Capítulo 7

1037 Words
Georgia Sinclair Mis piernas no dejan de moverse mientras el taxi me lleva con Ronan. No estoy segura que esta sea la mejor idea, pero no tengo más opciones. Me sorprende que él no se haya pronunciado más estos últimos días, exigiendo su parte de ese trato que aún no firmo, porque me parece injusto, además de una trampa. Cuando le propuse que me ayudara a cambio del proyecto, no lo hice con la intención de tener sexo, solo de que me donara su e*****a. Él supo jugar sus cartas y yo fui la idiota, pero eso no puede seguir así. Ahora tengo una idea de cómo él se desenvuelve, caer de nuevo sería una gran estupidez. Aunque si soy sincera conmigo misma, malditamente sincera, tengo que aceptar que no lo tomé tan mal como debería. Ronan como amante es más de lo que esperaba, y con su aura ya esperaba mucho. Pero más que todas sus habilidades, lo que me sorprendió de verdad fue el hecho de que se ocupara de mí. No es un hombre egoísta en la cama, no aprovecha su posición superior a mí o privilegiada para darme una lección sobre tratos y mentiras. Un pensamiento fugaz de la última vez que tuvimos sexo pasa por mi mente. Cuando me subió a esa barra y me hizo gritar su nombre en contra de mi voluntad. De solo recordarlo mis mejillas se encienden, con vergüenza, y con más que no quiero reconocer. Él es dominante, lo demuestra cada vez, pero sus manos son dulces a la vez. Y eso me deja descolocada la mayor parte del tiempo. Sobre todo porque me frustra que con Jameson nunca fue así. Así de apasionado, intenso y brusco, sin rozar en lo borde. No es que pudiera esperar mucho de un matrimonio sin amor, por pura conveniencia, pero dentro de todo, llegué a convencerme de que debía mi vida a él y que no podía aspirar a más. Acostarme con su medio hermano es más que traicionar a mi esposo, es traicionarme a mí misma. Y de muchas maneras. Sacudo la cabeza y bufo para salir de esos pensamientos que nada aportan. En este punto de nuestra historia nada cambiará. Y yo tengo una misión. Quedar embarazada cuanto antes. Debería pensar en un discurso, algo que me permita soltarlo todo en cuanto lo vea. Porque si tengo tiempo de titubear, voy a girar en U en cuanto mis ojos se crucen con los suyos. —Estoy aquí porque tenemos un trato y necesitas cumplir tu parte. Aún no estoy embarazada y el tiempo corre… Un frenazo del taxi me hace estamparme contra el asiento del copiloto. Suelto una exclamación y miro al chofer con cara de pocos amigos. —Lo siento, señorita, ¿a quién le habla? Lo miro con poca paciencia. Pongo los ojos en blanco cuando le hago un gesto con la mano. —Evidentemente no es con usted, ¿o me debe un hijo y yo no lo sabía? El hombre abre mucho los ojos y me siento culpable por ser tan imbécil. ¿Será que se pega la actitud odiosa? Solo he pasado dos noches con Ronan, no debería. —Lo siento, no es mi mejor día. El chofer no parece querer disculparme, pero no hay nada que pueda hacer a eso. —Ya llegamos. Miro al exterior y veo el imponente edificio. Me olvido de todo cuando los nervios se apoderan de mí. Pago la carrera y me bajo antes de arrepentirme. Ya estoy aquí, no voy a huir. La entrada del edificio es un enjambre de personas cuando entro. Sé la influencia que tiene el imperio Calhoun, pero nunca lo había visto con mis propios ojos. Mi vida con Jameson y su familia se limita a mucho, diría que demasiado ahora viendo esto. Nunca se habla de Ronan en las cenas familiares, ni del hecho que ha llevado la destruida empresa de su padre fallecido a su antiguo esplendor, mientras ocupa también un puesto directivo en la corporación de los Sinclair. Es un hombre que sabe lo que hace, de eso no me quedan dudas. Y ahora que conozco sus formas, puedo afirmar que probablemente lleve siempre la batuta en los negocios, por eso se le da tan bien salirse con la suya. Pulso el botón directo al piso de la presidencia. No sé si me dejarán entrar o si apenas lograré acceder por el ascensor, sin embargo, respiro de alivio cuando comienza a subir. Veo los números rojos de cada planta pasar en la pequeña pantalla y retuerzo mis dedos para convencerme de que no estoy a punto de entrar en pánico. Las puertas se abren con un suave ding y casi me caigo de boca cuando doy el primer paso. Supongo que todavía esperaba no poder entrar. Al salir al inmenso recibidor, doy un vistazo a mi alrededor. Busco algo que me ubique y me diga hacia dónde debo dirigirme. —¿Puedo ayudarla? Una hermosa mujer de cabello rubio trigo y brillante me mira con curiosidad. Lleva en sus manos de perfecta manicura unas carpetas de cuero n***o y marrón. Viste un entallado conjunto ejecutivo de falda y chaqueta y no me pasan por alto los inmensos taconazos que la ponen a mi altura. Carraspeo cuando ella levanta una ceja, me imagino que próxima a exasperarse y mandarme al carrizo. —Necesito ver a Ronan Calhoun, pero no sé hacia dónde debo dirigirme. La mujer me mira con curiosidad, y su expresión se vuelve algo distante. —¿Tienes una cita? Me quedo en blanco en un primer momento, luego niego. —No, no tengo una cita, pero… —El señor Calhoun no atiende a nadie si no es con cita previa. Ahora es mi turno de levantar una ceja. —Pues eso cambiará hoy, porque necesito verlo, es urgente. Mi respuesta no le gusta, se le nota en la manera que endereza la espalda para verse por encima de mí. —Las putas con las que Ronan se acuesta no tienen derecho a exigir su presencia sin una cita, así que te aconsejo que no pases otra vergüenza. Yo soy su asistente, sé lo que digo. Lo conozco.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD