Alana, sumida en una devastación interna, se esfuerza por sostener una sonrisa mientras comparte la cena con sus padres y su prometido. A pesar de su deseo ferviente de poner fin a todo, comprende que las circunstancias no le permiten hacerlo. La promesa de su padre y los posibles problemas derivados de cancelar el matrimonio la mantienen atrapada en una red de decisiones difíciles. Aunque sabe que sus padres no la obligarían a hacer algo en contra de su voluntad, la unión propuesta es vital para fortalecer a la familia y protegerse de los amenazantes Romanov, quienes acechan en las sombras, listos para atacar en cualquier momento. Para Alana, esta carga no solo recae sobre ella; se trata del bienestar de Aídan y Amina, de sus hermanos, de la preservación del núcleo familiar frente a adve

