"LA CHICA DE LOS CINCO"
Tic, tac, tic.
La vida es increíblemente trágica cuando las cosas se te salen de las manos.
No había sucedido nada con Uriel, creí que me besaría, una llamada de Gisela entró y él se separó de mi. Solo recibí una sonrisa y salió de mi campo de visión, después de eso él solo se fue y yo comencé a evitarlé la mirada cobardemente.
Pero después de esos días mi vida comenzó a cambiar y mi suerte desapareció por completo, podría decir que la ley de Murphy iba ganandome por diez mil puntos.
Conseguí otro empleo que perdí prácticamente él mismo día—Dos en cuatro días—lo consideré un récord... Más no positivo.
Nunca había creído por completo en la ley de Murphy, pero esta se burlaba fríamente en mi rostro mientras una cosa, tras otra, tras otra comenzaban a salir mal, era cómo una especie de juego que no era capaz de entender ni de jugar. La mala suerte, ganaba.
Caminaba por las frías calles de Clifford, confundida, agobiada, buscando un trabajo, puesto que, el dinero iba disminuyendo cada vez más, aquel finiquito, y no quería tomar el dinero que había estado ahorrando. Pensaba en regresar a California, pero… No quería hacerlo.
Junto con que, le habría prometido a Drey que haría lo posible por conseguir otro trabajo, pero las puertas de cada local se iban cerrando en mi rostro.
Tampoco sabía cómo es que Gisela había descubierto que perdí mi empleo, eso me agobiaba. Pero me había hecho prometer que si no tenía suerte o algo que me atará a Nueva Jersey, volvería.
Hacía un par de cuadras atrás habría visto a uno de los gemelos siguiendo mis pasos, más no habría dicho nada, creía que era coincidencia así que gire en un par de cuadras, cómo un baile o vaivén y cada una de ellas estaba en sus pasos, me estaba siguiendo y no tenía ya dudas de ello.
Comencé a disminuir mis pasos, para caminar hacía él, valiente, intentando enfrentarle.
Enfrentar a uno de los cinco, que inteligente.
—Es demasiado tarde para que estés en la calle sola, ¿No crees? —Me dijo apenas estuve frente a él—, Es una ciudad peligrosa.
—Peligrosa—, Repetí, él asintió—, Pues no lo sé. Tengo a un guardaespaldas, parte de los cinco que me sigue desde hace unas cuadras—Chasqueo mi lengua, para verle directo—, ¿Guillermo?
—Gilberto—, Aclaró su garganta, me dedique a aplanar mis labios—, Las calleas a esta hora, son peligrosas, pero, eso lo sabes, ¿Qué no?
—Parece ser. Los cinco me han seguido los últimos días—, Le señalé con burla, para suspirar—, Eso, ¿No me da acaso inmunidad?
—Inmune al peligro—, Alargo, asentí—, No creo que funcione así.
—Ya—, Dije, para comenzar a caminar, el siguió mis pasos—, No me hace sentir mejor lo que me dices, para ser honesta.
—No lo hago para que te sientas mejor.
Coloqué mis ojos en blanco, por uno o dos minutos caminé en silencio, con él a un lado de mí, haciendo que me colocará de los nervios, me detuve y le miré con los ojos entrecerrados.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Adelante—, Dijo deteniéndose frente a mí—, Te escuchó.
—Últimamente han estado muy cerca de mí, pisando mis talones, ¿Por qué? —Directo al grano, le reté—, ¿Por qué me siguen? ¿Algo en específico? ¿Algo en especial?
Se quedó callado, pareció meditar en las palabras que le dije, coloqué los ojos en blanco, con la paciencia agotándose. No mentía con lo que le dije, después de lo que paso con Caleb en el restaurante, Uriel lo hizo en la cafetería, Guillermo me había estado siguiendo y Gael, cercanos. Esta situación me tenía desconcertada, mareada, demás…
—Te equivocas—, Mintió velozmente, alce mi ceja, haciendo una mueca—, Nosotros no…
—No soy tonta, Gilberto—, Le interrumpí, para suspirar—, No son discretos, además, sólo quiero saber el por qué.
—Ah, pues—, Suspiro, pasando sus manos por su cabello oscuro—, Algo en especial, que no es de tu incumbencia.
—Entonces, quiero que se alejen de mí—, escupí con enojo—, No los quiero acosándome, eso es raro. Son raros, es anormal, me molesta y asusta. Lo que hacen da miedo y…
—Hey, Julieta, detén tu carro—, Me frenó, para bufar—, No da miedo, te protegemos, es por tu bien.
—No necesito que me protejan.
—Lo necesitas. Es peligroso estar sola.
En su rostro, parecía demostrar que se encontraba completamente convencido ante ello, pero no quería indagar ante ello, así que quería pensar un poco más a fondo, los cinco, parecían ser peligrosos.
—¿Y estar con los cinco malos? ¿Eso es mejor que estar sola? —, le señalé. A lo que él encogió sus hombros—, Ustedes me siguen, eso asusta.
—Te explicaré...
Pensaba, a mi parecer, los que parecían en un lugar incorrecto eran Gael y Guillermo, conocía un poco aquella historia de ellos, ellos eran los listos, las cabecillas de la organización, sabía que Gael estaba ahí por una venganza, después de que su novia muriese…
—¿Responderás a mis preguntas? —Le dije—, Por ejemplo, algo me querían decir el lunes, estaban ahí, los cinco—, Le señalé.
—Es curioso, pensé que eras dulce, y ahora pareces agresiva.
—Gilberto—, Advertí.
No era dulce, ni agresiva, estaba confundida.
Me miró, para mirar hacía el cielo, entremetiendo sus manos en los bolsillos de su chaqueta de cuero, chasqueo su lengua y suspiro.
—Lo que pasa…
Se quedó callado por un par de segundos, hasta que su celular sonó, cómo si fuera una campanilla que lo salvaría, lo saco y le miró, para decirme “—Espera”, así lo hice, trato de pensar en lo que quisieran decirme, en el interés que estaban poniendo los cinco en mí, me colocaba de los nervios. Me hacía sentir extraña, ajena a mí cuerpo.
Estaba agobiada.
—Sí, estoy con ella—, Pauso por un par de segundos y alzó las cejas—, No, ¿Acaso crees que soy idiota? Eso déjalo para Caleb.
Sonreí de lado ante su comentario.
¿Cómo es que todo esto comenzó?
Cinco chicos malos…
—Sí, esta bien, se lo diré—, Contestó para colgar.
—¿Problemas en el paraíso? —, Bromeo, el sonrió de lado.
—Que chistosita—, Bufó, para ver la pantalla de su celular—, Estás de suerte, han aceptado decirte.
—¡Sí! —, Dije en voz alta, mi rostro se colocó en rojo apenas lo noté. De los labios de Gilberto salió una carcajada.
—Parece como si hubieras ganado algo—dijo divertido para pasar su brazo por mi hombro—, Jamás te pregunté, ¿Cómo llegaste aquí? —. Preguntó, comenzando a caminar.
—En avión—, me encogí de hombros burlesca—, Hace un par de años—. Confesé.
—Ya, sí. Eso es obvio—, dijo rodando los ojos—, Porque... ¿Venir a un pueblo tan pequeño? —. Interrogó.
Un pueblo tan pequeño. Clifford si era un pueblo pequeño en Nueva Jersey, lejano a California, parecía el lugar perfecto para irme de casa…
—Me gusta aquí—. Le dije, con una sonrisa de lado.
—¿De dónde vienes en exactitud? —, Preguntó con curiosidad—, No pareces ser de un lugar cercano.
—California—, Carraspeo, para seguir sus pasos, parecía que me llevaría a casa.
—Pues una chica tan guapa como tú, pudo haber sido modelo, actriz, ¿Por qué huir de allá?
Justo en el clavo. Pensé.
—Me gusta Clifford. Aquí vivía mi tía antes, ella siempre hablaba de lo mucho que amaba Nueva Jersey o eso recuerdo—, Chasqueé mi lengua.
—¿Y tú tía? ¿Se mudó?
—Murió—, me quedé callada por unos segundos—, De hecho, aquí, en Clifford.
La mamá de mi prima, Katherine. Esa niña era una dulzura, creció y se hizo una nerd, pero popular, le iba bien en la preparatoria Watson, en California, Kyara y ella se llevaban bastante bien, aunque Kyara y ella no solían de hablar de lo que pasaba en esa escuela.
—De verdad lo siento.
Asentí. Me preguntaba, si la historia de los cinco habría sido la que los llevó a eso, sabía de rumores, los gemelos, por la muerte de su hermana…
Seguimos nuestro rumbo, para llegar al departamento de Uriel, miré hacía Gilberto, nunca había entrado aquí, era lo mas cercano a estar en su vida, ser su vecina, entrar en esa casa, era seguir cruzando la línea.
—Tienes que entrar—, Dijo apenas abrió la puerta, le miré—, Tranquila, caperucita, no hay lobos cerca.
Chasqueo la lengua, para verle de reojo, no dije nada más, me adentré y pude ver cómo el aroma de perfume de hombre inundaba el lugar, se encontraban tres de los cinco aquí, con un par de planos, y cerveza.
El aroma que predominaba, era el de Uriel, claro, era su casa.
Los chicos se encontraban sentados en aquella sala negra de cuero, cerraron los planos, dejando sus cervezas en la mesa de centro, de cristal.
—Puedes sentarte, si lo deseas—, Menciono Guillermo, para ver hacía mí—, ¿Acaso tienes miedo?
Miedo a los cinco, eso, es lo más lógico, para ser honesta.
Relamí mi labio, para sentarme, más no mencioné absolutamente nada.
—¿Quieres una? O un trago—, Ofreció Guillermo—, Soy bastante bueno haciendo bebidas.
—Gracias, no—, Sonreí incómoda—, ¿Qué tienen que decirme? Es demasiado misterio, para ser francos.
—Bien, Julieta Caroline Morgan, ¿Te preocupa que? ¿Los cinco? Creí que al ser amiga de Drey te pegaría aquello del desdén hacía nosotros—, Alargó Caleb, fruncí las cejas, para verle, después mis ojos se desplazaron a Uriel, quien se adentró al departamento, sacudí la cabeza—, En fin... Ya sabes nuestros nombres, ¿No es así?
—Ah, sí. Ajá…—Regresé la mirada a Caleb, analizando lo que acababa de decir. Gael abrió los ojos a par y también lo miró—, Uhm… ¿Cómo sabes que me llamó Caroline Morgan? —. Pregunté confundida.
—Eh—, Alargó Guillermo, mirando a Gael.
—Ustedes cada vez son mas raros, más extraños—, Enfaticé, me iba a levantar, pero Gael me tomó del brazo—, Gael—. Advertí.
—Tu lo has dicho—, Se río incómodo Gael—, En fin…
Repasé, claro que no se los habría dicho, ¿Quién rayos se presenta con todo su nombre? A menos de que estemos en el instituto, pero no era el caso.
—No, no es cierto—afirmé en tono autoritario—, ¿Por qué lo saben? ¿Me siguen? ¿Acosan? ¿Acaso saben mi tipo de sangre?
—No seas ridícula Julieta. Tenemos explicación de todo—, Interfirió Guillermo, para seguir viendo a Gael, parecía que sólo ellos dos se entendían.
—Adelante, ¿Cómo saben mi nombre? Todo mi nombre.
—Tú lo dijiste—, insistió Gael—, ¿Qué crees que somos? ¿El FBI? ¿La CIA?
—Como sea, continúa...—intenté disimular mi enfado—, ¿A qué viene todo esto?
Uriel se sienta frente a mí y me mira penetrante, nuestras miradas se mantienen unidas hasta que soy incapaz de mantenerla, pues me pongo tan nerviosa que seguramente me veía patética. La separé y regresé a los gemelos quienes se miraron con complicidad.
—¿Lo viste? —se mofó Guillermo—, Derraman miel.
—Necesitan un babero, para toda la baba que salen de sus labios—, Se burló Gilberto—. Hechos uno para el otro.
—Ya... La van a espantar—se burla Gael para soltar un suspiro. —Queremos que seas nuestra amiga—, Continúo—. ¿Qué dices?
—Eso no se pide—, Dije alzando una ceja. —Las cosas suceden.
—Bien, nosotros no somos normales, ¿Quieres ser nuestra amiga? —insistió Gael. Miré a cada uno de ellos.
— ¿Dejaran de seguirme y espiarme?
— ¿Eso no es lo que hacen los amigos? —, Se burla Guillermo.
—Cállate Guillermo—, Le dice Gael.
—No, no lo hacen.
Se quedan callados y miro sus reacciones, se miran entre ellos, pero nadie dice nada, callados y sospechosos, siento que me ocultan algo, pero no tengo como demostrarlo, Uriel termina asintiendo a lo que terminan bufando todos, era curioso la complicidad y la conexión que tenían los cinco, cómo si se conocieran de toda la vida.
—Pues ya que—, Murmura Guillermo—, Entonces, ¿Amigos?
—Seamos amigos, bien…—, Suspiré.
—Perfecto—, Sonríe Guillermo—, ¡Genial! Tenemos de amiga, al cubito de azúcar de la ciudad.
—Y ya que somos amigos...—, Comienza Caleb. —Ayúdame a salir con Drey.
Lo miro y hago una mueca, no confiaba completamente en él, y ella era mi mejor amiga desde hace cinco años, no podía confiarle su corazón, así como así. Sin embargo, Drey gustaba de él o, mejor dicho, era su crush desde hace mucho tiempo y había terminado su relación con Luke, tenía toda la libertad de estar con él.
Y seguramente Drey me mataría si se llegara a enterar de que arruine una posible relación con el amor de su vida.
—Te ayudare a enamorarla. —, Asiento. A lo que un vitoreo sale de los labios de Caleb—Pero si le rompes el corazón te mato.
—¡Venga! Que es de las mías—dice en tono divertido Gilberto—, ¡Eso chica!