Toqué la puerta principal y, una empleada la abrió, se hizo a un lado y me dejó pasar. —Hola, ¿Esta mi padre?— Pregunté. —Está en la sala con su esposa— Respondió la empleada. Caminé hacia la sala sin anunciarme, no quería correr el riesgo de que mi padre se negara a verme. En la sala estaban mi padre, Ronald, y su esposa, Bianca, como había dicho la empleada. Ambos estaban sentados con copas de vino en la mano. Levantaron la vista al mismo tiempo y se congelaron al verme. —Buenos días —dije, con la voz más neutral que pude. —Azucena —dijo Ronald, visiblemente sorprendido. —No esperaba verte. Me crucé de brazos. —Yo tampoco esperaba que pudieras estar casi un año sin buscarme. Sin una llamada, sin una palabra. ¿Cómo puedes vivir tan tranquilo? —He estado demasiado ocupado —dijo

