Mauricio frunció el ceño, tratando de entender lo que su princesa le estaba diciendo. Lulú volvió a girar, para que él no lo viera, pues estaba conteniendo la risa. Para hacerlo sufrir más, levantó más el culo. Sabía perfectamente la imagen pornográfica que le estaba regalando a su papi., y disfrutaba de la confusión que le había generado. Entonces, él por fin lo entendió. Recordó nuevamente esa vez que se enteró de que la niña de sus ojos andaba haciendo pajas a su noviecito en plena plaza. Instintivamente, le había dado unas buenas nalgadas, cosa que solo sirvió para que la pija se le pusiera dura, igual que ahora. De eso ya habían pasado unos años. Pero desde entonces Lulú no había cometido ninguna travesura como esa. Al menos no una tan grave. Así que era entendible que, ahora que sab

