Al final del día, cuando guardé mi laptop y acomodé mis cosas en la cartera, me sentía satisfecha. No por el trabajo en sí, sino por cómo había manejado la situación, Mildred había quedado fuera de control y Demian, confundido. Todo iba como lo había previsto, casi todo. —Es hora Azucena— Me dije a mí misma. Tomé el ascensor hacia el parqueo subterráneo, estaba viendo mi móvil y algunas noticias recientes en las r************* . —Buenas noches —dijo una voz a mis espaldas. Me giré con calma, Demian estaba allí, apoyado en una de las columnas, con las manos en los bolsillos, impecable como siempre. —Buenas noches —le respondí con cortesía. Abrí la puerta de mi auto, pero no alcancé a sentarme. Demian se acercó rápidamente y se detuvo a mi lado. —Azucena, espera —dijo en voz baja. —

