Capítulo 3: Loca por mí.
【Jack Pritzker】
Me siento súper raro, el no tener sexo cada noche que era cómo el pan de cada día, es extraño no tenerlo, antes anhelaba salir de vacaciones para poder dejar de tener sexo a cada rato cómo un puto conejo, pero ahora que mi pichula está descansando gracias a la desgracia que he sufrido, es raro no utilizar el palo para golpear a la mujeres con ganas.
Una de las cosas de vivir solo es que tú tienes que encargarte de todo de la casa, pero cuando estás en este estado es muy difícil hacerse cargo, levanto mi trasero del sofá y con ayuda de mis muletas voy hacia la nevera.
Siento mi estómago crujir como desquiciado, por lo que decido atenderlo, abro la nevera y solo hay un queso a medio comer, un cartón de leche, lo tomo para leer la fecha de vencimiento, ya venció hace un mes no me parece tan malo así que lo abro para olerlo y unas ganas de vomitar se hace presentes, porque solo tengo más queso.
Reviso la parte de arriba de la nevera solo hay un envase con hielo, exhalo muy frustrado porque no he hecho las compras en meses porque sí, me gusta comer en la calle, pero tampoco pensé que estaría tan grave en la casa.
—Viste, por andar puro en la calle del hambre, comprándole esas hamburguesas al señor Alberto, que tiene una magia en los dedos y en las carnes de las hamburgueza. — Me riño mentalmente que al mismo tiempo recuerdo esas hamburguesas del señor Alberto, suspiro por aquella magia, me voy con la leche para el bote de la basura que queda en la cocina y lo tiro sin prevención alguna. Observo como cae hasta el bote al impactar salpica todo el pote y se salpica todo mi yeso.
—¡Desgraciado!. — Exclamo enfadado, voy hacia el mesón que está cerca de la cocina a gas e intento limpiar mi yeso, eso lo logro, pero ahora tiene un olor a queso arrancio.
Decido irme de la cocina, voy hacia mi habitación y en la cómoda que está cerca de la puerta tomo mi billetera, algunos billetes para el auto bus, abro mi billetera para verificar que mis tarjetas estén allí y lo están, la cierro, me coloco en mi bolsillo trasero, tomo firmemente mis muletas y voy hacia la puerta principal donde tomo mis llaves y abro la puerta
—Buenos días Jack, ¿Cómo amaneció?. — Inquiere mi vecina fastidiosa Amaranta, que está loca por mí, no me logro explicar cómo es que entro a mi porche sí en las residencias donde yo vivo está prohibido entrar sin el consentimiento del dueño. Pongo mi mano en mi cuello y me lo acaricio, la miro con el ceño fruncido.
—Buenos días Amaranta, amanecí con los ojos cerrados. — Le esclarezco la verdad, ella se echa a reír camino unos cuantos pasos hacia el frente, para darle un momento la espalda, cierro la puerta con llave me dirijo fuera del porche con ella persiguiéndome. Deseo que no lo haga, sin embargo no soy un mal caballero y sin importan cuanto desearía que no estuviese aquí la espero a que este al lado de mí.
—Por eso me encanta estar contigo, tratas muy bien a las mujeres, lo que me lleva a preguntarme… — Me aseguro de que me haya alcanzado y comienzo a caminar hacia la acera para ir saliendo de las residencias, vaya que me queda tres manzanas por recorrer.
—¿Tú tienes pareja?, porque desde que te conocí jamás he visto una chica o chico a tu lado. — Inquiere cruzando su brazo con el mío, a juro me tengo que detener porque ando con las muletas, le miro desfavorecido, aplastando un pocos los labios, suspiro por la mala pregunta que acaba de hacer.
—Mi orientación s****l es heterosexualidad, así que me gustan las mujeres solamente… («Aunque he hecho cuartetos por el negocio y solo me enfoco en la mujer»)… sin embargo, una cosa así se pregunta estando de más confianza. — Le aconsejo antes de que meta la pata con otra persona, la miro a los ojos y parecen brillarle, eso es una mala señal, así que frunzo el ceño y retorno a caminar hacia la salida de las residencia.
—Vaya no la había pensado antes de ese modo, pero no me contestaste la pregunta, señorito Jack. — Me reprocha y odio cuando me llama así por lo que detengo mis pasos de golpe y sin poder evitarlo la fulmino un poco con la mirada.
—Mi empleo no me deja tener relaciones amorosas, aunque he tenido un par de novias a lo largo de mi vida, ahora le pregunto yo a usted, ¿Por qué la pregunta?. — Le interrogo un poco fuera de mis cabales, sintiendo que esto no lo haría un caballero, ella me mira desconcertada por mi tono altanero, se vuelve un poco nerviosa.
—Bueno es que… Solo me preocupaba porque te veía solo y un muchacho tan lindo como tú no creería que andaría solo, te iba a preguntar cómo estabas porque no te había visto en días. — Se excusa, no obstante, no tengo pruebas para desacreditarla por lo que me siento aún más culpable, por alzarme, comienzo a caminar ya cansado por todo el apuro que tenía reduzco la velocidad.
—Oye, ¿Qué te pasa?, ¿Es por el yeso?, sí me dejas podría llevarte a donde necesites. — Se ofrece, no sería caballero de mi parte de aceptarle, es un código moral que tengo desde que me criaron desde pequeño, donde supuestamente mi padre me enseñó que es lo que debo hacer y que es lo que no debo hacer.
—No sería caballero de mi parte, aceptar…— Me interrumpe antes de que siga parloteando.
—No importa ya en varias ocasiones me has demostrado de que eres un caballero así que acepta, ¿Adónde tienes que ir?. — Ya no tengo vuelta atrás, me apena mucho ahora decirle que no por lo que asiento con la cabeza y ella sonriente, me toma del brazo nada más con su mano y me guía hacia su casa que justo estamos en su manzana.
Pasamos algunas casas y veo su mansión sorprendiéndome la razón de que por qué ella está sola o incluso podría estar ocultando algún esposo o ex esposo. No divago mucho en ese tema, me deja en la acera y Amaranta entra con rapidez, abre su auto, lo enciende y lo saca de su garaje hacia la calle.
Me acerco para ayudarle con su portón, lo tomo y sin darme cuenta ambos lo bajamos, una escena romántica para ella e incómoda para mí. Camino hasta la puerta de enfrente del copiloto y saca el seguro para que yo la abra. Maniobrando me subo a la parte de adelante, cierro la puerta y me pongo el cinturón.
—Ahora bien, déjame bajar las ventanillas mientras que me dices adónde vas. — Me insiste cuando maniobra el volante de un lado a otro. Ya que me está haciendo el favor creo que se merece la verdad.
—Tengo que hacer las compras de los víveres porque he descuidado mi nevera, solo tengo queso en ella. — Ella se echa a reír de mi explicación, no entiendo muy bien cual es la gracia, tener puro queso en la nevera no es gracioso si tienes hambre, ahora que lo recuerdo tengo hambre.
—No me puedo imaginar que puedes hacer con tanto queso. — Resopla mientras que se sigue riendo.
Veo como salimos de las residencias, nos despedimos del vigilante George, al final el súper mercado más cercado queda a un poco lejos, como a veintidós paradas de autobús, creo que lo estoy redondeando mucho.
Tal vez exagere, Boston es algo fría por lo que las personas prefieren tener auto para no esperar en la parada de auto bus y no pasar frío. Recordándome que tengo que comprarme un auto. Gracias a la vía rápida que tomo Amaranta llegamos velozmente a la acera del súper mercado, toma la palanca de mano para aparcar un momento al lado de la acera, yo sonrío agradecido.
—Muchas gracias Amaranta por traerme hasta aquí. — Le agradezco con otra sonrisa de boca cerrada y ella suspira.
Le quito los ojos, porque no me gusta ilusionar a las mujeres en mi vida personal, a mí nada más me gusta que las mujeres tenga las expectativas altas es cuando trabajo porque siempre las rebaso. Pensando no es de caballeros ser prostituto, más me divierte mi trabajo, aunque es cansado tener que ser alguien completamente distinto a ti en las noches.
—¿Adónde vas?, yo también voy contigo. — Me aclara bajándose del auto, por lo que abre la puerta de golpe y me bajo también a la velocidad que puedo. Camino hacia ella juntos vamos hacia el súper mercado. «Esta mujer así como está parece que fuéramos madre e hijo o que ella me estuviera asaltando la cuna a mí».
Entramos al súper mercado y toma un carrito, cosa que debería ser yo. Pero se lo dejo pasar porque tengo las muletas; paseamos por los pasillos y selecciono los víveres que tengo que comprar, así veo a un hombre que se me hace muy familiar en la sección de alcoholes, hasta que me mira no.
Me percato de que es Luke. Finjo que no lo conozco porque esta es la otra regla, no mezclar trabajo con vida personal, le veo otra vez y eso le vale pichula a él, viene con una gran sonrisa y me saluda, se acerca mí y me palmea la espalda.
—Bro, ¿Cómo estás?, wao días sin verte ya sé porque es, dime, ¿Ella es tu mamacita?. — Inquiere de una buena vez, yo frunzo el ceño, le miro mal. Eso no se hace, más si está al frente de una mujer.
—Ella es mi vecina Amaranta, Amaranta Luke, Luke Amaranta. — Observo que con desagrado Amaranta le extiende la mano a Luke, este la toma y la besa. Me dan ganas de reírme por la expresión de ella, más le indico a Amaranta de que todo lo que puse en el carrito, eso es todo Así que ella se adelanta y pasa hacia la caja, la perseguimos a paso lento.
—Bro, no me importan las reglas de nuestro empleo, pero tengo algo que decirte y me vas a recibir en tu casa si o sí. — Me advierte, ya no sé qué esperar de este día.