Seis meses habían pasado desde que no volví a escuchar su vos, a sentir sus caricias, a ver sus ojos.
Mí vida se resumía en ese gris total que la invadía.
A mí esposo lo pasaron a una sala común luego de estar un mes en la unidad de cuidados intensivos y a pesar de todo, ese tiempo el no reaccionaba. Estaba en coma, según el médico en cualquier momento despertaría. Por eso estoy prácticamente instalada en el hospital, no me quiero ir porque no se en que momento el abra sus ojos.
Ya le he rezado a Dios y a todos los santos que puedan existir y no pasa nada.
Ayer pasó un sacerdote cuando salí de la habitación, me saludó y me dio conversación. Me dijo que mis tiempos no son los mismos que los de Dios pero ya sería hora que vaya aflojando, no?
Cuando uno tiene a una persona enferma, internada y siente esa angustia de no tener la solución, es cuando te aferras a todo, porque necesitas creer que hay un ser supremo que tiene escrito algo o que por algo suceden las cosas. Pero al final del día cuando todo queda en silencio, ni siquiera esa fe te ayuda a qué no te derrumbes y llores. Llorar, hasta no poder más, porque no puedes cambiar el destino, porque no se puede volver el tiempo atrás, porque no puedes sanar mágicamente a la persona que tanto amas y con la cual tenías el proyecto más grande de tu vida, el de formar una familia, de tener hijos que gritaran y desordenaran la casa, de llevarlos a la escuela, ir de vacaciones, de sentarte en la playa a mirar cómo juegan con la arena mientras él amor de tu vida te susurra al oído lo feliz que es.
Todo se derrumbó.
Y es aquí donde le das sentido a las cosas más pequeñas, donde te das cuenta que eras igual de feliz porque te regalara un caramelo que una caja del chocolate más caro, donde era igual tomar el vino más fino que un vaso de agua y todo porque, porque era en su compañía.
La discográfica está en manos de Val y Franco, yo no tengo cabeza para eso, la poca energía que tengo ahora está puesta en el, en cuidarlo. No me importa nada más.
Hoy es un nuevo día, ingreso con mí café a la habitación.
- Hola amor, perdón, me demore porque la cafetería estaba llena. - le susurro a mi esposo postrado en esa cama de hospital. - Hace un rato vino Val pero no entro porque estaba apurada, hoy tiene que presentar las nuevas canciones para Esmeralda, canta con la voz de un ángel y ya tiene que sacar un nuevo álbum.
Pero mira lo que me trajo, una crema nueva para que te haga masajes, después de desayunar y que pase la enfermera por su ronda te la voy a colocar. - lo miro con el mismo amor, y no obtengo ninguna respuesta, el médico dice que me escucha. Y me aferró a eso.
Desayuno a su lado, le cuento cómo está el día mientras hago algo que hacía mucho no hacía, junto mis manos cierro mis ojos y hablo con el receptor de mis súplicas, que aunque en mí interior siento que está sordo, lo vuelvo a intentar.
- Dios no sé si existes o no, hace mucho que te hablo y no me contestas - mis ojos se llenan de lágrimas - pero si me estás escuchando por favor traelo de vuelta a mí, ya duele demasiado y hay días donde siento que ya no puedo ni respirar. Por favor solo traelo, estoy dispuesta a renunciar a él con tal de que vuelva. No se cuanto tiempo hable con Dios que sin darme cuenta me quedé dormida junto a la cama de mi marido.
No sé cuánto dormí, solo empecé a sentir una caricia en mí cabello y luego en mí mejilla, sonreí porque ese tacto me recordaba a él. Abrí mis ojos y lentamente levanté mí cabeza.
No lo podía creer, ahí estaban esos ojos que amaba mirándome.
Pero… todo siempre tiene un pero, el se asustó y empezó a gritar, gritó tan fuerte que llegaron las enfermeras y el médico sólo para sacarme de la habitación pues lo tenían que revisar.
Cuando salí, a pesar de estar en shok lo primero que hice fue llamar a Franco quien llegó en quince minutos junto a Val. Los médicos estuvieron más de una hora revisándolo.
Luego de ese tiempo nos dejaron pasar, le habían puesto un tranquilizante pero estaba despierto.
Entramos los tres y cuando vio a Franco le abrió sus brazos, mientras lo abrazaba extendió sus brazos para que se uniera Val a este emotivo momento.
Yo los miraba y mis lágrimas salían solas, no podía ser más feliz, por fin el había vuelto, para mi ese abrazo lo decía todo éramos una familia unida.
Cuando se soltaron pude notar como no era la única, en ese cuarto de hospital todos llorábamos.
Me acerqué despacio y cuando el volteo a mirarme, su mirada me lo dijo todo,
no tenían ese brillo, mí brillo, era fría.
En ese segundo solo suplique que por favor no dijera lo que no quería escuchar, era la súplica en mí interior.
- Quien eres? - preguntó el.
Y mí mundo se terminó de caer.
- Fuera! - grito hacia mí - es un momento familiar!
Franco no sabía que hacer, solo me miró y yo solo acerté en dar media vuelta y salí de esa habitación con mí mundo destrozado y casi llegando al inframundo.
❤️❤️❤️