Jamás imaginé que me encontraría a la persona que menos quería ver en el mundo. Desde que salí del orfanato hace más de dos años y que dejé atrás mi pasado en ese lugar para olvidarme de lo que pasó allí, nunca pensé en que la volvería a ver.
En la oficina de Sebastián se encontraba de espaldas una mujer.
-Clara, qué bueno que llegas… quiero presentarte a Ana Vandecoeur, la heredera de la familia.- creo que mi rostro palideció al verla… era Nadia… ¡Nadia! Sin embargo, traté de disimular mi sorpresa lo que más pude para que Sebastián no lo notara. La cara de Nadia lo decía todo. Un poco de miedo, de confusión y de odio había en su mirada… rápidamente reaccioné y extendí mi mano hacia ella.
-Mucho gusto, señorita Vandecoeur.- Ella sonrió con sorna y de igual manera me extendió la mano.
-Mucho gusto… quería conocer a la persona que me reemplazó en el negocio familiar…-
-Ya le mostré a Ana tus diseños… se sorprendió porque son muy similares a los suyos.- agregó Sebastián. -Además, Ana también quiere aportar su opinión para la colección, así que ella nos acompañará en la junta la próxima semana.-
En ese momento, el celular de Sebastián sonó.
-Discúlpenme, debo contestar esta llamada.- yo lo miré con ojos de súplica para que no me dejara sola con Nadia, pero inevitablemente salió de su oficina.
-¿Qué haces aquí?- dijo Nadia tomándome del brazo.
-Tú eres la que me debe una explicación.- le dije con rabia.-Suéltame- Nadia me soltó y se sentó en el lugar de Sebastián. Yo me acerqué rápidamente. -¿Por qué tomaste mi lugar?-
-¿De qué estás hablando?-
-Yo soy la verdadera Ana Vandecoeur… me robaste mis cosas, el collar, la ropa, mis dibujos…- sin embargo, Nadia me interrumpió.
-Eso no es cierto…¿Quién te lo hizo creer? ¿las hermanas?- por favor… no seas tonta. ¡Mírate! No me llegas ni a los talones… nadie te va a creer que eres Ana Vandecoeur… no tienes ninguna prueba de eso… además, tú eres una huérfana que perdió a sus padres y no sabe quién es porque no tienes memoria…-
-¡Cállate y deja ya de mentir!-
-Yo soy la heredera de los Vandecoeur- dijo Nadia levantándose de la silla.-y ni tu ni nadie me va a impedir que cumpla mi objetivo.-
¿Qué pretendes con todo esto Nadia?¿Que te hice?-
-Quitarme lo que me pertenece…-
-No te entiendo…¿Por qué dices eso?-
-¿No te has dado cuenta el parecido que tenemos?- Es verdad… siempre me pregunté por qué Nadia tenía rasgos similares a los míos. -Es porque…-Nadia sonrió.-Te voy a dejar con la duda… no te diré nada.- entonces se acercó a la puerta y antes de abrirla, volteó su rostro hacia donde yo estaba.
-Ah, y si te atreves a decirle algo a alguien, o a sembrar la duda sobre mi origen, la hermana Madeleine y ese estúpido orfanato pagarán muy caro…- y dicho esto abrió la puerta y salió.
También quise salir corriendo de ese lugar, pero justo en ese instante llegó Sebastián.
-¿Qué te pasa? Estás muy pálida… ven, siéntate.- Sebastián me tomó de la mano y me sentó en la silla que ocupaba Nadia cuando entré.
-¿Ana te dijo algo? ¿Te hizo sentir mal?- preguntó Sebastián, quien se sentó a mi lado.
-No, solo que me impresionó el parecido que tiene conmigo… tenías razón.- soy una tonta… no debí haberle mencionado eso… ahora sembré más la duda en él porque en ese momento guardó silencio.
-Quería concretar lo de la junta de la semana entrante.- le dije para cambiar de tema.
-Sí, pero antes de eso quería que supieras que ya hablé con mi abuela sobre tu situación… ella me autorizó para que te quedaras en uno de nuestros apartamentos, así que esta noche te acompañaré a instalarte.- yo solamente pude mover mi cabeza en señal de aprobación.
Aún estaba impresionada con las palabras de Nadia. No puedo creer que de esa niña tan amable que conocí cuando llegué al orfanato no quede nada. Tuve que aguantarme las ganas de llamar a la hermana Madeleine para prevenirla y me pregunté por qué meterse con ella… la conclusión a la que llegué es que la hermana es la única que sabe quién soy en realidad y puede dar testimonio de eso, aunque no sé qué tanto daño le puede hacer Nadia a la hermana y al orfanato estando tan lejos, pero no me puedo dar el lujo de subestimarla. Ahora ella cuenta con el dinero de mi familia y todo puede ser posible, así que es mejor tomar cartas en el asunto.
Después de hablar con Sebastián, subí a la terraza del edificio para llamar a la hermana con más tranquilidad. Muchas veces repicó el teléfono y nadie contestaba. Mi corazón se empezó a angustiar al pensar que algo malo les había sucedido. Dejé de insistir y no sabía qué hacer, hasta que mi teléfono timbró y era la hermana Madeleine. El alma me volvió al cuerpo de nuevo y rápidamente contesté.
-¿Clara?- una voz de mujer algo apagada me habló.
-¿Hermana Madeleine?¿Está bien?-
-Sí… no te preocupes… algo me decía que debía llamarte después de lo que pasó-
-¿Les pasó algo a las niñas o las hermanas?-
-No, afortunadamente todas estamos bien, pero hace poco recibí una llamada amenazándonos de muerte si te seguíamos ayudando.-
-Sé perfectamente de quién se trata- le dije a la hermana.
-No me digas que es…-
-Es Nadia… ella es quien se está haciendo pasar por mi, por eso robó mis cosas cuando huyó del orfanato con Erick.-
-Dios mío, Clara… nunca pensé que ella utilizaría todas esas cosas para engañar a la familia Vandecoeur.-
-Hermana, es mejor que no nos volvamos a contactar hasta que las cosas se calmen… Nadia planea algo, pues me insinuó que ambas teníamos alguna relación por nuestro parecido físico. Debo averiguar de qué se trata porque ella no me lo quiso decir.-
-Está bien, Clara… solo ten mucho cuidado con lo que haces… recuerda que te aprecio mucho.-
-Yo también hermana… por favor cuídense.-
Luego de colgar la llamada, bajé de la terraza directamente a mi oficina.
Pasaron las horas muy rápido y me sentía fatigada. Ya era tarde y estaba recogiendo mis cosas, pero de repente sentí la presencia de alguien detrás mío.
-¿Qué decidiste, Clara?¿Vas a ir conmigo al cine esta noche?- era Steve quien se estaba acercando demasiado. Sin embargo, en ese preciso momento entró Sebastián.
-Vamos, contesta su pregunta- dijo mi jefe, en un tono molesto.- Steve volteó a mirar y palideció un poco.
-Lo siento, no puedo aceptar tu invitación.. recordé que tengo otro compromiso.- le dije a Steve quien ya se había calmado. Luego, él miró a Sebastián y volvió a mirarme. Irremediablemente fue inevitable quitarle los ojos de encima a Sebastián…
-Ah, ya entiendo, pensé que tu interés por el jefe era solo laboral… ahora veo que es otro.- Contestó Steve.
-¿Disculpa?- le dije ofendida.
-Steve, no te voy a permitir que le faltes al respeto a una compañera de trabajo solo porque rechaza una invitación tuya. Ella no tiene la obligación de ir contigo a ninguna parte si ella no lo desea.- dijo Sebastián en un tono serio. La molestia que sentía cuando entró desapareció en un instante. -Ahora vete, y no te vuelvas a entrometer en sus asuntos personales.- Steve pasó saliva y en seguida salió de mi oficina. Estaba sorprendida de la manera en cómo me había defendido Sebastián.
-Gracias por…-
-No tienes por qué agradecer- me interrumpió mi jefe en un tono molesto. -Ahora tenemos que irnos. Tus cosas estarán en un momento en el apartamento.-
Durante el trayecto hubo un silencio rotundo. Sin embargo, no pude contener las ganas de averiguar el por qué.
-¿Pasa algo?- le pregunté a Sebastián.
-No- contestó sin mirarme. No quise insistir, pero en realidad su silencio me incomodó, tal vez porque ya estaba acostumbrada a oír su voz en el auto, mientras constantemente me perdía en mis pensamientos.
-¿Es… por la invitación de Steve?- me atreví a preguntarle finalmente. Sebastián frenó en seco su auto. Su vista aún permanecía al frente.
-¿Debería importarme?- me contestó fríamente. No quise responderle, pues me pareció absurdo que me contestara con otra pregunta, además, tiene razón. No tenemos una relación personal, solo empleada y jefe. Sin embargo,, lo que dijo después me dejó desconcertada.
-Pues sí y mucho-