Habían pasado cuatro días desde aquel encuentro con Alan, y esta mañana al llegar a mí auto sobre este había un ramo de rosas amarillas. Sabía que había sido él así que no dude en traerlas a mí oficina y le pedí a mí secretaria que me buscara un jarrón con agua para colocarlas en mí escritorio.
Sonreía como tonta y sentí que la angustia que cargaban mis hombros se había soltado un poco.
Un simple detalle me alegro el día, a pesar que dijimos que íbamos a ser amigos o al menos eso pretendemos.
Sacudo mi cabeza - En qué estoy pensando - digo en un susurro para mi, me estoy apresurando tal vez pero me hizo sonreír y eso ya era mucho para como la he venido pasando últimamente.
El sonido de alguien tocando a la puerta me saca de mis ideas, inmediatamente después ésta se comienza a abrir. Ahí estaba Franco, entrando triunfal con una gran sonrisa.
- Hola Clarita, aquí estoy, reportándome. - Su tono alegre sin dejar esa sonrisa me hace reír, él también tenía ese poder de sacar sonrisas en mí cara.
- ¿Cómo les fue? Y Val, donde está?
- Val se quedó en casa porque se sentía cansada - dice sentándose en una silla frente a mi escritorio - aparte, no tenía mucho que hacer hoy en la oficina, así que le dije que se quede a descansar. Y bueno,respondiendo tu primer pregunta, nos fue muy bien, no dejaba de sonreír.
- Me alegro que les haya ido tan bien. Se lo tenían más que merecido ese descanso. - desvío su mirada encontrándose con las flores, qué ahora están en un jarrón.
- ¿Quién te envió estas flores? - pregunta señalandolas.
Me fue inevitable sonreír al girar a mirarlas.
- Fue un amigo.- me limité a responder sin quitarles la vista de encima.
- ¿Y esa cara?. - su tono era serio ahora - Clara, te recuerdo que eres una mujer casada y que tu esposo es mí hermano. - su ánimo se había desvanecido.
Lo observe de inmediato ante su comentario - Y yo te recuerdo que él no sabe quién soy y la última vez que lo vi fue capaz de tirarme con un objeto y lastimar mí frente. - digo señalando ésta - No me he olvidado, cada mañana cuando limpio mí rostro me es inevitable no ver la pequeña cicatriz y recordar ese momento. - Mi voz sonó un poco dura para ese entonces. Tal vez sentí que por primera vez me estaba juzgando sin ponerse en mi lugar.
-Franco este es un tema que por mucho tiempo hemos retrasado - continúe hablando. Tenía que dejar claras algunas cosas ahora.- Quizá fue mi cobardía y cuando trato de sacar el tema, tu lo esquivas, pero ya es momento de ser realistas. - hice una pausa y tomo aire para poder decir lo siguiente - Tengo que solicitar el divorcio, ya no puedo estar casada con alguien que no sabe que existo, es más la última vez se puso tan mal , tan agresivo, que me di cuenta que mí presencia lo molesta.
Lo amo, pero no puedo seguir aferrada a la ilusión que algún día vuelva a mí.
- Clara estás equivocada, él está mucho mejor, ya no tiene esos arranques. Él ya está bien. - se apresura a responder.
- El me recordó?
Baja la mirada - No - rodea el escritorio para quedar frente a mí - pero sé que con el tiempo lo hará. No puedes tirar todo por la borda, tienes que recordar todos los momentos que viviste con él, los planes. - luce desesperado por convencerme - ¡¡Por Dios, querían tener hijos!! - grita.
Me safo de su agarre y camino hacia la pequeña sala en mi oficina - Lo estás planteando de una forma en la que parece que soy la villana que lo abandonó y no fue así! - comienzo a hablar un tono más fuerte también - Simplemente di un paso al costado porque si estaba cerca le hacía mal. - me giro a mirarlo - ¿Cuántas veces me viste o me escuchaste llorar? ¿De verdad piensas que esto es fácil para mí?
Si el esta mejor, le estaría regalando la posibilidad de ser feliz y de encontrar alguien que le traiga paz.
- El solo te necesita a ti - habla ya más calmado.
- Por favor déjame sola, tengo mucho trabajo que hacer y mí desición ya está tomada.
-Solo piénsalo, date una última oportunidad con el. No sé quién es el tipejo que te mando este arreglo, pero si estoy seguro que no le llega ni a los talones a mí hermano.
Enojado sale de mí oficina, yo solo suelto el aire en un suspiro.
-Si tan solo supieras, no es un tipejo, y él volvió ha hacerme reír .- susurro.
Me quedé hasta tarde en la oficina, fui la última en irme cuando ya era de noche. El camino se hizo un poco largo, había tenido un día pesado.
Llegué a casa y desde la puerta ya sentía el silencio, Fran y Val vivían en la misma casa pero estaban en un ala distinta, por lo cual a veces solo nos encontramos para alguna comida.
Decidí no entrar, preferí caminar hacia el lugar donde hacía unos días me había dado paz.
Cuando llegue toque la puerta y Alan me abrió, su reacción fue inmediata con una sonrisa de oreja a oreja.
- ¿Te interrumpo? - pregunto un poco apenada pensando que no fue buena idea venir así, sin una invitación.
- Para nada, por favor pasa. Estaba terminando de preparar la cena. ¿Ya cenaste?
- No, no cene todavía, recién llego del trabajo.
- Cenamos juntos entonces?
- Me encantaría. - digo con una sonrisa.
-Mmm todavía le falta un poco a la cocción, te quieres duchar antes.
Me toma por sorpresa su pregunta.- No traje ropa para cambiarme.
- Eso se arregla fácil. Ven veamos en mí ropa que te puedes poner para que estés cómoda. - lo veo entrar a su closet regresando con una remera, un boxer y un pantalón. - Te van a quedar grandes pero vas a estar cómoda. - dice con una sonsera entregándome la ropa, dejándome a solas para tener privacidad y darme esta ducha qué tanto necesitaba.
Termine de ducharme, seque mi cuerpo y cabello, me cambie con la ropa que me había prestado Alan. Me queda algo grande la verdad, pero acepto que es cómoda y lo mejor de todo es que la ropa huele a él. Me apresuro para salir a la cocina y poder cenar, cuando llego me sorprendo de ver la mesa ya lista. De inmediato Alan nota mi presencia levantando la mirada para observarme como un depredador. Esta ropa me queda enorme, no puedo parecerle atractiva, ¿o si?
Su voz interrumpe mis pensamientos- Te estaba esperando para servir. - dice con su típica sonrisa que me vuelve loca.
Me abrió una silla para sentarme y me sirvió pollo y arroz. Acepto que este chico es bueno en la cocina porque estaba delicioso. Comimos en silencio pero no era un silencio incómodo, se sentía bien, se sentía paz.
- Y bien, ¿qué pasó? - Pregunta Alan rompiendo el silencio qué se había formado.
Mi vista se posa en él - ¿ A qué te refieres? - pregunto confundida.
- Tienes el brillo apagado, algo sucedió.
Suspiro soltando el aire y la tensión de todo el día. Me levanté y caminé hasta una pequeña baranda de su patio.
- Hoy fue Franco a mí oficina y tuvimos una discusión. No estoy acostumbrada a discutir con él.
- Siempre hay una primera vez. - dice tomando un poco de su copa.
- Es que él no me entiende, le pedí el divorcio. - digo aun dándole la espalda.
- Pero no es Val la que está casada con él?.
Comienzo a reír por la confusión de mis palabras, no le había dicho bien las cosas.
Me giro para observarlo cruzada de brazos - Si, es Val su esposa, yo estoy casada con alguien al que él quiere mucho y... no le cayó bien que le diga que me voy a divorciar.
- Entonces eres casada. Estás en pecado. Después de todo lo que hicimos.
Pongo los ojos en blanco y camino hacia el.- No, no estoy en pecado porque hace mucho que estamos separados. - comienzo a explicar.
- Que paso. ¿Me quieres contar? - me extiende una copa de vino a la par que
Me da su mano y me lleva a una especie de banca con almohadones que tenía afuera donde nos sentamos. Desde ese momento me transmitió tanta paz que le conté todo lo sucedido.
- El tuvo un accidente, y producto de esto me olvido.
- Te olvidó?
- Si así como suena, estuvo mucho tiempo en coma y cuando se despertó ya no me recordaba.
- Debió ser duro.
- Si, - digo pensativa - desde que ingresó al hospital no me moví de ahí cuidándolo. Y luego el destino nos jugo esa mala pasada.
- qué pasó después? - pregunta con interés en mi historia.
- Nada, absolutamente nada de lo que esperaba que pasara. Solo que el tiempo pasó y yo no formaba parte de sus recuerdos, es más si me acercaba él se ponía mal y empezaba a gritar.
No lo pude soportar verlo así y ser yo la culpable de esos ataques.
El me miraba sin interrumpir, tan solo prestando atención.
- La última vez que fui, me lastimó. Ves está cicatriz en mí frente - digo señalandola - me la hizo el. Me tiró el despertador que estaba en su mesa de noche. - Mis ojos se comienzan a llenarse de lágrimas. - Ese día decidí que lo tenía que soltar, el amor es eso también, soltar por el bien del otro y yo no le hacía bien.
- Cuánto hace de todo eso?
- Dos años. Dos años que él me olvido. - Comenzaron a caer mis lágrimas.
- No pequeña no llores, - acorta la distancia para poner su brazo sobre mis hombros acercándome a él- Nadie qué te haga llorar te merece, nunca te mereció.
- Me podrías abrazar un poco más fuerte por favor. - cerró sus brazos y me atrajo más a él, me sentó en su falda, manteniendome abrazada como a un niño.
- Pequeña no se que decirte. Solo.....ese hombre es un estúpido y si lo tuviera frente a mí le pegaría hasta que te recuerde.
Empecé a reír por esa ocurrencia suya y a la vez sentía lo cruel que podía ser la vida.
- Y cómo llevas eso? - pregunto después de un poco de silencio
- Con trabajo, mucho trabajo. Eso me ayuda a no pensar porque el trabajo ocupa todo el tiempo.
El problema es cuando llegas y no hay nadie esperándote o los fines de semana. Se que llorar no arregla nada pero es inevitable en algunos momentos.
- Y porque Franco está enojado, él debe haber sido testigo de tu sufrimiento. - dice mientras acaricia mi cabello.
-Porque el tiene la esperanza que mí esposo me recuerde.
No se habló más del tema, Alan solo me siguió abrazando, sin cuestionar nada.
Me sentía tranquila en sus brazos, no me di cuenta en qué momento pero me dormí ahí, en ese calor humano que tanto necesitaba.
❤️❤️❤️