Decir que fue fácil darme cuenta que mí esposo no me conocía sería mentirme a mí misma.
El médico dijo que era un proceso largo dónde lo teníamos que acompañar, donde no lo podíamos forzar a recordar porque era contraproducente.
Franco se puso muy estricto en eso y empezaron los primeros roces, para el era fácil, para mí por supuesto que no.
Cómo me pedía que tuviera paciencia cuando cada vez que me acercaba a mí esposo me gritaba que me fuera y hasta tiraba cosas.
Empezó a tener brotes agresivos, según el médico eran producto de su desorientación.
Franco decidió internarlo en una clínica especializada en estás patologías y yo no pude oponerme, no lo podía hacer porque aunque me doliera yo ni siquiera me podía acercar a el, no sin que éste empezara a gritar o incluso tenía miedo que se lastimara.
El tiempo pasó, admito que es cruel y no perdona, todo seguía igual.
Val y Franco decidieron venir a vivir conmigo. Ellos no lo dicen pero se que tienen miedo que haga alguna locura contra mí vida.
Sé que me escuchan llorar por las noches, pero es que no lo puedo evitar, como superas esta situación?
Un día no aguante más y fui a visitarlo. Los enfermeros muy amables me llevaron hasta su habitación pero cuando me vio, otra vez estaba esa mirada fría en su rostro y cuando conecto sus ojos con los mios empezó a gritar, a tirarse el pelo y hasta tomó el despertador que estaba en su mesa de noche tirándole directo hacia mi.
Nunca note que tenía tan buena puntería, lo descubrí ese día porque me pegó justo en la frente, lastimándome.
Cuando nos dimos cuenta me comenzó a salir sangre de mi herida, fue ahí el momento en que se calmó, yo lloraba pero no por el dolor físico, era más mi dolor interno, no podía creer lo que estaba pasando.
Él me observó un momento - Lo siento. - dijo después de unos segundos de silencio. Se acostó en su cama y me dio la espalda.
Fueron los mismos enfermeros que entraron a tranquilizarlo los que curaron mi herida muy gentilmente.
Ese día me di cuenta que mí historia con él se había terminado, ese día entendí el dolor del final. Mí madre decía que todo tiene solución menos la muerte, ja! sabias palabras, yo sentía que ésta era mí muerte.
Cuando salí de la clínica decidí caminar, no sé cuánto tiempo lo hice, solo sé que en un momento empezó a correr viento muy fuerte y tuve que ingresar a un lugar con enormes puertas.
Donde más podía ser, era una iglesia. Caminé hasta el primer banco, no había nadie, me senté es éste y me empecé a reír irónicamente, mirando hacia el frente, encontrándome con el ser supremo que tanto rogué que me escuchara, por fin podía conversar a solas con él.
- Lo tenías que tomar literal. Si! no podías decir, está pobre infeliz ya sufrió demasiado cierto?
No! Creí que no me escuchabas pero no fue así, el señor me escucho! justo cuando desesperada renuncie a él. Antes estabas sordo y justo se te ocurre escuchar en ese momento. Y ahora qué hago?, tu dímelo porque yo ya no tengo en mente nada, ni siquiera siento tener vida.
- Porque? - me di vuelta rápido cuando escuché una voz.
- No se meta en conversaciones privadas -le dije bruscamente mientras me levantaba del banco. Cuando lo observe bien, ahí estaba el mismo cura que estuvo en el hospital.
- Usted - lo señalo - da consejos terribles, yo lo escuché y ahora mí vida se derrumbó.
Porque su jefe - digo señalando el cielo- era sordo y me escuchó justo cuando no debía hacerlo - no pude evitar llorar cubriendo mi rostro con mis manos.
- Hija por qué mejor no te tranquilizas y me cuentas que sucede. - dice con voz calmada mientras acerca a mí y me rodea con sus brazos, me atrae hasta la banca de nuevo sentándose junto a mí.
- Mí esposo - comienzo a contarle todo. El me escuchó con tanta atención que debo reconocer sentí paz, paz que no recordaba ya hacía más de un año.
- Y por qué él está enfermo y no te recuerda, piensas que es porque Dios te escucho en un mal momento?
- Si, quien más, no me escucho en meses y cuando lo hace, salió todo mal. - suelto con tristeza.
- Hija, yo creo que estás invadida por tus sentimientos y eso no te deja mirar más allá. Tu esposo está enfermo, necesita tiempo y estoy seguro que ese amor que se tienen es el soporte que van a necesitar para pasar por este obstáculo. El elige a sus mejores soldados para que lleven un poco el peso de la cruz de Jesús. - dice, tratando de reconfortar mi mente.
- Eso no me está ayudando en nada en estos momentos.
- Hay hija, necesitas ser paciente, por algo suceden las cosas. No te voy a convencer, verdad?
- No, ahora mis esperanzas están muertas.
- Entonces qué te parece si tomamos una taza de té y me sigues contando, de paso puedes llamar a alguien para que te venga a buscar.
-Esta bien, tiene algún libro de exorcismo?
- Porque necesitas eso? - me mira con sorpresa.
- Porque cada vez que me ve mí esposo empieza a gritar como si yo fuera el anticristo.
Suelta una carcajada- que ocurrencia niña, anda llama a alguien, te espero.
Así fue como terminé tomando un té con el padre de esa iglesia hasta que llegó Val a buscarme.
No puedo negar que me sirvió conversar con él, quizá era esa paz que llevaba necesitando meses atrás.
- Hija - me llama justo al ir saliendo - recuerda que cuando se cierra una puerta, se abre una ventana.
Yo solo pude soltar una media sonrisa asintiendo para después subir al auto con Val.
- Y ahora que está pasando? - me pregunta ella muy preocupada.
- Nada, ahora está todo normal.
-Seguro?, Llamaron a Franco, sabemos lo que pasó. ¿Cómo estás con eso?
- Supongo que esté detonante fue el cierre que necesitaba, el ya no es el mismo con quien me case Val.
Está perdido en algún lugar de su mente y no lo puedo ayudar, solo el tiene la llave.
- Y que piensas hacer?
- Seguir el consejo que me acaban de dar.
Val toma mí mano - Sabes que eres la hermana que nunca tuve, voy a estar para ti siempre, en todo y contra todos.
- Si lo sé. - así emprendimos el viaje a la gran mansión dónde vivíamos.
Cuando llegamos y antes de bajar del auto sostengo su mano por lo que ella fija sus ojos en mi - Val, necesito que llames a los de limpieza y les digas que tengan en condiciones mí oficina.
- Bien - murmura - y eso por que? - noto la sorpresa en su rostro.
- Porque es tiempo de volver, es tiempo de retomar mí vida, amiga.
❤️❤️❤️