Mientras lloraba sonreí a la vez. —Vamos a mi habitación, ahí te explicaré lo que está pasando— Le dije con mi caja en manos. —Claro— Dijo con amabilidad. Caminamos hasta mi habitación, mientras íbamos de camino no podía dejar de sonreírle y mirarle como una hija a su padre. Abrí la puerta y rápidamente entramos. —No entiendo qué está pasando —me dijo ya un poco desesperado. Saqué las fotos de la caja y se las mostré. —¿Por qué tienes fotos mías? —preguntó sorprendido. —Porque estaban en esta caja que me dejó quien creí que era mi padre… Ronald. Él se quedó en silencio, no entendía como mi padre pudo dejarme fotos de él. —¿Una foto mía?. —No solo eso —continué. —Esta foto demuestra que soy tu hija. —Azucena… —balbuceó, negando con la cabeza. —Yo jamás tuve hijos, tampoco me cas

