sebastián no dudo ni un segundo para golpear al tipo, pero yo lo detuve.
-No vale la pena- le dije. -Entremos…- el hombre salió corriendo de allí y mientras tanto abrí la puerta. Sebastián parecía sorprendido de mi lugar de residencia.
-¿Es aquí donde vives?-
-Así es… espero que sea temporal- contesté con mucha pena.
-Pero esto es indigno… está lleno de humedad-
-Lo sé… es lo único que puedo pagar por ahora. Las hermanas reunieron dinero para sostenerme durante un mes, mientras recibo mi primer pago.
-Tu no puedes seguir aquí… ese imbécil puede volver y hacerte daño… empaca tus cosas que vienes conmigo- las palabras de Sebastián me tomaron por sorpresa.
-No me iré contigo… te agradezco lo que hiciste pero será mejor que te vayas-
-Ya te dije que no te dejaré aquí… - Sebastián insistió
-No necesito tu compañía… vete por favor.-
-¿Por qué no quieres aceptar mi ayuda?-
-Porque eres mi jefe y no está bien-
-Por favor… deja de lado las formalidades… no seas testaruda y hazme caso… es por tu bien.
-¡Ya te dije que no!- Entonces Sebastián se acercó a mí y puso sus manos en mis mejillas. De nuevo me miró con sus ojos cafés que me paralizan.
-Por favor, Clara… no quiero que te pase nada… ¿Comprendes? Hazme caso.- entonces y sin pensarlo empaqué mis cosas en una maleta. Realmente sentí a Sebastián muy preocupado por mí.
-¿A dónde me llevarás?- me atreví a preguntar.
-No te preocupes. Por ahora a un hotel… mañana hablaré con la abuela para pedirle su autorización y así puedas ocupar uno de los apartamentos de los Vandecoeur…- quise interrumpirlo, porque de ninguna manera iba a aceptar esa propuesta sin nada a cambio, pero Sebastián continuó -y antes de que digas algo, lo descontaremos de tu salario, así estarás más tranquila.- no tuve oportunidad de decir nada, solo aceptar su propuesta.
Durante el trayecto al hotel todo fue silencio. Se me vino a la mente el beso que Sebastián me dio… aún lo sentía en mis labios tan caliente como si estuviera sucediendo en este momento…
Llegamos al hotel y Sebastián me acompañó a registrarme. Había comenzado a llover muy fuerte.
-Solo hay una suite con una sola cama doble.- dijo la señorita de recepción.
-La tomaremos.- dijo Sebastián. Yo lo miré extrañada.-
-Esto es demasiado, Sebastián. No voy a poder pagar esto.- susurré.
-¿Quién te dijo que ibas a pagar? Los gastos corren por mi cuenta y ni te atrevas a negarte… ya está todo arreglado.- sin ninguna opción más que aceptar, tomé mi maleta y me dirigí hacia el ascensor. Sin embargo, Sebastián me siguió.
-Muchas gracias por todo…. Nos vemos mañana en la oficina- le dije al subirme al ascensor. Sin embargo, Sebastián entró antes de que se cerrara la puerta. -¿Qué haces?- le pregunté confundida.
-Nada, solo me aseguro de que mi empleada esté cómoda y no corra peligro.-
-Creo que no es necesario- le contesté.
-Te prometo que me iré en cuanto entres a la habitación.- nuevamente acepté la propuesta de Sebastián.
La habitación estaba muy oscura y no quería entrar. De repente se escuchó un trueno muy fuerte y un rayo se vislumbró por la ventana de la habitación. Quedé tan impresionada que tapé mis ojos con las manos. Sebastián encendió la luz de la habitación y poco a poco fue quitando mis manos que aún permanecían en mi rostro.
-No tengas miedo… aquí estoy- susurró. Sus palabras me transportaron hacia un hermoso recuerdo de mi infancia…