El mensaje era breve, y muy directo, Como lo era él. Te espero mañana en mi oficina a las 4 de la tarde, trata al menos de en esto ser responsable. —Demian. Apreté mis dientes y leí el mensaje una segunda vez, sin que cambiara nada. Sus palabras ahora eran más frías que un bloque de hielo. Respiré hondo y me dije a mí misma, tratando de sonar tranquila: —Ahí estaré. La mañana siguiente, al amanecer del día, me levanté sin necesidad de despertador. Había dormido profundamente, tal vez por el agotamiento o por la sensación de seguridad que me ofrecía ese lugar. Me vestí con calma, peiné mi cabello frente al espejo del tocador y me aseguré de no dejar nada tirado. —Es hora de dejar todo esto atrás— Dije con un entusiasmo que por fuera no se veía peor dentro me hacía sentir bien. To

