Lo dijo con ternura, pero también con un esfuerzo enorme por sostener el control. Sabía que si extendía un poco más ese momento, algo irreversible iba a pasar. Y sin pensarlo del todo, se estiró hacia ella. Fue un impulso, una necesidad. Le dio un beso en los labios. Simple, directo, sin permiso ni anuncio. Por primera vez, fue ella quien se sorprendió. Claro, de niña solía darle besos en los labios, pero ahora era diferente. No por el beso, sino por el gesto en sí. Por lo inesperado. Por la manera en que él, que hasta entonces se había mantenido en una cuerda tensa entre el deseo y la prudencia, de pronto se había lanzado al vacío. El beso duró apenas unos segundos. Pero el eco de ese contacto quedó flotando entre los dos como un perfume denso. Mauricio se arrepintió inmediatamente de h

