Desperté y me di cuenta que nuevamente estaba en la cama de Alan. Tenía un olor tan varonil en las sábanas que me encantaba. Comencé a escuchar voces un poco lejanas, Alan debía estar con alguien en la cocina seguramente. Me levanté despacio y abrí un poco la puerta para escuchar bien de qué hablaban.
No era prudente salir en ese momento porque no sabía con quién estaba y además se podía mal interpretar que estuviera vestida con su ropa. Aunque honestamente no me importaba, soy adulta, no tengo que esconderme ni dar explicaciones a nadie. Aun así por esta vez no voy a ser tan imprudente, pero si chusma, sentía la necesidad de saber con quién y de qué hablaba.
Al asomarme un poco me di cuenta que era Franco el que estaba ahí hablando con él, eso llamó mucho mí atención y quería saber más, ¿de que podrían estar hablando este par?
- Me dijiste que estás adelantando trabajo en el sector sur. - dice Franco
- Si, la tierra ya está en muy buenas condiciones, esta semana empiezo a colocar las rosas.
- Bien, eso me parece bien. Debes armar el mejor rosedal amarillo. No entiendo de flores pero me puedes pedir lo que sea y te lo traigo, también mejora todos los jazmines. Todo debe quedar perfecto
- Hey tranquilo - suelta Alan con un poco de diversión - no confías en mí trabajo? Ya vas a ver cómo Val queda encantada con ese detalle.
-Cuando mencioné que era para Val?
-Y si no es para ella, para quien? - puedo escuchar que pregunta Alan.
-Eso no importa - corta Franco - solo debes poner el mayor esfuerzo y amor en tu trabajo. Dicen que las plantas sienten eso, entonces haz tu mayor esfuerzo. Clara ama las rosas amarillas y va a estar encantada.
- Clara? No me gusta meterme en las vidas ajenas pero… ¿tienen alguna especie de relación de poliamor o tienes sentimientos ocultos con ella?
- No seas idiota - responde rápidamnte Franco - Clara es prácticamente mí hermana, la amo pero como mí hermana.
Ella ha sufrido mucho y no se lo merecía, es la mujer más increíble que puede existir, claro después de Val.
-Porque mejor no me hablas de Clara.
Franco lo mira de manera sospechosa -Y desde cuándo tanto interés? Solo haz lo que te pido. Y por favor te mantienes lejos de la casa mayor.
Esto tiene que ser una sorpresa.
- Claro, claro. Así será.
Franco se da vuelta y comienza a caminar hacia la salida, pero se detiene antes de abrir la puerta.
-Alan, vas a conocer a Clara, pero necesito que esté terminado el jardín, su jardín de rosas amarillas.
Clara es muy importante para mí y para Val. Ha sufrido mucho porque la vida no le hizo el camino fácil y cualquier hombre sería muy afortunado en tener una mujer como ella en su vida. Ya lo vas a entender cuando la conozcas.
Aunque ahora me tengo que encargar de un tipejo que seguro se quiere aprovechar de ella, la debo cuidar, tu haz tu trabajo y ponle el máximo esfuerzo y amor en eso- finaliza Franco y sale de la casa.
Abro la puerta de la habitación y voy al encuentro de Alan.
Su cara muestra sorpresa y alegría - Hola! ¿Te despertamos? - Me pregunta mientras besa mí frente.
- Si, pero no importa. Ya tengo que ir al trabajo.
- Y dígame mí pequeña damisela, mientras desayunamos me puedes contar quién es el tipejo del cual Franco te debe cuidar?
Mí risa es muy ruidosa y logro contagiar a Alan quien ríe a la par mía. Me salen hasta lágrimas y me duele la panza de tanto reír.
- Si me haces un café te cuento todo. - digo aun riendo un poco.
- Trato echo -. me extiende su mano y yo la tomo como si hubiésemos cerrado un negocio extraordinario.
Decido romper el silencio qué se formó mientras preparaba mi café - Ayer antes de ir al trabajo encontré sobre mí auto un ramo de rosas amarillas - Le digo sin mirarlo, también sabía que había sido él quien las dejó.
-Que buen gusto tiene la persona que dejó las rosas ahí,- dice de forma burlona mientras me entrega mi taza.
- Buen gusto por las flores o por mí.?- pregunto pícaramente.
- Por ambas- Me dice en un tono tan firme.
Sonrió - Un hombre inteligente sin duda. El punto es que me las lleve y las puse en mí escritorio.
Me regala una sonrisa - Mujer inteligente, así cada vez que levantes la mirada de acuerdas del hombre inteligente.
- ¿Me estás coqueteando?
- No lo voy a negar, me gustas.- respondió sin titubeos. No esperaba esa respuesta, pero mí corazón late tan rápido que siento que se puede salir de mí pecho.
Alan se acerca a mí, y deja un pequeño beso en mis labios.- Vamos a desayunar.
Caminamos hasta la pequeña isla, corrió una silla para mi y después se sentó a mi lado. Sentía la necesidad de aclarar las cosas.
- Franco vio las flores en mí escritorio y no se porque se ha creado una historia en su cabeza, a pesar que nunca le dije de dónde venían las flores, se formó su propia idea.
- No lo puedo creer, solo se ha creado una idea errónea.- Me dice arrugando su entrecejo y con media sonrisa dibujada en su cara.
- Digamos que tampoco hice mucho por aclarar el mal entendido. Eso fue después de decirle que voy a iniciar los trámites de divorcio de mí esposo, no le cayó del todo bien la noticia, así que al parecer se le juntó todo. Por un momento pensé que le iba a pegar a las flores.
Alan solo reía, y eso me estaba haciendo.. feliz?
¿Cuánto hacía que no sentía ese sentimiento al iniciar el día? Ni siquiera lo recuerdo.
- Creo que lo mejor es vernos en secreto por ahora. Tomando en cuenta que soy un tipejo- hay diversión en su voz por supuesto y esta situación sí qué lo a echo reír.
Bebo un sorbo de café - No suelo darle explicaciones a nadie pero me parece bien. - ambos nos dedicamos una sonrisa cómplice y así fue que llegamos a un acuerdo.
No sentía las ganas de irme, me sentía plena y ligera en ese lugar así que me quedé contemplando por un momento a Alan y mi mente no dejaba de pensar ¿será posible? ¿será mí ventana?
Necesito respuestas y se a quien debo recurrir.