Capítulo 5: Metro.

1952 Words
Capítulo 5: Metro. 【Jack Pritzker】 Ahora estoy subiendo al metro con mis muletas, busco un asiento cercano a la puerta para cuando llegue a mi estación no me pierda entre tanta gente y quede sin salir y me quede hasta la otra estación, cuestión que me ha pasado varias veces por no aprender la lección. Lastimosamente se sienta al lado de mí un señor muy voluptuoso, que casi se sienta sobre mi pierna así que por acto reflejo me muevo más hacia la izquierda dejándome media nalga afuera del asiento, resoplo frustrado por la inmensa incomodidad que siento. Veo donde me puedo sentar y dejarle todo el asiento al hombre. Al frente de nosotros hay un asiento vacío por lo que me levanto con cuidado, usando mis muletas y camino unos pasos, me siento, examino a mí alrededor y aún estoy cerca de la puerta. Eso me tranquiliza. Siento como al lado de mí, se hunde el asiento y casi se me sientan en la pierna otra vez. «¡Vamos viejo!, no puede ser otra vez». Volteo y es una mujer que por su apariencia es muy delicada, no sé, cómo describirla, más bien me pregunto por qué estaría viajando en el metro sí ella parece ser de una familia pudiente, por su forma de vestir es lo único que puedo decir. Es tan hermosa que no sé por qué se sentó al lado mío, la miro más detalladamente como la estoy viendo de lado tiene un bonito perfil, al ver su cabello supongo que es un rubio cobrizo, viste de una manera formal muy formal y por su postura rígida creo que es una persona seria, veo de nuevo su rostro y es de facciones finas. «¡Jack!, ¿¡Qué te pasa!?, no la sigas viendo recuerda que no puedes interesarte por nadie». Me riño para mis adentros por lo que bajo la mirada rápidamente, aunque mis ojos van hasta donde está ella, me percato de que tiene tres pequeños lunares delicados que forman una especie de triángulo en su brazo derecho. «Jack, pero estás sicótico hoy». Me vuelvo a reñir, como tengo las piernas abiertas entre ellas tengo mis muletas por lo que las acerco más e intento apoyarme en ellas, exhalo por todas las ganas de seguir viendo aquella hermosa chica. Me prometo a mis adentros que es la última vez que la miraré, así que llevo mis ojos hasta donde está ella y por unos instantes posa sus ojos mieles en mí, su mirada es muy intensa y por instinto suelto aire por la boca, ella sube su mirada. Remojo mis labios sin saber que significó, todo lo poco que acaba de pasar, jamás había recibido una mirada así de una mujer que no me conozca y eso que me han mirado muchas mujeres desconocidas de distintas maneras. Creo que de todas las posibles miradas está es muy peculiar, escucho cómo se va deteniendo el metro, junto la voz del conductor anunciando que ya hemos llegado a una estación, pienso una vez más en lo que acaba de anunciar el chofer, es mi parada, es mi estación, más no quiero bajarme. Quiero seguir estando aquí, con ella, exhalo una vez más abatido por la elección que tengo que ejercer, así que me levanto, me acomodo sobre mis muletas y camino hacia la puerta que se abren dándome una bienvenida no tan satisfactoria que digamos. Paso a la estación y me obligo a voltear, porque mi mente me dice incesantemente que no la volveré a ver, así que volteo y me está viendo. No lo puedo creer, me le quedo viendo todo el tiempo que puedo, hasta que se cierran las puertas y nuestro intercambio de miradas. Suspiro derrotado viendo cómo se va el metro de la estación. «Olvidado, solo es un amor pasajero de metro, a todo el mundo le ha sucedido eso, mejor enfócate en que tienes que ir a donde tu familia y siempre es un grano en el culo verlos desde que te fuiste». Vuelvo a gritarme, más prefiero pensar en sus ojos, porque creo que son la cosa más hermosa que he visto en todo el día, también para borrarme de la memoria la manera tan extraña de dormir de Luke en el sofá, pareciera que lo hubieran atropellado el día anterior. —Hombre, quítese. — Escucho gruñir a una voz femenina por lo que volteo y una horrible casualidad se hace presente ante mis ojos porque es mi hermana menor, a la que amo y puedo testificar que es la única que me apoya. —¿¡Oye, tú qué haces aquí!?, ¿¡Cómo sabías que estaría acá!?. — Le interrogo muy impactado por su aparición, ella con una bonita sonrisa no se puede hacer esperar y me abraza, paso una mano por su espalda alta la aprieto todo lo que puedo. —Te he seguido, recuerda que por un mensaje hace unos meses te pedí encarecidamente que me dijeras donde vivías para no seguirme preocupando de que estuvieras bajo un puente por lo que me llevaste hasta allá y cómo escuche a mamá llamándote porque después estaba cabizbaja aproveche y quise darte una sorpresa. — Habla con su rapidez, que desde que aprendió a hablar, habla sumamente rápido. Normalmente habla con un tono acelerado pero, entendible, no obstante, cuando se emociona mi cerebro tiene que ir a mil kilómetros por segundo para captarle lo que quiere decir, ya con este entrenamiento, sonrío y le entiendo perfectamente. —Te entiendo, mi peque dime ¿Cómo está Jeanci?. — Pregunto por mi hermano menor que es el último de nosotros porque estoy yo, Jane y Jean que siempre será el pequeño bebé de la casa que desde que me fui me guarda rencor por dejarlo “Allí tirado con telarañas”, como dice él. —Muy bien a salido más de su habitación a socializado más con personas, lo veo más feliz desde que le empezaste a llamar, pero bueno pregúntale cuando lleguemos, además también te traje algo, mientras vayamos donde Robert para subir al auto. — Pone su mano en mi espalda, vamos hacía las escaleras que nos llevan de nuevo sobre tierra, a unos metros veo a Robert que es el guardaespaldas de la familia. Es callado, pero nos caemos bien, con esfuerzo llegamos hasta estar al lado del auto, saludo a Robert dándole la mano, abre la puerta por nosotros, dejo que mi hermana entre primero, se acomode y luego entro yo, meto las muletas al voltearme me tiene sorpresivamente una caja no tan grande. Con una sonrisa memorable me la entrega y la recibo, un poco culpable de no traer nada por lo menos a ella, porque pensaba constantemente en la furia que me causa mis padres. Antes de abrirla prefiero cerrar yo la puerta del auto, me estiro y lo hago, porque me siento lo suficientemente princesita, por ahora. La miro y está serena esperando a que abra la caja, así que lo hago está llena de dulces, algunas cartas que presiento que están escritas a mano. Siento como el auto arranca y veo unos segundos al parabrisas para verificar que sea así. —¡Feliz cumpleaños, Jacky!, no lo pude celebrar contigo así que te tengo esto. — Me felicita con mucha emoción dejándome sin palabras porque ni siquiera yo recordé mi cumpleaños, que pensándolo mejor fue hace dos semanas, intencionalmente me perdí ese día, evite todas las llamadas y todas las personas que se trataron de contactar conmigo incluyendo a mi familia. Porque después de irme de la casa odie todo. Más ahora por ella y por Jean, lo celebraré, así que la abrazo con toda mis fuerzas, le acaricio la espalda alta, le beso el cabello, me separo de ella y le doy un beso en la frente, ella pone una mano en mi mejilla y se ríe. —¿Qué?. — Pregunto divertido, mirando cómo se aleja más de mí, reviso la caja y busco los dulces más apetitosos como chocolates y caramelos de leche, los comparto con ella, hasta le ofrezco buscar en la caja y toma algunos dulces. —Estás lagrimeando. — Asevera comiéndose un dulce, yo sonrío porque cada vez que la veo de esta manera, después de ser tanto tiempo, siempre termino lagrimeando. —Bien, espero que leas las cartas que entre Jeanci y yo te escribimos, deberías ver más a Jeanci que es él que te extraña más podrá tener dieciséis, pero él igual te extraña como un pequeño consentido. — Me aconseja y ladeo la cabeza, empiezo a compartir los dulce con ella, guardo algunos para Jean, que de seguro me llevaré una sorpresa cuando lo vea. Es que ese chico es impredecible, a veces tiene gusto de verme y a veces no. Observo por la ventanilla del lado donde está mi hermana justo estamos llegando a una parte del camino que solo hay vegetación por ambos lados, exhalo porque una presión se hace presente en mi pecho y unas ganas de soldarme en el auto las acompañan. Después de rodar varios metros adentrándonos a la propiedad privada, observamos a lo lejos una mansión que gran parte de mi vida la compartí allí, entre tantos pilares y paredes altos, Robert estaciona el auto frente a la casa y abre la puerta del lado de mi hermana, yo abro mi puerta y posiciono las muletas, salgo. Pero, antes de irme saco la caja y mi bolso, cierro la puerta, subo la mirada, mi hermana me espera así que apresuro el paso, llego a su lado; yéndonos los dos hacia la casa a paso lento, por mi desgracia de hace días. —No me has dicho lo que te pasó en el pie. — Sentencia Jane, señalándome el yeso, exhalo porque nada más por correr sin precaución me hice tan semejante lesión. —Bueno, unos hombres con barrotes de metal me perseguían porque me querían robar, así que corrí y me caí al final les soborne, nada más el único acontecimiento negativo fue mi tobillo doblado. — Le explico la verdad a medias y cubriéndola con otras cosas porque no quiero decirle que soy prostituto, por esa razón me perseguían, no quiero decepcionarla. —Ves hijo por esa razón y otra más queremos que vuelvas otra vez, pero más independizado por supuesto. — Esa voz imponente y varonil como la mía hace que voltee, es mi padre el Señor Pritzker, se acerca a mí con los brazos extendidos, me envuelve con ellos. Sonrío forzadamente, es bueno volverlo a ver, más no acepto su oferta ya deje en claro lo que iba a hacer. —Querido déjalo entrar a la casa, le quitas el aire. — Demanda la obvia voz de mi padre, él se aleja de mí con una sonrisa y se la devuelvo, mi madre aprovecha y me envuelve con sus brazos dejo que dure todo lo que ella quiera porque no quiero hacerla pasar un mal rato y se separa de mí. Todos me dan la bienvenida, por lo que puedo decir ahora, vamos hasta adentro de la casa y busco con la mirada a Jean que le debo unas disculpas a lo lejos a penas en el salón que está la puerta que da hacia la cocina allí y lo veo. Así que sin importar lo que estén hablando mis padres camino con la rapidez que puedo hacia allá abro la puerta y está junto a Ashley la cocinera, sonrío y me acerco a él poniendo la caja enfrente ofreciéndole dulces. —Tenemos que hablar, pero mientras esto lo guarde para ti. — Le aclaro veo una sonría en su rostro.
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